Día das Letras Galegas

Valentín Paz Andrade: el hombre que inventó el galleguismo pragmático

Valentín Paz Andrade: el hombre que inventó el galleguismo pragmático
Valentín Paz Andrade. Xunta de Galicia

Para dejarle libre al personal el Día das Letras Galegas y que cada uno manejase a su manera, con sus claros u oscuros objetos del deseo, el nombre, la obra y la biografía de Valentín Paz Andrade.

Cancha libre al rancio galleguismo que lo ha resucitado en los periódicos, que ha bajado del desván su memoria incorrupta para pasearla por Galicia, como en la España inquisidora de mi infancia paseaban el brazo incorrupto de Santa Teresa.

Rienda suelta al nacionalismo centrípeto, endogámico y excluyente que practica el secuestro y encierra en su zulo a cualquier gallego universal capaz de hacer el viaje de ida y vuelta de Galicia para el mundo y del mundo para Galicia. Derecho de pernada para los nostálgicos que quieren inmortalizarlo, como una figura de cera, en la mesa camilla de Ramón Piñeiro, donde se han mezclado luces y sombras, grandezas y miserias, de un galleguismo clandestino y clandestinizado que ha dado muchas de cal y bastantes de arena.

Ayer fue el día de Don Valentín para los legítimos conservadores de la cultura herméticamente cerrada que se limita al ensayo y la poesía. El día de la Marmota reiterativa de una faceta política de Paz Andrade padre, genio y figura, para una legión de exégetas que sólo han reflejado la imagen de un hombre que se miraba exclusivamente a su ombligo gallego.

De toda la recopilación del polifacético Valentín Paz Andrade que empapó éste 17 de mayo de 2012, como un diluvio, la geografía gallega de papel periódico, las ondas de radio y las pantallas de televisión, se pueden aprovechar muchas piezas para componer el complejo puzle del personaje: su precoz inquietud política, su tesón poético en aquellos malos tiempos para la lírica, su galleguismo con denominación de origen, sus oasis para redactar ensayos, sus reflexiones almacenadas en las hemerotecas, su polivalencia aglutinadora de intelectuales con ópticas distintas y, a veces distantes de Galicia. Y su astucia para ejercer la abogacía con sus clientes privados. Y la grandeza para clamar por la justicia con Galicia, el vértice de un armónico triángulo amoroso que toleró, cultivó y regó Pilar Rodríguez de Prada, ¡compañera del alma, compañera!

Mi «día de Don Valentín»

El día después, 18 de mayo de 2012, me pide el cuerpo celebrar mi particular «día de Don Valentín». Recordar su mirada incisiva y penetrante ante el joven periodista que, de cuando en cuando, le pedía una cita para hacerle una entrevista o intentar arrancarle una opinión sobre «cómo ser galleguista y no morir en el intento».

De todas sus palabras, entre todos sus argumentos, en su océano de paciencia para explicarme quiénes éramos, de dónde veníamos y hacia dónde deberíamos ir los gallegos, lo más elocuente era siempre el ancho mundo, el inabarcable equipaje de vivencias que se reflejaban silenciosamente en su iris. Aquella confesión nerudiana de que había vivido.

El pragmatismo del contraste con otros mundos, con otras culturas, que lo dejaba desnudo de ñoñerías de «prácidos luares» y lo convertían en un ejecutivo implacable, buscando, por los más remotos rincones del planeta, elixires contra «El atraso económico de Galicia»

Mi Don Valentín es el empresario gallego, el gallego empresario, que diseñó una manera de esparcir pedazos de Galicia por todos los mares del mundo.

El paisano que construyó en su cabeza los planos de los primeros buques congeladores, se los cedió amablemente a los astilleros y convirtió a Pescanova en la genuina «Armada Invencible» para la paz, que resarció a la historia de España de aquella otra calamitosa «Armada Invencible» para la guerra. El cerebro, junto a otros cerebros, que hizo el primer gran milagro de los panes y los peces para Vigo.

Se le echa de menos en sur de Galicia, en la ciudad con la flota pesquera más importante del mundo, que sin embargo hace aguas en otros sectores económicos. Se echan de menos Valentines Paz Andrade, porque las nuevas generaciones de emprendedores han olvidado la lección que les dejaron en herencia sus antecesores: que el mundo siempre está dispuesto a apostar por aquellos que estén dispuestos a apostar por el mundo.

Ahora, Don Valentín, siento mucho comunicárselo, los empresarios de su ciudad es posible que tengan sueños, delirios emprendedores, pero no dan ni un solo paso sin el requisito previo, imprescindible, de una subvención pública.

 

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Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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