El debate está servido. Como casi siempre, Netflix se ha encargado de ponerlo en bandeja.
Han elegido el peor momento posible. O el mejor, según se mire, si lo que buscaba era ruido.
Netflix difundió durante la Semana Santa una imagen de su nueva serie: el Papa León XIV besando a un sacerdote. Millones de personas conmemoraban la resurrección de Cristo cuando la foto explotó en redes sociales con la violencia de un barril de pólvora. La polémica no tardó ni horas en cruzar fronteras.
La escena, extraída de una ficción, choca de frente con la simbología religiosa y con el momento en que fue publicada. Las organizaciones cristianas no lo han dejado pasar.
Abogados Cristianos estudia acciones legales contra la plataforma.
«Ataque al cristianismo», lo llama HazteOír que lanzó una campaña de recogida de firmas que en menos de 24 horas reunió 50.000 rúbricas, un récord para este tipo de controversias relacionadas con producciones audiovisuales. Ambas organizaciones coinciden en el diagnóstico: lo ocurrido no es libertad creativa. Es un ataque deliberado a la fe cristiana, ejecutado en el momento más sensible del calendario religioso.
La plataforma, por ahora, no ha respondido públicamente con ninguna disculpa.
Una costumbre que se repite
Lo llamativo es que Netflix ya ha recorrido este camino antes, y siempre con el mismo resultado: escándalo, boicot y daño reputacional. El historial es elocuente.
En 2019, la producción brasileña La primera tentación de Cristo presentaba a Jesús con novio homosexual. Brasil impuso multas a la plataforma, hubo protestas masivas y las oficinas de la compañía sufrieron daños. En 2020, Cuties mostró a niñas bailando en posturas sugestivas, lo que generó acusaciones de pedofilia y un boicot que obligó a retirar el póster promocional. Ese mismo año, Messiah —la historia de un falso mesías— irritó por igual a cristianos y musulmanes. Y en 2021, La primera tentación de Cristo volvió a provocar nuevas protestas en Latinoamérica, esta vez acompañadas de amenazas de veto gubernamental.
El patrón es siempre el mismo: provocación calculada, viralidad garantizada, crisis reputacional incluida. La pregunta que cada vez más analistas se hacen en voz alta es si Netflix no sabe lo que hace o si sabe exactamente lo que hace.
El detalle que agrava todo
El Papa León XIV no es un personaje nuevo. Ya había generado controversia en entregas anteriores de la misma serie, lo que significa que la plataforma conocía de sobra el potencial inflamable del personaje y, aun así, eligió publicar la imagen durante la Pascua.
Hay un dato que añade ironía al asunto: el beso entre clérigos existe como gesto litúrgico reconocido dentro de la propia tradición católica. Pero nunca había sido representado de esta forma en una producción de consumo masivo contemporáneo, con toda la carga visual y el contexto que Netflix le ha dado.
El precio de la provocación
Netflix ha construido parte de su marca en la transgresión. Y la transgresión genera clics, titulares y suscriptores curiosos. Pero también genera multas, boicots y procesos judiciales que cuestan dinero y desgastan imagen.
La plataforma lidera, con notable ventaja, cualquier ranking de polémicas religiosas en el mundo del streaming. Por encima de HBO, por encima de Amazon, por encima de cualquier competidor. No es necesariamente un mérito del que presumir.
Esta vez, el momento elegido lo complica todo un poco más. Publicar una imagen así durante la Semana Santa no es un descuido de comunicación. Es una decisión. Y las decisiones tienen consecuencias.
La situación sigue evolucionando. Las organizaciones cristianas suman adhesiones. Los abogados estudian los folios. Y Netflix guarda silencio, que es otra forma de decir que espera a ver hasta dónde llega la ola.
Libertad creativa, dicen. Provocación gratuita, responden otros. Entre medias, millones de creyentes que celebraban la Pascua y se encontraron con esto en su pantalla.

