“Que la sociedad tenga una enfermedad puede ser relativamente soportable, lo que no es soportable es que la sociedad sea una enfermedad en sí misma”
El día 11 de marzo de 2004 la carcoma, ya instalada en casi todas las instituciones, pero sin haber alcanzado cotas de destrucción preocupantes, eclosionó de forma brusca al socaire de los atentados de Atocha. En aquel nefasto momento se conjugó el agitpro más brutal que haya conocido la democracia en España con un pueblo acobardado y fácilmente manipulable. La carcoma política de la manipulación de la izquierda y la carcoma del miedo de un pueblo acobardado por los brutales ataques de Atocha se unieron a la ya existente carcoma que empezaba a erosionar las instituciones, todas las instituciones. Todo se conjugó para que en España entrara a gobernar un gobierno socialista que dio el pistoletazo de salida para que la carcoma política, la carcoma del miedo y la carcoma de la manipulación unieran sus fuerzas para corroer los cimientos de un país con cimientos de madera, al que guiaba en el proceloso mar de unas finanzas mundiales también carcomidas, el inefable Rodriguez Zapatero. Naturalmente las diferentes carcomas hicieron bien su trabajo haciendo ceder los débiles cimientos de una España que terminó por los suelos. Tras el gobierno de Rajoy, que no supo o no pudo o ambas cosas eliminar, al menos parte de la carcoma que devoraba a España, los españoles, de nuevo manipulados por el manual agitpro de la izquierda y tras una moción de censura basada en la falsedad, volvieron a dar alas a la carcoma votando un gobierno que, desde el minuto uno, se ha dedicado a carcomer España desde sus débiles cimientos hasta arriba. Nada se ha escapado a la voracidad de la carcoma social comunista: carcoma gubernamental, carcoma política, carcoma de la corrupción, carcoma devorando las instituciones, las empresas, la administración; carcoma corroyendo las mentes de los ciudadanos, carcoma manipulando y usando a la mujer, carcoma de la justicia, carcoma de los medios de comunicación, carcoma para entregar España a los que la quieren arrodillada a cambio de votos, carcoma juvenil, carcoma cívica, carcoma económica. Y no debemos olvidar la carcoma en la que se apoyan todas las demás carcomas, esa que permite que las otras corroan la ya carcomida madera de los cimientos de este país, esa que vive en el “dolce far niente” y a la que yo llamo carcoma ciudadana. Esta carcoma no mastica las maderas, sino las meninges de los cerebros de los ciudadanos que conforman la sociedad de España, sociedad que, inmersa en el hedonismo más hedonista de todos los hedonismos, a lo más que llega en sus reflexiones es a desear que llegue el fin de semana para petar las carreteras de este país carcomido, a sentarse en las terrazas y a maldecir el trabajo, si no a negarse a trabajar. Es esta carcoma social la que permite que este gobierno de carcoma esté destruyendo España insuflando la carcoma de la mentira por sistema en las mentes carcomidas de unos hombres y mujeres que son incapaces de ver como la carcoma oficial del “progresismo” nauseabundo se va instalando en sus circunvalaciones cerebrales anulando cualquier viso de pensamiento libre.
La carcoma siempre ha estado en todos los gobiernos y en todos los estados, pero en estos años de progreso sin parangón ha alcanzado tales registros que ha pasado de ser una enfermedad característica de las sociedades humanas a que la sociedad sea en sí misma la carcoma, es decir, una sociedad carcomida por sí misma.
MAROGA
