Víctor Entrialgo de Castro

El ofidio de político

El ofidio de político
Víctor Entrialgo de Castro, abogado y escritor. PD

Ahora que vuelven el sermón del mar y la montaña con esloganes y cifras con comas que tienen que caber en un telediario, lo importante de los candidatos no es su look ni su palabra, que eso las crean los demoscópicos y pueden llamar a engaño.

Lo importante de la Vuelta que va a recorrer España sin bicicleta, de esta otra serpiente multicolor no es lo que hay detrás de la corbata o de la coleta, dentro del traje chaqueta, del hombre o la mujer que dicen ser y prometen hacer.

Lo importante es la condición íntima del candidato como persona o no de bien y por tanto servidor público o su vocación intima de trilero, buscón, trincón o fulero/a.

Muchos dicen cosas que no creen, ven cosas que nadie ve, sueñan con el acta de diputado como un sostén o un salvavidas, venden a su madre, juran por sus hijos, defraudan por su país, pero si su condición es ladrón, demagogo o salvapatrias seguirán robando, embaucando serpientes y mudando su dura piel, su inquina y su veneno como parte indispensable del ofidio.

Mientras llegan y nos ocupan las elecciones con sus alevines dispuestos a ingresar y los veteranos a renovar su piel otros cuatro años, seguro que aún quedan en los partidos hombres de buena fe.

Seguro. Pero bastan un telediario para ver que el sistema crea en el Congreso buenos ayudas de cámara mientras el Senado no es más que el spa de los ex por los servicios prestados, y así no es fácil encontrar hombres con sentido de estado.

El sistema falla. Si fueran representantes libremente elegidos todavia. Pero ni eso. España no es el conjunto de grupos que vemos todos los dias agrupados con fruición animados por la pasión de mandar, pero tampoco somos mucho más que eso. Por eso hay que cambiar cosas.

Lo difícil es el cómo. Se equivocaría el pueblo soberano si pensara que es mucho mejor que sus políticos, porque no siendo auténticos representantes sí son muestra de lo que somos. Y, sobre todo, de todo lo que nos falta por hacer, inventar, y sencillamente copiar del resto, para mejorar nuestra condición como españoles y europeos.

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