La inmensa mayoría de los ciudadanos, y con razón, clama contra la ocupación y descarada manipulación de RTVE por Pedro Sánchez Pérez-Castejón y sus acólitos, pero no dice nada, o no se la escucha, que proteste contra el resto de radios y televisiones públicas de España, todas en manos del gobierno del territorio en el que emiten.
Y el paroxismo llega con las del País Vasco y Cataluña, “propiedad” de independentistas, que difunden cada día el odio a España y el propósito de separarse y constituirse en Estado propio. ¿Qué otro país, democrático o no, toleraría este dislate en sus medios públicos de comunicación? Hasta el Rey Juan Carlos I, en su oportuno, “melancólico, delicado y profundo” (Luis María Anson) libro “Juan Carlos I. Reconciliación”, señala en la página 230, cuarta parte, capitulo 2, ¿Qué error! ¡Qué inmenso error!, que: “…Persistían (mediado 1976), por supuesto, anacronismos como los presos políticos, el control estatal de la radio y la televisión y el dominio del Movimiento Nacional sobre la vida asociativa,…” El 7 de abril de 1977 se disolvió el Movimiento Nacional y el 15 de octubre de 1977 se aprobó la Ley de Amnistía, pero sigue el indecoroso control de RTVE y de las radios y televisiones públicas creadas al calor de las Autonomías, incluidas las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla. Solo carecen de ellas, por acertada decisión de los responsables políticos, Cantabria (de soltera Santander, que decía Camilo José Cela), Rioja y Navarra. Castilla y León dio la concesión a un grupo privado al que otorga una subvención anual.
Como digo siempre a quien me pregunta y he escrito en ocasiones, España es el país del mundo con más radios y televisiones públicas, pero ninguna es de los ciudadanos sino de los Gobiernos del territorio en el que emiten, sean Comunidades Autónomas o Ayuntamientos. Y las acaparan (unos más que otros, es justo reconocerlo) para colocar a los de su cuerda, atacar a sus contrincantes, ensalzar su gestión y adoctrinar en sus ideas. Un desatino que supera lo que fue para el franquismo la Prensa del Movimiento.
Cuando siendo secretario general de A3TV se me ocurrió crear UTECA (Unión de Televisiones Comerciales en Abierto) y aceptaron y dieron forma a la idea el presidente de Telecinco, Alejandro Echevarría Busquet y el de Antena 3 TV, José María Mas Millet, los objetivos de esa patronal –con escritos jurídicos de impecable factura elaborados por la Oficina Técnica, al frente de Santiago Muñoz Machado- fueron dos principales: modificar la Ley de Televisión Privada (“hija del miedo”, como se la llamaba) y que las públicas se financiaran exclusivamente a través de un canon, como ocurría en el resto de Europa, dejando la publicidad para los medios privados de comunicación. Y varias aspiraciones no prioritarias en aquél 1998, entre ellas que los medios públicos no fueran gobernados por el ejecutivo de turno, sino por un organismo en el que tuviesen amplia mayoría las asociaciones de la prensa, las patronales de radio, televisión y prensa, los colegios profesionales, las reales academias y las asociaciones de consumidores. Y presidido sin derecho a voto, al modo de la BBC británica, por la Corona.
De los dos propósitos principales se cumplió el primero: la modificación de la Ley de TV Privada, consiguiendo que fuese acorde a la de los demás países de la UE y que, entre otras cosas, un accionista pudiera ser único o mayoritario. Y la parte más mollar del segundo: que TVE se financiase exclusivamente con la aportación del Estado y la venta de programas, como siempre lo hizo Radio Nacional de España. Fracasamos en que se sufragaran de igual manera las autonómicas y municipales porque no quiso ningún gobierno de ese nivel, negándose a que “sus” televisiones y radios dependiesen de un consejo de administración en el que ellos no tuvieran mayoría absoluta y mando en plaza.
Desde que gobierna Sánchez la democracia cojea por muchos y cruciales puntos que tienen que ver con la separación de poderes y la ocupación partidista de los órganos de control y de las empresas públicas, pero desde la Transición España adolece también de medios públicos de comunicación imparciales e independientes que pertenezcan a la pluralidad de los ciudadanos y no a una parte. De aquellos polvos, estos lodos. ¿Hasta cuándo?
JORGE DEL CORRAL Y DIEZ DEL CORRAL

