El remedio en California para salir de la quiebra: despedir a 20.000 funcionarios. En Expaña, donde tenemos el pueblo y la élite más inteligente del mundo, hemos superado los 3 millones. ¡Qué placer sería decirles a un millón de ellos: Sayonara babies! (¿Dónde estará de caza Garzón este fin de semana?)
Me gusta Arnold Schwarzenegger más como actor que como gobernador, pues aunque se presenta como republicano es otro personaje más que aplica la corrección política. Por ejemplo, se opone al deseo de la mayoría de los californianos de rechazar el gaymonio y mantiene la legislación ecologista que tanto daño ha hecho al estado.
Sin embargo, para salir de la quiebra del estado se ha planteado una medida tan tajante como el despido de 20.000 funcionarios y suprimir sus costes salariales. En Expaña, donde tenemos el mayor coeficiente intelectual del mundo, hemos sueprado los tres millones de funcionarios. Claro, con un presidente del Gobierno que se ha limitado a calentar su escaño desde los 26 años de edad… En Estados Unidos, el funcionariado está al servicio del pueblo, que le paga el sueldo; en Expaña, por el contrario, el pueblo está al servicio del funcionariado. Los funcionarios no tienen Seguridad Social, sino mutuas; y en los tiempos de la mili, el año o los nueves meses les contaba como tiempo para los trienios y la jubilación.
¡Qué maravilla sería despedir funcionarios! Y no me refiero a los agentes judiciales o a los auxiliares administrativos o a las enfermeras, sino a los que cobran mucho y trabajan poco y para un partido: Baltasar Garzón, Bermejo, Jorge Dezcallar, los gabinetes de comunicación, los cargos de confianza, los liberados sindicales, Solbes, los profesores universitarios sin alumnos, Soraya, los pedagogos, los mossos de escuadra, Maleni, que es inspectora de hacienda, el hermano de Carod, que es embajador, el Senado entero, con senadores y funcionarios completos, todos los parlamentos autonómicos…
RECOMENDACIONES DE LECTURA
En el franquismo había menos de 500.000 funcionarios, nos recuerda Pío Moa, que es un historiador más interesante que muchos profesores universitarios:
la afición funcionarial en todas las clases sociales, y exceptuando contadas provincias, ha sido en España mucho más acentuada que el carácter emprendedor o empresarial típico del individualismo; y ahí yace una clave de nuestro prolongado atraso. Pero se trataba más de una cuestión de mentalidad que de una realidad, porque el número real de funcionarios nunca fue alto. En la administración central había en 1934 unos 215.000 funcionarios para una población de 24 millones, es decir, algo menos de uno por cada cien habitantes. La proporción subió en el franquismo, pero no mucho, pues en 1974 era de 411.000 para una población de 35 millones, es decir, algo más de uno por cada 90 habitantes. Hoy se ha llegado a la cifra asombrosa de tres millones de funcionarios, es decir, uno por cada trece o catorce españoles, niños y ancianos incluidos.
(Y es cierto: en Bilbao y Barcelona las familias decían a los hijos que trabajasen en el sector privado, que ser funcionario, salvo notario -el puesto admirado por todos, mejor que ser papa-, era para vagos y tontos… hasta que se montaron las autonomías.)
Artículo del catedrático Roberto Centeno: Con Franco la economía iba mejor, con perdón.
LA PESTE FUNCIONARIAL
hay comunidades autónomas que dedican un tercio de su presupuesto al pago de las nóminas de sus funcionarios. Algunas de estas autonomías son Canarias, Aragón y Andalucía.
