La fe reporta valores positivos tales como esperanza en la oscuridad, fuerza en la tribulación, consuelo en la aflicción, sosiego en la ansiedad, y una tabla de salvación cuando todo se hunde a tu alrededor.
Y ello lo sé, no porque me lo haya contado un cura, o lo haya leído en alguna publicación diocesana. No.
Lo sé, y esa es mi fuerza, porque lo he experimentado por mí mismo, y es tal la certeza que mi experiencia de Dios me ha dado, que si mañana los 126 obispos de la Conferencia Episcopal Española (CEE), salieran en fila, y enlazando manos con cintura, en ´La Secta´, bailando ´la conga´, como acto telonero, previo a declararse públicamente ateos, mi fe en Dios, su Hijo Jesucristo, y María, no iba a variar un ápice, porque mi fe no la tengo gracias a ellos, sino a pesar de ellos.
Esa es la fe que nace de la experiencia de Dios, y se retroalimenta en ella misma. Nada de utopía; algo tan real como la vida misma.
Que no te lo cuenten. Prueba. Es gratis y libre de IVA… [hasta que se les ocurra].

