Imaginemos una persona que trabaje por cuenta ajena, y que tenga unos ingresos de 17.000 € anuales, de los cuales el Estado le meterá directamente la mano en la cartera, llevándose aproximadamente unos 4.000 €, por la aplicación del 24,75% del IRPF, quedándole al trabajador 13.000 € netos.
Ahora, con esos 13.000 €, esa misma persona decide adquirir un vehículo nuevo y pagarlo al contado. Encuentra y compra un cochecito que cuesta (no vale) 13.000 € exactos, IVA incluido. El IVA supone 2.730 €.
Si ahora sumamos a los 4.000 € que se llevó el Estado vía IRPF, los 2.730 € que se vuelve a llevar vía IVA, veremos que el Estado se ha llevado de los 17.000 € iniciales, 6.730 €, que representa cerca del 40% de los ingresos totales anuales de esa persona (no hemos contado el impuesto de matriculación que también se lleva el Estado).
Pero la historia no termina ahí. Si esa misma persona quiere poder disfrutar del vehículo adquirido, tendrá – además – que pagar obligatoriamente una serie de partidas anuales, en donde papá Estado le volverá meter directamente la cuchara en el plato.
- – Gasolina. El Estado se llevará el 21% en concepto de IVA.
- – Revisiones, cambios de aceite, filtros etc. El Estado se llevará el 21% en concepto de IVA.
- – Cambio de neumáticos. El Estado se llevará el 21% en concepto de IVA.
- – Seguro obligatorio. El Estado se llevará el 21% en concepto de IVA.
- – Impuesto de circulación. Si no lo paga, le llegará puntualmente una nota de embargo de sus bienes.
- – 21% de IVA, correspondiente al uso de Autopistas de peaje.
- – Multas por radares móviles, escondidos estratégicamente para presuntamente recaudar más.
Ahora imaginemos que harto de pagar impuestos por un vehículo que con el paso de los años es una ruina mantenerlo, usted decide dar de baja el permiso de Circulación y el seguro obligatorio, con el fin de dejarlo, por motivos sentimentales, y porque ingenuamente piensa que el coche es suyo, en medio del corral de la casa familiar de los abuelos en el pueblo. Pues va y resulta que no puede. Papá Estado no se lo permite. Le dice que si quiere dar de baja el vehículo, y dejar de pagar el impuesto de circulación, más el seguro obligatorio, lo tiene que llevar a un desguace y despedirse de él. O eso, o seguir pagando impuestos, aunque lo tenga sin ruedas ni motor, dentro de una cochera de su propiedad. Y claro, es en ese momento cuando uno se da cuenta que el ´cochecito´ nunca fue realmente suyo, y que la propiedad privada en España es una entelequia del Régimen de 78; una broma de mal gusto.
Extrapole usted el ejemplo del coche, a la compra de una vivienda, y verá que hay diferencias, pero a peor. Así, una persona por ser el titular propietario de su vivienda, que tantos años esfuerzos le ha costado de conseguir, tendrá que pagar anualmente (aparte de la Hipoteca al banco con su respectivo IVA) el IBI (Impuesto sobre Bienes Inmuebles), más el Impuesto por imputación de rentas inmobiliarias, que se aplica por el hecho de disfrutar personalmente de su propia vivienda. Con el añadido de que – el día de mañana – sus herederos tendrán que volver a pagar al Estado si quieren disfrutar de la propiedad que a usted tanto le costó.
Si vemos – además – que de la factura de algo tan necesario como es la electricidad en los hogares, el precio ha subido desde 2008 un 63%, y que el coste real de la energía eléctrica que consumimos solo representa un 44% del total de la factura, uno comienza a preguntarse dónde están los límites de la paciencia ciudadana. Porque todo esto podría parecer (tapándose antes la nariz) digerible, si como ciudadanos disfrutáramos de unos servicios públicos de calidad y gratuitos.
La última correría ha consistido en crear un impuesto por la utilización del Sol para la fabricación doméstica de energía para el autoconsumo particular. Un impuesto kafkiano que raya lo obsceno.
La verdad es que a un servidor eso de ´indignado´ siempre le ha sonado un tanto cursi. ¿Indignado? ¡No! ¡Más bien hasta los cojones!
Por defender mi Patria me jugaría la vida; por defender al Estado, la vida se la va a jugar su puta madre.
NOTA: Como no hay situación mala que no sea perfectamente empeorable, quiero aclarar que el texto que antecede, lo publiqué en 2016. Hoy, le he preguntado a la IA, si ha cambiado algo desde entonces. La respuesta ha sido: ´DESDE 2016, LA CARGA TRIBUTARIA EN ESPAÑA HA EXPERIMENTADO UN CRECIMIENTO NOTABLE, IMPULSADO TANTO POR REFORMAS LEGISLATIVAS COMO POR EL EFECTO DE LA INFLACIÓN EN LOS IMPUESTOS´.
Una respuesta, la de la IA, muy contenida; algo normal, teniendo en cuenta quién alimenta y dicta su ´relato´.
Si, amén de lo dicho, solo la electricidad en España, desde 2020, ha sufrido incrementos superiores al 175%, haga usted números, y císquese sobre los difuntos de quien quiera. Con eso se va a quedar.
En cuanto a la vivienda, no queda exenta de tributos, impuestos y pernadas, aunque esté ´okupada´ gratis total, y usted esté obligado a pagar agua, luz y gas, a sus ´okupantes´. De momento, que todo llegará, no está obligado llenarles la nevera. Por cierto, otro día les contaré el regalo que Papá Sanchinflas, obsequió a los okupas, el día de Nochebuena.
Menos mal que nuestros impuestos son para Sanidad, como, por ejemplo, para la compra de mascarillas.
O para Educación, como, por ejemplo, para la creación de ´nuevas cátedras¨ universitarias.

