Israel de la Rosa: «Echar de menos»

Israel de la Rosa: "Echar de menos"

La rosquilla suculenta, esa rosquilla coqueta que se contonea hermosamente frente a nosotros, bañada en azúcar, azúcar que es gloria, azúcar que es un beso en los labios, una caricia en el corazón. La rosquilla girando sobre sí misma en bailes de presumida fantasía. Ay, qué revuelo en los antojos, ay, qué perversa el ansia que nos aboca a hincarle un mordisco. Pero ¿es ahora cuando deseamos con toda la fuerza del alma echarnos en brazos de esa rosquilla? Desde luego, es ahora, y el anhelo es insostenible, insoportable la tentación: ahora, cuando la rosquilla no se tiene, cuando ya no está, cuando se perdió en algún rincón de las gulas pasadas.

El ser humano se empeña en amar con delirio lo que ya no posee, lo que perdió. El ser humano de hoy, no aquel de las oscuras cavernas cubierto de greñas que pataleaba entre las zarzas. El de hoy, el del cafetito y la ensaimada vegana, el de las costumbres cómodas, el de la cervecita a la hora concreta, en el bar concreto, rodeado de la gente concreta. El de las mismas gracietas: «Ponte otra, Marcelino, que esta tenía un agujero». El ser humano contemporáneo, ese que todo lo sabe porque lo ha aprendido en tres vídeos de YouTube, se empecina ferozmente en echar de menos lo que con tanto ahínco se empeñó en extraviar, lo que tanto entusiasmo puso en arrojar deliberadamente por la borda. Ya lo dijo hábilmente Serrat en una canción: qué puñetas, cuánto me acuerdo hoy de la Josefa. Palabras más, palabras menos. Hay como una filosofía oculta imposible de confesar, como un mecanismo automático que nos empina el cuerpo, que nos agita las antenas. Malogramos aquello que tan feliz nos hace hoy con el propósito siniestro de echarlo mañana de menos, como si quisiéramos tasar realmente, a toro pasado, cuánta importancia tenía en nuestras vidas.

Ese amigo del alma, tesoro de persona, compañero incondicional en batallas y contratiempos, echado a perder por un pronto, por un arrebato ridículo de soberbia, por un desacuerdo en cuatro duros, por envidias malas y nefastos malhumores. Ay, qué tierna y cruel melancolía nos desgarra el pecho hoy. Cuando ya no se tiene, cómo se multiplican el precio y la valía. Aquella novia de los primeros años de sensatez, cuando parecía que uno iba navegando en las aguas del entendimiento, si hoy todavía se la tuviera cerca, al ladito, si hoy pudiera uno pasearse de la mano con ella al atardecer, cuando el sol empieza a bostezar allá en las lomas del monte… Cuántos versos le dedicaría. Los mismos que no supo o no quiso dedicarle entonces. Cuántos mimos le haría. Los mismos que no supo o no quiso o no le dio la gana hacerle entonces. Cuánto se la echa hoy de menos.

El ser humano moderno, el racional, el tecnológico, el que lo tiene todo y cree estar satisfecho de sí mismo y del mundo que lo rodea. El ser humano que desprecia y echa a rodar alegremente, inconscientemente, aquello que mañana añorará entre suspiros y lágrimas.

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Autor

Israel de la Rosa

Israel de la Rosa nació en Elda, Alicante. Es novelista y dramaturgo. Colabora habitualmente en prensa publicando artículos de opinión. Fue guionista de televisión en 1999. Ha escrito veintiocho guiones de largometraje hasta la fecha. Es también autor de más de doscientos relatos breves, que pueden hallarse en su web personal.

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