No me canso de admirar su desparpajo. Dice El Trasgo en La Gaceta.
El lector habitual de esta sección, si existe personaje tan mitológico, sabrá que de pasear por la izquierda he pasado, sin encomendarme a Dios ni al Diablo, a pasear sin más por los medios y por nuestra esperpéntica actualidad política, ahorrando pocos palos al desconcertante servilismo soviético de los medios del régimen.
Aun así, la izquierda… Ah, no hay nada que se parezca a estos santos de palo que predican sin que se les pase por las mientes dar trigo, estos justos y benéficos por declaración jurada. A veces su caradura es tan obvia que, juzgándola imposible, la atribuyo a una ingenuidad preternatural y siento reparo en hacerles ver la contradicción entre lo que defienden y lo que hacen.
LOS NUEVOS ASTILLEROS
Un suponer: Fernando León de Aranoa, cineasta autor de ‘Los lunes al sol‘. Este León rugió hace 10 años desde la izquierda y la preocupación social -ya saben, cine español hasta la náusea- con una película sobre el drama del paro. Ayer escribía sobre lo mismo en el Bluffington Post («Los lunes al sol, hoy«) y la propia Montse Domínguez lo recuerda en su columna de titular tan previsible como todo lo suyo (‘Diez años después‘).
La peli en cuestión, nos recuerda Domínguez, «reflejaba la dolorosa situación de cinco amigos, extrabajadores de astilleros, en tránsito por un mundo que les había dado la espalda al perder su empleo». Como todavía se hacen barcos en algún lugar, es fácil que no se vea tan claramente lo inevitable de este tránsito como si rodáramos una película similar sobre el paro de los conductores de diligencias, quizá porque en ese caso hasta el más tonto se daría cuenta de que si por mantener empleos lo dejamos todo como está aún estaríamos haciendo fuego con dos piedras, y no es plan.
Pero existe un sector que empieza a parecerse cada día más al de los astilleros, y es el nuestro, el de Domínguez y mío. Ahí están el recién anunciado ERE de ‘El País‘ y el enésimo de Unedisa, o el reciente cierre de ‘Público‘. Me comentaba hace algún tiempo Nacho Escolar que el periodismo tiene más paro que la construcción. Y a todas estas aparece, importado de Estados Unidos y comprado con buenos euros por Prisa, este invento en el que escribe nuestro santón progresista, una publicación que vive de unos colaboradores a los que no paga, con un efecto que ya imaginarán en las posibilidades de empleo remunerado de los periodistas.
Al éxito de esta moderna plantación informativa han colaborado hasta la fecha personajes de impecable pedigrí izquierdista, desde el ‘activista’ cuya incoherencia glosé ayer a nuestro inefable Alberto Garzón, el niño bonito de Izquierda Noséqué. Ninguno parece notar disonancia alguna entre su opinión y su elección de medio. Después de todo, estamos en la era de la bondad declarativa: uno es santo, sabio y sensible si se declara partidario de las políticas aprobadas por los mandarines de la cosa. Ama y haz lo que quieras, como bien sabe nuestro buen amigo Roures para su fortuna y sus ex empleados para su desgracia. Pero ni siquiera yo estaba preparado para esto: un narcisismo biempensante tan inconsciente, tan elevado, que uno puede predicar la castidad como cliente de un burdel.
La izquierda no era hace cien años ni un punto menos estúpida que ahora. Pero, no sé, daba más miedo que vergüenza ajena. Hoy desprende un tufo de parodia, de pose de la que nadie espera realmente extraer algo tan aburrido y pequeñoburgués como ‘argumentos’. La cosa empezó con un puñado de intelectuales burgueses azuzando a las masas obreras y ha acabado con una panda de politicastros sacando rédito electoral de víctimas de la Logse de los de «no sin mi iPad» y antisistema que tuitean furiosamente contra las multinacionales desde su iPhone4, una masa que ha sustituido el marxismo primigenio por un popurrí donde caben feminismo radical, política de género, ecologismo, altermundismo e incluso espiritualidades alternativas.
Llámenlo, si quieren, la ‘reductio ad Jill Love del Movimiento Indignado’. Lo leo también en el juguete de la Domínguez: «Jill Love: la hippy desnuda, del 25-S a la portada de Interviú«. Toda una carrera, bastante sintomática. Oigámosla: «Unos manifestantes o infiltrados tiraron botellines a la policía y cargaron contra nosotros, era una situación de mucha violencia y tuve un instinto de hacer algo para apaciguar los ánimos. Me quité el abrigo, la camiseta y el sostén, que me lo até a mi cintura. Me acerqué al cordón policial y me arrodillé ante ellos. Cerré los ojos rezando a Isis -siempre llevo un colgante de esta diosa egipcia- y me concentré levantando mis manos. Cuando abrí los ojos, estaba rodeada de cámaras. Vi a un policía que llamaba a otro. No supe si era para detenerme o porque se quedó perplejo. Antes de averiguar sus motivos, desaparecí entre la gente, me vestí y seguí manifestándome». ¡Isis nos asista, qué manera de ‘integrar’ tiene la chica!
