Por todo lo alto

Brígida Gallego

Inauguración de la exposición «Louis Vuitton – Marc Jacobs» en el Museo de Artes Decorativas de París

Del 9 de marzo al 16 de septiembre de 2012, El Museo de Artes Decorativas de París acoge la exposición «Louis Vuitton – Marc Jacobs»

Una de las exposiciones más relevantes de la temporada: «Louis Vuitton – Marc Jacobs» muestra la historia de dos hombres, dos personalidades, Louis Vuitton y Marc Jacobs, creador y director artístico de la Maison respectivamente, y sus magníficas aportaciones al mundo de la moda.

Dos hombres que en dos momentos completamente diversos de la historia – la era de la industrialización de finales del siglo XIX y la globalización del siglo XXI -, han conseguido, con un lenguaje común, que combina tradición con innovación, artesanía con creatividad, escribir un capítulo en la historia de la moda.

Articulada en dos plantas, cada una dedicada a un personaje, la exposición consagra las obras más representativas de ambos creadores bajo la escenografía de Samantha Gainsbury y Joseph Bennett, y comisariada por Pamela Golbin.

Gwyneth Paltrow, Sarah Jessica Parker, Catherine Deneuve, Kristen Stewart, Robert Pattinson, Louise Bourgoin, Elisa Sednaoui, Charlotte Gainsbourg, Natalia Vodianova, Dianna Agron, Takashi Murakami, Poppy Delevingne, Caroline Sieber, Virginie Courtin, Antonine Peduzzi et Luisa Orsini, Bianca et Coco Brandolini, Fan Bin, entre otras no quisieron faltar a la esperada inauguración de la exposición.

Acerca de Louis Vuitton
Uno de los viajes más significativos del lujo moderno se empezó a pie en 1835. A los 14 años, Louis Vuitton dejó su pueblo nativo de Anchay en las remotas montañas de Jura, cerca de la frontera suiza, para caminar 250 millas hasta su nueva vida en París. Provenía de una familia de molineros y carpinteros y, durante el transcurso de ese viaje, tras desarrollar varios oficios para poder pagárselo, pareció dominar el arte de trabajar con la madera, demostrando habilidad especial para el haya y el álamo, y logrando una notable y valiosa experiencia.

En 1837, Louis Vuitton llegó a París y se presentó a Monsieur Maréchal, un reconocido layetier-emballeur, término usado en aquellos días para designar a quienes se dedicaban a fabricar baúles y empaquetar equipajes. Con la llegada de la era del viaje – la primera línea de ferrocarril francesa se inauguró en 1837, mientras que en 1838 un barco de vapor cruzó por primera vez el Atlántico – los layetier-emballeur de la ciudad estaban muy demandados. Se especializaron en armar y empaquetar los queridos y extravagantes vestidos del Segundo Imperio en maletas de álamo, que medían y construían a mano. Louis Vuitton era ya el primer asistente de su patrón cuando, en 1853, recibió el más preciado honor: convertirse en el favorito de la Emperatriz Eugenia.

Allá donde iba la realeza seguía la burguesía, por lo tanto en 1854 – el año de su boda – Louis Vuitton tomó la decisión de establecer su propio negocio. Con su esposa, abrió su taller en “4, rue Neuve des Capucines”, a un tiro de piedra de la Place Vendôme y de la futura Opera House.

Quizá el hecho más importante en ese año de grandes decisiones llegó cuando Louis Vuitton eligió cubrir uno de sus baúles con una capa de lona, un material que era tanto duradero como impermeable completamente. Cuatro años más tarde, en 1858, presentó un nuevo producto. Diseñado para ser fácilmente transportable, este baúl tenía una tapa lisa y una estructura de madera de álamo, sobre la cual se había cosido a mano una lona gris “Trianon” de calidad superior, tratada de forma que fuese perfectamente resistente al agua. El exterior estaba reforzado con esquinas metálicas, asas, anaqueles y listones de madera de haya remachados. El interior contenía gran cantidad de bandejas y compartimentos, permitiendo que no solo los accesorios sino cualquier otro complemento esencial del elegante vestir de la época fuesen transportados con sumo cuidado y conveniencia. Había nacido el baúl Vuitton, y con él el viaje moderno. El nuevo baúl tuvo un éxito inmediato, tanto que la fábrica de la empresa en París pronto se quedó pequeña. En 1859, por tanto, Louis Vuitton trasladó su fábrica a las afueras de la ciudad, en Asnières.

