“La libertad se ejerce a través de lo positivo, ofreciendo a los hombres una recompensa, un incentivo, un pago, un valor. El miedo a la libertad, el miedo en sí mismo, se ejerce a través de lo negativo, por la amenaza de castigo, daño, encarcelamiento y destrucción. La herramienta de los hombres libres son los valores, la herramienta de los tiranos es el miedo” Ayn Rand, escritora estadounidense de origen ruso.
Lo primero que se me ocurre sobre los premios Goya de nuestro cine – ¿o deberíamos llamar “su cine” – debido a que su cine y sus premios Goya funcionan como una secta, es decir, en modo endogámico para satisfacerse a sí mismos y para arañar subsidios. Lo primero que se me viene a la mente es, que celebrar la gala el mismo día y a la misma hora del derbi madrileño de fútbol, solo se le puede ocurrir a alguien como aquel que se le ocurrió asar la manteca.
La gala, al igual que todas las galas de esta academia de cine, fue plúmbea, casi insoportable, reticente, repetitiva; carente de imaginación, de glamur. Todos los que subieron a recoger sus premios echaron mano a las chuletas en papel o en móvil para decir lo mismo, demostrando una falta monumental de espontaneidad. Y algunos, para hacerse destacar de los demás, aprovecharon la tribuna para enviar mensajes de miedo: ¡viene la ultraderecha! Esos son los que, además de vivir del cuento cultureta y progre, recuerdan a los pobres palestinos que violaron y asesinaron a mujeres hombres y niños, mientras cerraban sus bocas para recordar a los damnificados de Valencia. Esos son los mercaderes del miedo.
A ellos se ha sumado Richard Gere, ese actor que nunca ha ganado un Oscar y que para restañar esa herida viene a los Goya para recibir un premio muy, muy alejado de lo que significa un Oscar, pero algo es algo, A cambio él ha dicho que su país está gobernado por un matón. Así ha contribuido al mercadeo del miedo. Trump ha ganado democráticamente y con un resultado inapelable y yo invito a Gere a que asista a los próximos Oscar que el día 23 de este mes se van a celebrar y aproveche el momento para decir que Trump es un matón, si tiene lo que hay que tener.
Los mercaderes del miedo aprovechan cualquier oportunidad para ejercer su negocio, que es bien sencillo: ganar privilegios vendiendo miedo. Los Goya eran un magnífico escenario para vendernos el miedo a la ultraderecha. En otras ocasiones nos venden el miedo al medio ambiente, a la prima de riesgo, a la maldita inflación, a la recesión, a la guerra. En estos Goyas y aprovechando la victoria legítima de Trump, mercadean con el miedo a este Leviatán pelirrojo y a lo que, según estos progres del buen vivir, representa: la ultraderecha. Fieles a la máxima que dice que para dominar a un pueblo basta con mantenerlo atemorizado, han sustituido el infierno por la ultraderecha y el demonio por Trump; antes fue Putin.
Lo más triste de todo esto es que millones de seres humanos, aherrojados por el miedo, lo creen y viven atemorizados por los mercaderes del miedo.
MAROGA
