La televisión publica como instrumento de la manipulación infantil en Cataluña

Artur Mas: «Dejad que los niños se acerquen a mi y a TV3… ¡para manipularlos!

Artur Mas: "Dejad que los niños se acerquen a mi y a TV3... ¡para manipularlos!
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La obsesión identitaria del nacionalismo es asfixiante, ya no solo se conforman en la uniformización cultural a través de las escuelas -imponiendo un solo idioma vehicular, tratando al español como una lengua extrajera e inculcando una versión ideológica de la historia-, también pretenden politizar el ocio de los niños.

La televisión pública catalana organiza cada año la Festa dels Súpers dirigida al público infantil que reúne a miles de personas (unos 300.000 asistentes), fiesta en la que la Plataforma Pro selecciones catalanas en colaboración con la ANC hará proselitismo independentista a través del deporte y su reclamación de unas selecciones deportivas catalanas (en el anuncio de la Plataforma se despide con un «Una Nación, una selección»).

Este es un ejemplo paradigmático -la sociedad catalana se va deslizando paulatinamente hacia una mentalidad paradigmática cada vez más alejada de postulados racionalistas- del premeditado plan del nacionalismo, eso que denominan la «construcción nacional», no se trata (solo) de crear argumentos con los que convencer a la ciudadanía de las bondades de la independencia, se trata de inculcar en las mentes de grandes y pequeños una cosmovisión unívoca de las realidad.

Esto pasa por cerrar un círculo de manipulación del que es muy difícil escapar, tenemos una televisión pública como instrumento y eje sobre el que rota toda la maquinaria de propaganda -más los medios subvencionados convertidos en gabinete de prensa de la Generalitat-, un sistema educativo pensado para la conformación más que para la formación, y unos deportes que siempre parecen estar obligados a tener que reivindicar su cuota de patrioterismo.

En una fiesta familiar como la descrita más arriba, organizada por TV3, dejan espacio para la reivindicación política, se utiliza para inculcar a nuestros púberes los sempiternos agravios nacionalistas, mezclan deporte y política, y todo ello sin tener la más mínima sensibilidad hacia todos aquellos asistentes que se sentirán incómodos por la utilización de recursos públicos para la promoción de una ideología política.

El problema radica precisamente en esto, en la utilización malsana de lo público para promocionar lo privado, la manipulación torticera de eventos infantiles para interferir políticamente en una socialización que debería estar en manos de los progenitores, parece que el poder político nacionalista quiera -necesite- interferir en todas las esferas de la sociedad, incluida esas socializaciones primarias y secundarias tan importantes para el desarrollo de unos ciudadanos con capacidad crítica y una sociedad diversa.

 

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