Antonio Sánchez-Cervera: «España y la aplicación de la Doctrina Monroe: una subordinación nunca reconocida»

Antonio Sánchez-Cervera: "España y la aplicación de la Doctrina Monroe: una subordinación nunca reconocida"

Estados Unidos nunca necesitó aplicar formalmente la Doctrina Monroe sobre España. Le bastó con imponer su lógica de dominio. Desde 1898 – España pierde Cuba – hasta hoy, la política exterior española ha estado marcada por una constante: la adaptación a los intereses estratégicos de Washington, incluso cuando ello ha supuesto sacrificar soberanía, derecho internacional o coherencia histórica.

La expulsión de España de Cuba no fue un accidente ni un episodio aislado, sino el acto fundacional del nuevo orden hemisférico estadounidense. Bajo la retórica humanitaria, Estados Unidos cerró definitivamente el paso a las potencias europeas en el Caribe y sustituyó el colonialismo clásico por su propia hegemonía, es decir, <<< quítaté tú, para ponerme yo”>>. España perdió sus colonias, Estados Unidos ganó su condición de potencia imperial. La Doctrina Monroe dejó de ser una advertencia y se convirtió en un instrumento de poder.

Ese desequilibrio no se corrigió con el tiempo. Durante el franquismo, España fue tolerada y luego integrada en el bloque occidental no por afinidad política, sino por conveniencia estratégica, por razones de supervivencia. Los Pactos de Madrid de 1953 no fueron una alianza entre iguales, sino un acuerdo de subordinación: bases militares a cambio de legitimidad internacional. Desde entonces, la autonomía real de la política exterior española quedó severamente limitada, descartándose finalmente el hecho real de que nuestro país se hiciera con un arsenal nuclear desarrollando su propia bomba atómica, lo que nos hubiese dotado de los medios para una política exterior y de defensa independiente. Otro gallo hubiese cantado para nosotros.

La muerte de Carrero Blanco en 1973 simboliza uno de los momentos más reveladores de esta dependencia. Carrero representaba la continuidad del régimen y una cierta voluntad de margen estratégico frente a Estados Unidos, incluso aunque no hay pruebas de una implicación directa estadounidense en su asesinato, pero el silencio y la posterior evolución política hablan por sí solos. Su desaparición fue útil, funcional y oportuna para quienes deseaban una transición controlada, alineada con los intereses atlánticos. En política internacional, la utilidad suele pesar más que la autoría.

Hoy, el Sáhara Occidental confirma que esta lógica sigue vigente. España, potencia administradora según el derecho internacional, ha optado por respaldar la posición de Marruecos, ignorando el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui. No se trata de un error diplomático ni de un gesto aislado, sino de una decisión coherente con la presión estratégica de Estados Unidos, que ha convertido a Marruecos en pilar de su política en el norte de África, esto es, un ordeno y mando.

El resultado es una política exterior española cada vez más alejada del derecho y cada vez más cercana a la obediencia estratégica. Cuba ayer, el Sáhara hoy, cambia el escenario, pero no la relación de fuerzas. La Doctrina Monroe ya no se invoca, pero sigue operando. Y España, más de un siglo después de 1898, continúa actuando como si aún no hubiera salido de su derrota.

Por cierto, cuando Trump habla de hemisferio occidental ¿se refiere  a todos los países americanos y del África occidental y a Marruecos y a la parte occidental de Argelia, y a Islandia, Portugal, España, Reino Unido, Irlanda y  la parte noroccidental de Francia, y a  parte de la islas de la Polinesia y a…Groenlandia?

Luego eso de América es sólo para los americanos, es un camelo monumental.

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