El dolor no es una maldición, sino una protección que permite sobrevivir al individuo y su especie.
El dolor, tal y como existe en la naturaleza, obedece al diseño inteligente con el que el Mundo y el Universo fueron creados de la nada por Dios, o por como usted le quiera llamar.
Sin el reactivo del dolor que dispara el instinto de supervivencia, las especies que pueblan el mundo, incluida la nuestra, se habrían extinguido en la primera generación.
El dolor en el mundo no es un sistema cruel, sino inteligente.
El dolor en la Naturaleza es una defensa, no una tortura.
Tan solo el hombre, en su libre albedrío, es capaz de pervertir las reglas, jugando y divirtiéndose con el dolor ajeno, tanto de animales irracionales, como con el de sus semejantes, cuando no en el propio, pagando, en el colmo de la perversión, para que algún fulano o fulana le azote las nalgas.