Ya por entonces el éxito se tradujo en docenas de copias del baúl de Vuitton. Hacia 1872, en un esfuerzo por parar a sus imitadores, Louis Vuitton introdujo una lona a rayas rojas y beige como alternativa a la lona gris “Trianon”. En 1888, su hijo Georges, quien había asumido la dirección de la empresa de manos de su padre en 1880, presentó un nuevo diseño más complejo: una lona con un distintivo en marrón y beige y una inscripción a intervalos regulares que decía “L. Vuitton, marque déposée”. Más de un siglo después, inspiraría la creación de la línea actual “Damero”.

Al tiempo que la gente elegante se dedicaba a viajar, también lo hizo Louis Vuitton. En 1885 la firma abrió una tienda en la londinense Oxford Street, mientras que en 1898, Georges Vuitton, convencido del potencial comercial del nuevo mundo, cruzó el Atlántico hasta NuevaYork y firmó un acuerdo de distribución con John Wanamaker, propietario de una gran cadena de tiendas, para vender sus baúles primero en Nueva York y Filadelfia y más tarde en Boston, Chicago, Washington y Los Angeles. En las décadas siguientes, las estrellas de Hollywood – Douglas Fairbanks, Mary Pickford, Marlene Dietrich, Ginger Rogers, Cary Grant, Lauren Bacall –, las familias americanas más poderosas – los Rockefellers y los Vanderbilts –,así como toda la realeza europea, transportaban sus equipajes en baúles Louis Vuitton.

En 1912, mientras el corazón de la vida parisina se movía hacia el Este, Georges Vuitton ordenó la construcción de un edificio estilo Art Nouveau en los Campos Elíseos, que fue inaugurado en 1914 como la tienda emblema de la firma. Hoy día sin embargo, por ironías de la geografía parisina, el edificio – en cuya fachada aún hoy puede leerse la inscripción Louis Vuitton, malletier à Paris, maison fondée en 1854 – está exactamente enfrente de la tienda que actualmente es emblema de la firma en esta misma avenida, la más famosa del mundo de la moda.

Todas las tiendas Louis Vuitton del mundo – actualmente sobre 470 y en crecimiento – están controladas por la compañía. Por otra parte, en 1987, Louis Vuitton se fusionó con Moët Hennessy para formar LVMH, el grupo de bienes de lujo más grande del mundo. Al mismo tiempo, la oferta de producto se había ampliado: La línea “Epi”, en cuero granulado de brillantes colores, debutó en 1985 seguida por la línea para caballero “Taïga” en 1993 y la nueva edición de la histórica lona “Damero” en 1996.

Este mismo año fue el centenario del Monogram, que Louis Vuitton celebró contratando a siete de los diseñadores de moda más actuales para crear bolsos de edición limitada con el famoso motivo de fondo. Entre los más memorables se encuentra la fusión de piel de leopardo con la lona Monogram de Azzedine Alaïa o la bolsa porta-todo de Vivienne Westwood con forma de faux-cul.

La primera incursión en la moda surgió en 1998, con el lanzamiento de la marca Louis Vuitton como etiqueta de moda. Se estableció un departamento completo de diseño de ropa, zapatos, accesorios y joyería y se contrató al diseñador americano Marc Jacobs como Director Artístico. Al principio, la colaboración entre la marca francesa de lujo y el joven diseñador de Nueva York bautizado como el “gurú del grunge” pudo parecer sorprendente. Sin embargo, dice mucho a favor de ambos el hecho de que, pocos años después, esa unión se vea como algo completamente natural. Para Louis Vuitton, Marc Jacobs ha dibujado su visión personal de la historia y la cultura de la moda y ha creado un estilo propio, un lujo intemporal y rico en detalles que refleja la tradición de la compañía en el mundo artesanal, al tiempo que potencia su imagen con nueva energía y excitación. Típicos de la influencia de Marc Jacobs son sus juguetonas reinterpretaciones de la lona Monogram, en ediciones que son esperadas con verdadera impaciencia, como en el caso del “Monogram Graffiti”, resultado del diálogo con el artista americano del underground Stephen Sprouse, del “Eye Love Monogram”, “Monogram Multicolore” o más recientemente del “Monogram Cerezas”, con el artista japonés Takashi Murakami.

Fue en este espíritu de modernidad que Louis Vuitton celebró, en 2004, su 150 Aniversario. Alrededor del mundo, desdeNueva York hasta Hong Kong, desde Tokio hasta Shanghai, grandes maquetas inspiradas en los tradicionales baúles de Vuitton se levantaron en un espectacular tributo al fundador de la compañía, mientras que la apertura de grandes tiendas en India, Rusia, China y Sudáfrica subrayaba el éxito de la marca. En octubre de 2005, la reapertura tras su renovación de la emblemática tienda de Campos Elíseos representa la culminación perfecta para los primeros 150 años de una compañía cuyos ojos están decididamente puestos en el futuro.

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