Miquel Giménez tituló este 30 de enero de 2026 su columna El huevo, el Senado y el ministro con una contundente afirmación.
Publicada en Vozpópuli, la idea central que plantea critica abiertamente el desprecio mostrado por el ministro de Transportes hacia el Senado, después de su comparecencia del pasado jueves 29, interpretándolo como un “me importa un huevo” que pone de manifiesto la falta de respeto del Gobierno de Pedro Sánchez hacia las instituciones.
Giménez arranca su análisis con ironía, haciendo alusión al lenguaje juvenil y a la vulgaridad en política: “Para expresar que algo te importa un pito, los jóvenes dicen ‘Me suda mucho’ o, simplemente, ‘Suda’”. Pone énfasis en la contundencia de Óscar Puente, quien se despachó a gusto al afirmar que “Lo que me digan me da igual”, optando por una grosería en lugar de recurrir a expresiones más tradicionales como “me importaba un adarve” o “se la traía al pairo”.
“Pero el ‘tarmangani’ de transportes es vulgar, incluso más que sus compañeros, lo cual no es poco decir teniendo en cuenta a María Jesús Montero y su prodigiosa lengua”.
El columnista interpreta esta actitud como una muestra de desprecio generalizado: actúa como un “señorito”, indiferente a la falta de presupuestos y mayorías. Además, Giménez va más allá al señalar que Puente, Sánchez y su “harka” comparten la idea de que “todo lo que no sean sus soberanos culos les importa un huevo”. Se refiere también a situaciones como el escándalo de Adamuz, donde el ministro se jacta de hacer bien su trabajo pese a las críticas provenientes del PP, principal partido en términos de votos e instituciones.

La indignación no se limita a un solo bloque. A la voz del PP se suman Esquerra, Vox, Junts y UPN, quienes exigen la reprobación de Puente, aunque reconociendo que el Senado carece de poder real: “el Senado es como ese cuadro feo con un payaso llorando que te regalan cuando te casas y no sabes dónde colgarlo”. Especialmente incisivo es el reproche de Junts, que critica su política por responder a “la cultura del hacer y no cuidar”.
“Sabido es que las deserciones aumentan cuando la derrota se vislumbra inminente y ninguna veleta mejor que el separatismo catalán para intuir hacia dónde soplará el viento”.
Giménez sugiere que aliados como Junts empiezan a distanciarse ante la inminente caída del “figurín monclovita”, citando murmullos separatistas: con este “xicot del Chánches acabarem malament”. Concluye con una reflexión sobre la naturaleza cíclica de la política: hoy te importa un ‘oeuf’ lo que digan los demás, mañana les importará otro a ellos. Un panorama donde los vientos cambian rápidamente y las lealtades se desvanecen.
En este tiempo político incierto, las velas independentistas ya apuntan en otra dirección.
