Determinados colectivos como marineros, soldados, legionarios, gente de los puertos, bajos fondos y prostitutas han sentido siempre una gran atracción por los tatuajes.

Los tatuajes a lo largo de la historia.

Los tatuajes a lo largo de la historia.

Los hombres se pintan rayas o bandas oscuras en brazos y piernas, pinchándose de la manera que os diré: juntan cinco agujas y con ellas se pinchan el brazo o la pierna hasta que sale sangre; entonces frotan las pinchaduras con una sustancia negra que deja marcas indelebles. Y estas bandas negras son consideradas entre ellos como distinción ornamental y honorable. […] Hombres y mujeres se dibujan figuras de bestias y pájaros en todo el cuerpo por medio de agujas, y hay entre ellos expertos cuya única ocupación es hacer estos adornos en las manos, las piernas y el pecho. Para ello punzan la piel con una aguja muy afilada y una vez que han frotado sobre estas pinchaduras es imposible borrar las marcas por ningún medio, ni con agua ni con cualquier otra cosa, y se estima más hermoso el hombre o la mujer que pueda exhibir estas figuras en mayor profusión”. Parece que estamos describiendo a los tatuados y a los tatuadores de hoy, pero no. El texto citado es de un relato de Marco Polo, manuscrito por Rustichello de Pisa, y hace referencia a los mongoles y a otros pueblos con los que el mercader se encontró en el transcurso de sus viajes.

Los pueblos primitivos de todas las latitudes han sentido una especial atracción por el tatuaje. En el siglo XIII, la ciudad egipcia de Zaytoun era famosa por el número de tatuadores, y hombres y mujeres acudían incluso desde la India para adornar sus cuerpos.

En la era tecnológica, el tatuaje ha irrumpido con fuerza. Cada vez es más frecuente ver hombres y mujeres con los brazos completamente tatuados, o incluso macro tatuajes que no dejan ver un centímetro de piel sin decorar. Sin caer en estas exageraciones, la sociedad lo ha admitido como algo normal y esto lo vemos estos días en cualquiera de nuestras playas y piscinas. No solo jóvenes sino personas maduritas se han dejado seducir por la moda y lucen uno de estos motivos permanentes. El caso es estar tatuado, aunque sea poco. Es como entrar en el club de la modernidad. Los famosetes han ido creando tendencia, a lo cual también han contribuido los políticos. En su día, se habló mucho de los tatús de Cristina Cifuentes, cinco en total en diferentes zonas, que lucía con cierta gracia. También muestran sus toques de distinción Elena Valenciano, Borja Semper, Sergio Pascual, el checo Vladimir Franz, que todo él es un tatuaje, o el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau. Se dice que Churchill llevaba tatuada un ancla en el brazo y que Roosevelt portaba impreso en su piel el escudo de la familia.

La palabra tatuaje tiene su origen en el vocablo polinesio, “ta”, dibujar. En Tahiti, “tataus” significa “conforme a las reglas del arte”. Fue James Kook quien a su paso por las islas de los Mares del Sur oyó la palabra y la adaptó fonéticamente al nombre inglés tatoo o tatú. “Tata” en polinesio significa también cortar o herir. De ahí surgieron las palabras tatuaje en español, tatouage en francés, tatuaggio en italiano, tatuering en sueco y tätoviring en alemán. Aunque la palabra tatuaje se ha generalizado, en castellano tenemos un vocablo más preciso para designar esta técnica: taracear. Taracear significa incrustar (del árabe tarsi=incrustación y taraceo).

Tres siglos antes de que Kook hablara de tatuajes, ya en siglo XVI Bernal Díaz del Castillo, acompañante de Hernán Cortés en su viaje a México, había descrito en sus crónicas los dibujos que los indios hacían en sus cuerpos, que le recordaban a la labor de incrustación que se hacía en Toledo, y los llama taraceas.

Fray Diego de Landa, al hablar de los indios del Yucatán dice: “Lábranse los cuerpos y cuanto más, más valientes y bravos se tenían, porque el labrarse era gran tormento. Y era de esta manera: los oficiales de ello labraban la parte que querían con tinta, y después sajábanle delicadamente las pinturas y así, con la sangre y tinta, quedaban en el cuerpo las señales; y que se labraban poco a poco por el grande tormento que era”.

El tatuaje ha tenido a lo largo de la historia diferentes finalidades: embellecimiento, identificación del grupo, inspirar terror al enemigo, motivación guerrera o como ostentación de valor. Muchos tatuajes tienen un componente mágico. Según Gustavo F. Scarpa, en el norte de África, se tatúan escorpiones en los tobillos de los niños para evitar que sean mordidos por estos animales.

Desde tiempos remotos, los pueblos vencedores solían tatuar a los cautivos igual que se marcaba a las reses. Y siguiendo en el ámbito bélico, los soldados romanos llevaban tatuado en el brazo derecho el nombre del emperador y la fecha de ingreso en filas. Los datos histórico-antropológicos referentes al tatuaje son innumerables. “El Código de las 7 Partidas” señala que al ser armado caballero, debería hacerse a fuego una marca en el brazo derecho.

Existe asimismo el llamado tatuaje afrentoso o estigmatizante, y un ejemplo de él lo tenemos en Herodoto. Nos cuenta el historiador que una vez vencido Leontiades, Jerjes ordenó marcarlo con las “armas y sello real”, como vil esclavo. Más próximo ya a nuestros días, en la Europa medieval, se tatuaba a los esclavos negros que eran capturados en África por barcos negreros para ser vendidos en las colonias de América. En España y en Francia era costumbre tatuar a los presidiarios. Determinados colectivos como marineros, soldados, legionarios, gente de los puertos, bajos fondos y prostitutas han sentido siempre una gran atracción por los tatuajes.

El denominado “tatuaje del delincuente habitual” fue a lo largo de las últimas décadas, y lo es hoy en muchos casos, uno de los más comunes. Este responde a motivos de rebeldía, inadaptación a las leyes, ostentación de obscenidad, erotismo o fidelidad a un recuerdo sentimental.

El tatuaje no es inocuo. A lo largo de la historia fue transmisor de enfermedades como hepatitis, tuberculosis, sífilis y lepra, amén de causar septicemia y reacciones alérgicas. Es frecuente encontrar pigmento en los ganglios linfáticos de los tatuados, generalmente, en las cadenas ganglionares más cercanas al tatuaje. Por otro lado, cuando se testa con kinesiología, con frecuencia nos encontramos con la respuesta del cuerpo ante una cicatriz tóxica que está creando un desequilibrio en el cuerpo energético. Lo mismo ocurre con los piercings.

En la actualidad, a pesar de ser una práctica generalizada, grupos jóvenes rebeldes imitan los gustos y las modas de gentes marginales. El gusto por el tatuaje, el piercing, indumentarias propias de tribus urbanas como góticos, emos, heavies, otakus, y mil más, han calado de tal manera en los jóvenes que apenas se puede distinguir entre imitadores e imitados. La parafernalia de toda esta subcultura urbanita los ha uniformado a todos.

 

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Por Magdalena del Amo
Periodista y escritora, pertenece al Foro de Comunicadores Católicos.
Directora y presentadora de La Bitácora, de Popular TV
Directora de Ourense siglo XXI

TATUAJE (tango-compla), por Conchita Piquer
Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

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