Las jugadas de Zapatero para encajar con fórceps un Estatut sólo lograron dividir a la sociedad catalana y contribuyeron a alejarla emocionalmente del resto de España
La pieza es de Antonio Martín Beaumont, autor de una sólida biografía de María Dolores de Cospedal, ex presidente de NNGG del PP y cuyo conocimiento de los entresijos del Partido Popular no tiene parangón.
Tirando de sus buenas fuentes en la sede popular de la madrileña calle Génova, comienza su columna con una frase que lo resume todo:
«Los mayores quebraderos de cabeza te vendrán de Cataluña y no del País Vasco. No lo dudes».
Es algo -según el director de Elsemanal-, que confesó José Luis Rodríguez Zapatero a Mariano Rajoy al filo de la Nochebuena de 2012, en el momento del traspaso de poderes.
El reconocimiento del expresidente aventuraba el serio contratiempo «territorial» que afrontaría su sucesor en La Moncloa, quien para mayores males recibió un país al borde del precipicio económico.
La eficacia misma del sistema democrático para proporcionar bienestar a los ciudadanos estaba ya en cuestión y un brote de fatalismo histórico se había apoderado de los hogares españoles.
El mayor de los desafíos de Rajoy para 2013 pasa por colocar a España en la senda de la salida de la crisis pero es que, además, se le viene encima una fuerte inestabilidad.
El reto secesionista catalán promete ofrecer importantes tensiones entre la Generalitat y el Estado español, porque la decisión de Artur Mas de convocar su consulta es firme. De los barros zapateriles vienen estos lodos.
Las jugadas de Zapatero para encajar con fórceps un Estatut sólo lograron dividir a la sociedad catalana y contribuyeron a alejarla emocionalmente del resto de España.
Mas se ha limitado a atarse la soga al cuello y ha diseñado de la mano de ERC un gabinete para llegar a la ruptura.
En esta encrucijada, lo normal sería que el PSOE cerrase filas con el Gobierno. Esa resulta ser una baza que un Alfredo Pérez Rubalcaba en el alambre intentará negar a Rajoy con un proyecto sin definir pero que dice ostentosamente buscar la cimentación de un «Estado federal, pluralista, social y cooperativo».
En otras palabras: la entrega de las llaves del fortín constitucional.
Los costes de la aventura han convertido al PSC en una marca repleta de agraviados dándole guerra a Pere Navarro -empiezan a darse movimientos para moverle la silla- y dispuestos a amargarle la existencia cuanto puedan a Rubalcaba.
NOTA.- Artículo publicado en ‘La Gaceta’ el 4 de enero de 2013
