La llegada de las primeras nieves a nuestro cabello, será el comienzo de una lucha, sórdida y desleal, que durará años.
Será la batalla entre un cuerpo desesperado, que querrá seguir cautivo de los caducos placeres terrenos, y un alma inmortal que, harta ya, deseará, cada vez más, escapar del cuerpo que le atrapa.
Será una guerra larga y cruel, pero sorda y callada, que durará años, donde el silencio, tan solo será roto, de tarde en tarde, por la incontenida risa de un alma que, divertida, contemplará como el desesperado cuerpo intentará, vanamente, maquear con tintes y cremas, la cruda realidad de una historia donde el cuerpo, sí o sí, mal acaba.
Y con el correr de los años, mientras la finita carne se vaya encogiendo sobre los huesos, el alma, constante como la eternidad infinita, irá soltándose de las cadenas, hasta la llegada del momento en que el cuerpo, vencido y agotado, se rendirá dejando al alma libremente volar hacia el destino que, desde el principio de los tiempos, paciente le aguarda.

