Este 20 de octubre de 2014 escribe Isabel San Sebastián en ABC una columna titulada ‘La España del pequeño Nicolás‘ que arranca diciendo:
Ni Fran Nicolás ha inventado la picaresca ni su fallida estafa resulta digna de tal consideración, dado el escenario de corrupción a gran escala en el que se enmarca. Tampoco parece que este muchacho sea plenamente responsable de sus actos y pueda controlar los delirios megalomaníacos y mitómanos que le llevaban a colarse en cualquier evento susceptible de ponerle a tiro un rostro habitual en los telediarios a fin de fotografiarse junto a él. El caso del pequeño Nicolás no llama la atención por sí mismo.
Y añade que.
Su ámbito de actuación fue el PP, pero podría haber sido el PSOE u otra formación. Todas reclutan chavales entre los cuales algunos idealistas albergan sueños de cambio real, ansias de servir a su país y sus conciudadanos trabajando por una sociedad mejor, mientras que otros más «pragmáticos» buscan servirse la política como atajo para colmar altas ambiciones sin necesidad de trabajarse demasiado el currículum. Los idealistas suelen ser marginados a las primeras de cambio, especialmente si destacan hasta el punto de hacer sombra a los de arriba.
Y concluye que:
De haber perseverado en su carrera y no haber intentado lucrarse de forma tan impaciente y descarada, el pequeño Nicolás habría podido llegar lejos en política, al margen de las siglas que abrazara. Por eso urge abrir las ventanas, airear el sistema por dentro y recuperar la sensatez a la hora de juzgar méritos. Devolverle el alma a la democracia.

