David Jiménez

«Es posible que el disgusto electoral para Rajoy sea mayor del que se predice»

"Es posible que el disgusto electoral para Rajoy sea mayor del que se predice"
David Jiménez. DJ

David Jiménez, director de El Mundo, critica en su carta dominical la poca seriedad que existe en España con los debates electorales. Subraya que es lo de siempre, que si con fulanito no debato, que sólo deseo un cara a cara con menganito o que determinados temas se pacta no sacarlos a la luz como arma arrojadiza:

Si les describiera un país donde el Gobierno maniobra para despedir a periodistas incómodos, impone tertulianos en programas de radio y televisión y presiona a los directivos de medios de comunicación para evitar las críticas, pensarían que hablo de una república bananera. Ocurre en España. El mismo país donde el reparto de las nuevas licencias de televisión se hace a pocas semanas de las elecciones generales, en un intento de condicionar la línea editorial de las cadenas. El mismo, también, donde televisiones públicas pagadas por todos se utilizan como gabinetes de prensa particulares, al servicio de gobiernos que se quejan de que no les llega para educación o sanidad, pero no tienen problema en derrochar en propaganda.

Los cuatro últimos años han supuesto un grave deterioro de la libertad de los medios de comunicación en España y no sólo en Cataluña, el caso más bochornoso. El Gobierno de Mariano Rajoy ha demostrado no comprender la relación entre prensa y poder en democracia. En sus primeros tres años de legislatura, cuando impuso las medidas económicas más duras, las que más explicaciones exigían, eligió el apagón informativo, las ruedas de prensa detrás del plasma -sin preguntas- y una presión intolerable para condicionar a los medios.

Apunta que:

Quizá por ello suena tanto a impostura este súbito acercamiento preelectoral hacia la prensa, en el que nuestros políticos bailan en televisión, conceden entrevistas de sofá, cocinan y nos cuentan más de lo que quisiéramos saber de ellos, todo en horario de máxima audiencia y mínima profundidad.

Cierta banalización, entrevistas ligeras y visitas a programas de entretenimiento son parte del juego electoral en otros países, incluido Estados Unidos. La diferencia es que allí los candidatos se someten también a las preguntas de los entrevistadores más incómodos y debaten ante la ciudadanía con transparencia. Nuestro presidente planea visitas a los hogares televisivos de Bertín Osborne -en este caso literalmente- y María Teresa Campos, encuentra tiempo para comentar el fútbol en la COPE, y cuando llega la hora de debatir en serio envía a su vicepresidenta, que viene a ser como si el líder de una banda mandara al batería a cantar en su lugar. Debates sí, ha dicho Rajoy: encorsetados, facilitos y con Pedro Sánchez como único contrincante, no vayamos a tener un susto.

Remacha que:

Puede que desde el punto de vista de la estrategia electoral tenga sentido jugar sólo los partidos que uno considera que puede ganar, pero tiene el inconveniente de que ofrece una preocupante imagen de falta de coraje político -si es el mejor candidato, ¿por qué no evidenciarlo ante toda España?- y aumenta la brecha entre la vieja política y los líderes de los nuevos partidos, Albert Rivera y Pablo Iglesias, que el viernes debatían en directo, sin preguntas amañadas ni restricciones.

Rajoy se ha reservado para Sánchez en lo que será su oportunidad de lanzar las preguntas con las que Reagan hundió la reelección de Jimmy Carter en la campaña de 1980 -¿Estáis mejor que hace cuatro años? ¿Es más fácil salir y comprar cosas en las tiendas que hace cuatro años? ¿Hay más o menos paro que hace cuatro años?-, confiado en que la respuesta de los electores sea que sí. El problema es que, al hacerlo en un formato plano y poco transparente, dejando fuera las nuevas realidades políticas que han emergido durante su presidencia, es posible que a los ciudadanos les surjan algunas preguntas adicionales. ¿Se ha dado cuenta el presidente de que el país quiere y aspira a un cambio que va más allá de las cifras macroeconómicas? ¿Quiere Rajoy hacer de España un país más moderno, donde la política se debata de forma abierta? ¿Cree en una prensa y una televisión independientes? ¿Tiene intención de satisfacer los anhelos de regeneración que han impulsado a los partidos con lo que ahora se niega a debatir? Si los espectadores responden que no, es posible que el disgusto electoral del próximo 20 de diciembre sea mayor del que predicen las encuestas.

Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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