Santiago López Castillo

Jóvenes y viejos

Jóvenes y viejos
Santiago López Castillo. PD

Estos pollitos pera, que son más bien cutres y malolientes, en absoluto refinados, han tirado de la línea divisoria entre buenos y malos. Lo servible y lo inservible. Lo arrinconado y lo vistoso. Antiguamente, se daba mucho el freudiano asesinato del padre para medrar el hijo. Ahora hay una refinada eutanasia consistente en arrumbar al anciano en las residencias cuando no en una gasolinera prometiéndole que ahora venimos, y el pobre hombre muerto de risa o de tristeza. Los Iglesia, Rivera o Sánchez exhiben una displicente superioridad como si nunca fueran a llegar a la senectud.

Empiezan por lo de la política que es ese veneno que se inocula en las facultades de políticas y que es el desdén por el desdén. He escuchado estos días a políticos como Corcuera, Leguina o Abel Matutes exponer sus puntos de vista sobre el panorama político actual. La sensatez, el sentido común y la sabiduría bebida en el pozo de la vida me han parecido de lo más certero. Cada uno desde el prisma de su ideología porque lo cortés no quita lo valiente. Este poso reflexivo ponía de manifiesto lo delicada que es la situación española actual. Y para este fiel comentarista, a fe que es de una gravedad extrema. Cataluña y el País Vasco, la amenaza continua de la unidad territorial, los iluminados del soberanismo, los emergentes que no han dado un palo al agua y que con su palmito o su coleta pretenden sacarnos de ésta, mandando a los padres de la patria (no es concepto discutido o discutible, no existe) hablándoles de esa cursilería que llaman la tercera edad.

Viví -y perdón por la autocita- la Transición en primera persona desde las pantallas de TVE y debo reconocer que fui un privilegiado. Los constituyentes no se componían de jóvenes y mayores sino que estaban hechos de una pasta responsable acorde con el momento. Ahora los jovencitos quieren editar una segunda transición para decir lo guapos que son. Me parece abyecta la actitud de sonreír a estas criaturas que algunos creen que nos dan de comer. La demagogia y el populismo sólo caben en cabezas hueras de solemnidad. Y hay unos cuantos que se deslizan por esta corriente aparentemente imaginativa sin ponerse a pensar que siglos antes existió el Senado y que hubo un Senado en España que elaboró la Constitución con figuras tan señeras como Marías, Cela, Sánchez Agesta, Fermín Zelada, Carlos Ollero, etc. Hoy, el Senado o Alta Cámara es nada. De ahí la reforma. Y no como cámara de representación territorial, que sería avispero de los independentismos. Ni García de Enterría, que se llevó un pastón en los años 80, daría con la clave de «esta cámara de segunda lectura».

Y concluyo con la aseveración de C.J.C., que fue senador regio: «No hay nada peor ni más ridículo que el paternalismo de los hijos».

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído