La opinjión de un lector español

¿Por qué España es grande?

¿Por qué España es grande?
España, bandera, patriotismo. PD

España es cultura. España es un país de incalculable riqueza cultural donde conviven paisajes, espacios naturales, rutas y tradiciones etnológicas.

El Real Alcázar de Sevilla, la Basílica de la Sagrada Familia, el conjunto arqueológico de Mérida, la Universidad de Alcalá de Henares, la Ciudad de San Cristóbal de la Laguna y un interminable etcétera conforman nuestra querida patria que no debiera descomponerse nunca. Sería un gravísimo error histórico, la profanación histórica de una parte importantísima de Europa.

España junto a Italia está en la élite del Patrimonio Mundial de la Humanidad. Detrás quedan países como China, Francia, México, Alemania, India, Reino Unido, Rusia y Australia con una consistente cultura histórica y patrimonial.
La tradición forma parte de nuestra cultura y los pueblos que traicionan su cultura pierden su natural forma de ser.

El verdadero problema de España es el ignorante sentir de muchos de sus habitantes que careciendo de bagaje cultural alguno pretenden imponer un país que deslegitimiza su naturaleza, ayudados, mayormente, por unos personajes que mecieron sus culos en la Puerta del Sol de Madrid.

Éstos últimos son como bárbaros que vienen con una doctrina comunista obsoleta y perdida en el umbral de la pobreza, un comunismo que no ha dejado nunca de ser como el fascismo del pobre. Predican en la ambigüedad y creen que España es como un gran rancho sin parcelar.

Con un desconocimiento absoluto de la ecología de nuestras tierras, pretenden abolir el mundo de la tauromaquia, lo que conllevaría que una buena parte de nuestras dehesas desaparecieran, amén de que se diezmaría la gran población de los toros de lidia, disminuyendo su variabilidad genética con lo que la preservación viable de la especie quedaría a merced de la extinción. Eso sí, se alzan las voces mundiales preguntando por qué se ha matado al veterano león Cecil.

Ahora bien, estas y otras razones importan muy poco. Lo esencial para estos personajes que nacen en el ocaso de las ideologías, lo que realmente les importa es acabar con lo español , que ellos intentan hasta materialmente destrozar.
Podemos y sus aláteres, esos advenedizos que pretenden regenerar lo que ya está generado, esto es, la democracia en su estado más puro, han trazado una hoja de ruta netamente soviética, con una palabrería tranquilamente masticada, asombrosamente teatral y afectada, que intentan revisar los relatos de nuestro patriotismo aludiendo siempre a una ciudadanía que ni representan y que jamás ha sido consultada. No les interesan los cargos pero los buscan por doquier.

Su única meta es alcanzar el poder político para, dicen ellos, superar los consensos rotos del régimen del 78 y crear nuevos consensos. Salen a por todas calzando las mismas botas que arruinaron a millones de ciudadanos europeos en épocas anteriores.

No tienen estilo sino una ramplona forma de mentir y confundir a unos habitantes que conforman una España riquísima de sensaciones, historia y esencias difíciles de repetir. Olvidan que las cosas bonitas y, España lo es en mucho, siempre quedan.
Pablo Iglesias, por ejemplo, no es hombre de la calle, quizá le guste jugar al parchís, pero como buen comunista suele dar la callada por respuesta hasta no alcanzar el poder.

Es ambiguo, predicador demagógico en demasía, machaconamente torticero y ni por asomo percibe la grandeza de España. Se cree que España son las redes sociales, aunque astutamente no le falta razón en el sentido de aprovecharse de una comunicación que transmite sin decir absolutamente nada, consecuencia de la víscera cardíaca de muchos de nuestros compatriotas sumidos en la frivolidad que esas redes precisamente conllevan.

Leemos, que esa charlatana de ferias tertulianas, Pilar Rahola, envía a su hija, como un fardo relleno de chocolates Lindt, a estudiar a Suiza a un colegio carísimo donde ni conocen por asomo lo que es el catalán. Se autoproclama independentista catalana y es como una mariposa sin salir de su capullo.

Es una insustancial politiquilla que se gana el dinero para Suiza minorando a la España grande que le ha dado su ser. Nunca volará porque carece del don más preciado de la persona: la gratitud a la España en la que ha nacido. Nunca podrá ni siquiera soñar con Guillermo Tell.

Ada Colau, se desdice imperiosamente. Ya, en la alcaldía de esa gran ciudad que engrandece a España, como Tsipras, donde dice digo ahora dice diego o Diego. Resulta que va a permitir el hotel de lujo de la torre Agbar. ¿Por qué?

La señora Carmona, vetusta en las lides de la edad, compone y recompone una orquesta que hace tiempo dejó de tocar. También se desdice y ya parece que no implementará ni la tasa turística ni para cajeros. ¿Se le habrán adelantado los bancos cobrando dos euros cada vez que un ciudadano vaya a sacar dinero?

Pedro Sánchez, sin gobernar aun, no cesa de meter la pata. Apena se documenta y por eso cree que Machado nació en Soria. El líder del PSOE también ha patinado con el desafío independentista de la Generalitat de Cataluña. Cuando fue ratificado como secretario general, se propuso desterrar del vocabulario socialista palabras como crisis, desigualdad, violencia de género, independentismo, etc.

Es decir, equiparaba el independentismo con la violencia de género. Independientemente de que es una memez expresarse así, éste político en ciernes debiera recordar la inoperancia de su antecesor y, al menos, prepararse mucho mejor por si un día se aúpa al sillón presidencial bajo la batuta del ciudadano Iglesias y todo su corifeo de la escuela populista.

Finalmente, Rajoy vuelve a las andadas y sus asesores más cercanos conseguirán al fin que salga por pies de la Moncloa. Continúa con su tesis de la disyuntiva: o YO o el caos. Se equivoca a todas luces y debiera de una vez por todas olvidarse de plantear a la ciudadanía semejante majadería.

Ya se sabe que los españoles somos difíciles y en gran parte semejantes a los niños: basta que te prohíban algo o te insistan en no dejarte una ventana abierta para hacer lo contrario. No me amedrantes Mariano, dirá alguno…y elegirá el caos.

Rajoy tendría prudentemente que exponer en positivo sus aciertos, que han sido muchos, hablar de los logros conseguidos y también, por qué no, de los fallos y errores asumidos, y nada más. En definitiva, dejar que los otros también se expresen y no convertirse en el tótem de la exclusividad.

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