En el hospital general y universitario de la ciudad donde resido han abierto la unidad arriba reseñada. He de reconocer mi ignorancia sobre la situación mental de nuestros niños y jóvenes, pero si en una ciudad de menos de 100.000 habitantes, las autoridades sanitarias han visto la necesidad de disponer de esa unidad terapéutica, hemos de pensar que la situación será, al menos, preocupante.
Tengo entre mis amigos y vecinos algunos médicos que ejercen en el hospital. Al preguntarles sobre el tema, me han contestado: “La Salud mental en niños y jóvenes se encuentra en una situación…llamémosla, delicada”.
El cerebro tiene capacidad para adaptarse a los cambios, se le llama plasticidad. Esa plasticidad le permite al individuo aprender y desarrollarse. Cuanto más joven se es, más plasticidad se tiene. Siempre hemos dicho que los niños son como esponjas capaces de absorberlo todo. Es triste, muy triste, que nuestros niños y jóvenes tenga problemas mentales en los años en los que sus cerebros están en máximo desarrollo. Algo estamos haciendo mal desde hace años.
Michael Ende publicó en 1973 MOMO, una novela de narrativa infantil. MOMO es una niña huérfana de unos 8 años que ha escapado del orfanato y vive libre en un derruido anfiteatro cercano una imaginaria ciudad. Cuando los niños conocen a Momo quedan encantados y todos los días se unen a ella en el anfiteatro para organizar juegos, cuentos y relatos. Poco más tarde se les unen los padres de todos los niños. Las veladas al atardecer son maravillosas: se habla, se inventan juegos y cuentos en los que se impone la imaginación, la libertad, la improvisación. Los niños, libres de ataduras, son más felices que nunca y con ellos sus padres compartiendo el tiempo con ellos…Pero el tiempo va a ser robado por unos hombres de negro que convencen a los padres de cambiar el tiempo por dinero y los padres, cegados por la efímera riqueza, han robado el tiempo a sus hijos. Los padres carentes de tiempo para dar a sus hijos, les rodean de toda clase de artilugios mecánicos y automatizados que les impide realizar juegos creativos. Los niños, que ya no pueden asistir a las reuniones con Momo porque permanecen encerrados en centros para que sus padres ocupen la mayor parte del tiempo trabajando, caminan cabizbajos, con la alegría perdida, el semblante ceñudo, desangelados y ensimismados, como ausentes. Los maravillosos momentos vividos en el anfiteatro han desaparecido. Los ladrones del tiempo se lo han robado a sus padres y estos se lo han robado a sus hijos junto con su niñez.
Ansiedad, déficit de atención, hiperactividad, espectro autista, trastornos de la alimentación, Depresión, Esquizofrenia amenazan la salud mental de nuestros niños y jóvenes. Están definidos y conocidos por los especialistas…Yo me pregunto por lo más importante a la hora de tratar enfermedades: La causa o las causas, la Etiología. Si conocemos la causa que provoca el desequilibrio provocado por la enfermedad, hemos dado un paso de gigante en su cura. Y no olvidemos que la Etiología puede ser intrínseca, extrínseca e idiopática. Pero la medicina lleva siglos sabiendo esto, sin embargo la salud mental infantil y juvenil ha aumentado exponencialmente. Y, necesariamente, hemos de preguntarnos que ha cambiado para que suceda así. ¿Será debido a los cambios sociales acaecidos en los últimos tiempos?
En el libro de Michael Ende los niños, una vez les roban su tiempo y su niñez, pierden su brillantez, su vida se vuelve gris y la tristeza les envuelve. Si humildemente recapacitemos deberíamos hacernos una pregunta: ¿Son nuestros niños felices? ¿Felices como lo son en el libro de Michael Ende, con una felicidad derivada de su libertad, de compartir el tiempo, los sueños y las ideas entre todos incluidos como parte muy importantes sus padres? Yo creo que no, y lo creo porque nosotros los adultos, llevados de nuestro egoísmo, les hemos robado su niñes y su tiempo.
MAROGA
