Por todo lo alto

Brígida Gallego

Daniel Espinosa rinde homenaje a Pedro Linares en una instalación única que fusiona arte, tradición y vanguardia en el corazón de Salamanca

Altar de Muertos 2025 en Tótem Madrid: Un Viaje Sensorial con los Alebrijes como Guías

Del 23 de octubre al 2 de noviembre, el lobby del hotel se transforma en un puente entre México y España, explorando el colorido y místico mundo de estas criaturas de cartonería

Totem muertos

Hay un rincón en el Barrio de Salamanca donde, cada otoño, la frontera entre dos mundos se vuelve más delgada, más hermosa y más colorida. Es en el lobby de Tótem Madrid, un hotel que ha convertido la celebración de su Altar de Muertos en una cita ineludible para quien quiera vivir una experiencia cultural profunda y sensorial. Este 2025, la cita es aún más especial. Del 23 de octubre al 2 de noviembre, el espacio se vestirá con una temática nunca antes vista en España: el mundo onírico y fascinante de los Alebrijes.

No se trata simplemente de una decoración. Es una narrativa visual, un cuento contado a través del arte, la artesanía y el diseño. Y quien está detrás de esta magia es, un año más, el reconocido diseñador y joyero mexicano Daniel Espinosa. Con casi tres décadas de experiencia y una marca que representa la sofisticación con raíces artesanales, Espinosa es el narrador perfecto para esta historia. Su misión: honrar la tradición desde una mirada contemporánea, creando un diálogo que une a Madrid con México.

Totem muertos

Pero, ¿qué son exactamente los alebrijes y por qué son tan significativos para esta edición?

Para entenderlo, hay que viajar en el tiempo hasta la Ciudad de México de la década de 1930. Allí, un artista cartonero llamado Pedro Linares cayó gravemente enfermo. Durante su fiebre, tuvo una pesadilla vívida y extraordinaria. En su sueño, vagaba por un bosque en el que se topaba con criaturas fantásticas, quiméricas, que gritaban una sola palabra: «¡Alebrijes!». Eran seres híbridos, una combinación de varios animales —un grillo con alas de dragón, un burro con cola de iguana, un león con cabeza de águila—, todos cubiertos por rayas y colores vibrantes.

Al despertar, Linares, aún impresionado por la fuerza de su visión, decidió darles forma física. Usando las técnicas que dominaba —la cartonería y el papel mache—, comenzó a moldear esas figuras que habitaban el limbo entre el sueño y la realidad. No lo sabía entonces, pero estaba dando vida a uno de los iconos más reconocibles del arte popular mexicano.

Totem Hotel Muertos

La historia de los alebrijes no termina con su creación. Su poder imaginativo era tan fuerte que capturó la atención de dos de los artistas más importantes del siglo XX: Frida Kahlo y Diego Rivera. Ambos, fascinados por el simbolismo de estas criaturas que parecían habitan el mundo de los muertos con un espíritu alegre y decidido, se convirtieron en coleccionistas apasionados. Para ellos, los alebrijes representaban esa fusión perfecta entre lo terrenal y lo divino, lo onírico y lo tangible. Hoy, aquellos alebrijes que atesoraron en sus casas de Coyoacán se conservan como tesoros nacionales, expuestos para todos en la Casa Azul de Frida Kahlo y en el Museo Anahuacalli de Diego Rivera. Son un testimonio eterno de cómo el arte popular puede conquistar los espacios de la alta cultura.

Es precisamente este espíritu, esta energía creativa que une el sueño de Pedro Linares con el genio de Kahlo y Rivera, el que Daniel Espinosa ha querido capturar para el altar de Tótem Madrid.

“Este altar es, en realidad, un puente”, explica Espinosa“Un puente entre generaciones, entre culturas, entre dos países que comparten el idioma del arte, la fe y la pasión por celebrar la vida”.

En este altar, los alebrijes no son solo figuras decorativas. Son guías. En la tradición mexicana, se cree que estas criaturas coloridas habitan el mundo de los muertos, protegiendo y guiando a las almas. Su misión es acompañar a los seres queridos que nos han dejado en su viaje, iluminando su camino con sus colores vibrantes y su espíritu juguetón. Por eso, incorporarlos al Altar de Muertos tiene un significado tan profundo. Representan la alegría de la celebración, la idea de que recordar a quienes se han ido no tiene por qué ser un acto triste, sino una fiesta llena de color, luz y vida.

Totem Muertos

Al caminar por el lobby de Tótem Madrid durante estos días, el visitante se sumergirá en este universo. Verá cómo Espinosa ha reinterpretado el estilo original de Linares, respetando la esencia artesanal pero dotándola de su sello contemporáneo. Cada alebrije, cada flor de cempasúchil, cada calavera de azúcar, está colocado con una intención. Juntos, crean una narrativa visual que habla de conexión: entre el cielo y la tierra, entre lo visible y lo invisible, entre Madrid y México.

 

La elección de Tótem Madrid como sede de esta celebración no es casual. Este hotel boutique se ha consolidado como uno de los place to be de la capital, no solo por su ubicación privilegiada en Salamanca, sino por su filosofía. En su interior, lo antiguo y lo nuevo conviven en armonía. Recupera elementos originales del siglo XIX, como su imponente escalera o las molduras de sus estancias, pero les da una vida nueva al vestirlas de colores modernos. Es, en esencia, la misma fusión que propone el altar: honrar las raíces con un lenguaje actual.

Detrás de Tótem Madrid está Marugal, una gestora hotelera fundada por Pablo Carrington que ha demostrado un talento excepcional para crear hoteles con alma. Lugares como Cap Rocat en Mallorca, Akelarre en San Sebastián o el reciente Vermelho de Christian Louboutin en Portugal, son ejemplos de su éxito. Su filosofía se basa en un fuerte sentido del lugar, un servicio exquisitamente personalizado y un compromiso con la cultura y la sostenibilidad. Este altar encaja a la perfección en ese ecosistema, donde cada experiencia para el huésped y el visitante local se cuida al detalle.

Totem Lobby

Visitar este Altar de Muertos es, en definitiva, mucho más que un plan cultural. Es una oportunidad para hacer una pausa, para reflexionar sobre el ciclo de la vida y para conectar con una tradición milenaria que nos llega a través del arte. Es un recordatorio de que, como bien dice Daniel Espinosa“la muerte, cuando se pinta con amor, se vuelve eterna”.

Totem Hotel

Es una invitación a perderte entre alebrijes, a dejarte guiar por sus formas imposibles y sus colores que cantan. A honrar a los que se fueron, a celebrar a los que están y a maravillarte con la capacidad del arte para unir continentes. Una experiencia efímera, sí, pero cuyo recuerdo, como el de los sueños de Pedro Linares, perdura mucho después de que los ojos se hayan abierto. No te lo pierdas.

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Brígida Gallego

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