Madurar; sentar cabeza; echar raíces, reproducirse y prosperar. Ese ha sido el sino del ser humano desde su aparición en el Mundo.
Toda gira alrededor de ´echar raíces´, porque sin ellas no puede haber crecimiento y fruto.
Sin embargo, son precisamente esas raíces que nos atan al mundo material, las que nos impiden volar.
Madurar; sentar cabeza; echar raíces y prosperar.
Toda una filosofía de vida, trasmitida de padres a hijos, que no han añadido valor añadido alguno al crecimiento espiritual del hombre.
Jesucristo no echó raíces; simplemente voló y nos enseñó a volar más allá de la muerte, hasta ese Cielo lejano al que los apegados a los placeres y riquezas de la Tierra, no sabrán llegar.

