Santiago López Castillo

La Guerra no ha terminado

La Guerra no ha terminado
Santiago López Castillo. PD

Nunca es saludable echar leña al fuego en las piras en las que ya ardió alguien, en las hogueras en las que ya ardieron ilusiones, voluntades y sueños de ingenua perfección. Esto decía Camilo José Cela cuando en 1996 el rojelío imperante homenajeaba a las Brigadas Internacionales cubriendo sus pechos de medallas de hojalata, mismamente de atrezo, y con unas cartillas del Inserso, que no del racionamiento, desfilando en actos que rozaban la bufonada y el sin pudor. Setenta y cuatro años después de acabar la guerra, los podemitas y demás hornada de ácratas que invade los ayuntamientos han puesto de manifiesto que la contienda civil no ha terminado.»Cautivo y desalmado el ejército nacional…» Pues eso.

Y todo por aquello de la memoria histórica con que nos abrumó Rodríguez Zapatero; eso sí, sólo de un bando. De modo que Calvo-Sotelo, Salvador Dalí, Ramiro de Maeztu, Pemán o Pedro Muñoz Seca, con trazo literario, han sido objeto de bando municipal y rematados de nuevo valga la redundancia. Se resucitan figuras sanguinarias como Carrillo o la Pasionaria y demás huestes en el trajinar de las checas, y ya en la Transición o antes se dedicaba una avenida a Pablo Iglesias, una estatua a Largo Caballero, el Lenin español, o un busto del fundador del PSOE en el Congreso de los Diputados. Abandonados a su suerte, tiro de gracia, quedan, pues, millares de militares y cientos de civiles ejecutados -incluidos los inocentes niños- por el mero hecho de ser católicos, Paracuellos no existe. Es más, en la decadencia del antiguo régimen comenzó a cambiarse el nombre de algunas calles, como García Morato por Santa Engracia o la avenida de José Anonio por Gran Vía.
Antes de que Carmena la emprendiera con el callejero madrileño, cuya remodelación vale una pasta, paga el contribuyente, el alcalde de la localidad serrana donde vivo, quitó la placa de Muñoz Grandes por la impersonal Calle de los Ganaderos, y allí no hay ni un ganadero que se le parezca y sí urbanizaciones a troche y moche incluida la del propio munícipe, comunista por más señas. Y retomando el comienzo de estas líneas, mi admirado Cela, que estuvo en Mallorca y en la guerra, consideraba que lo peor de la izquierda añorante es su propensión a la cursilería y su amor a la más huera solemnidad.

No es saludable, pues, echar leña al fuego cuando determinadas mentes con cargos de autoridad desconocen por completo la Historia. Ya he dado orden a la señora de la limpieza que de mi colección de soldaditos de plomo erradique figuritas como Millán Astray u otros legionarios marcando el paso alegre de la paz con el carnero. Beee…

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