Balneario Abadía de los Templarios. 1

Por Carlos de Bustamante

(Mural de la Abadía de los Templarios)

De locos. Sí; mas no me refiero a quienes en busca de paz, sosiego y silencio hemos utilizado un complejo con nombre que evoca épocas lejanas y un tanto misteriosas. Me refiero a la arriesgada inversión multimillonaria de una envergadura tal, que bien pudiera considerarse empresa de locos. Locos con el impresionante sentido de la inversión que para mí quisiera locura semejante.

Antes de entrar en materia, permitan mis amigos y probables únicos lectores que de forma sucinta les recuerde qué y quienes fueron los templarios:

“La Orden de los Pobres Compañeros de Cristo y del Templo de Salomón (en latín: Pauperes Commilitones Christi Templique Salomonici), también llamada la Orden del Temple, cuyos miembros son conocidos como caballeros templarios, fue una de las más poderosas órdenes militares cristianas de la Edad Media. Se mantuvo activa durante algo menos de dos siglos. Fue fundada en 1118 o 1119 por nueve caballeros franceses liderados por Hugo de Payns, tras la primera cruzada. Su propósito original era proteger las vidas de los cristianos que peregrinaban a Jerusalén tras su conquista. La orden fue reconocida por el patriarca latino de Jerusalén Garmond de Picquigny, que le impuso como regla la de los canónigos agustinos del Santo Sepulcro.

Aprobada oficialmente por la Iglesia católica en 1129, durante el Concilio de Troyes (celebrado en la catedral de la misma ciudad), la Orden del Temple creció rápidamente en tamaño y poder. Los caballeros templarios tenían como distintivo un manto blanco con una cruz paté roja dibujada en él. El 24 de abril de 1147, el papa Eugenio III les concedió el derecho a llevar permanentemente la cruz; cruz sencilla, pero ancorada o paté, que simbolizaba el martirio de Cristo; de color rojo, porque el rojo era el símbolo de la sangre vertida por Cristo, pero también de la vida. La cruz estaba colocada en su manto sobre el hombro izquierdo, encima del corazón.» Militarmente, sus miembros se encontraban entre las unidades mejor entrenadas que participaron en las cruzadas. Los miembros no combatientes de la orden gestionaron una compleja estructura económica dentro del mundo cristiano. Crearon, incluso, nuevas técnicas financieras que constituyen una forma primitiva del moderno banco. La orden, además, edificó una serie de fortificaciones por todo el mar Mediterráneo y Tierra Santa”.

MÁS SOBRE LOS TEMPLARIOS.

Los templarios eran expertos guerreros. Tenían códigos secretos y se daban las órdenes en silencio, con movimientos, para no alertar al enemigo”. Para escribir el libro Enclaves templarios (Edaf), la historiadora María Lara Martínez (Guadalajara, 1981) ha recorrido España durante más de cuatro años buceando en archivos y recogiendo leyendas. Historia y misterio. Mitad monjes, mitad guerreros, los caballeros de la Orden del Temple, fundada en Francia en 1118 o 1119, debían proteger a los peregrinos de camino a Jerusalén. Tenían esa misión, pero además “fueron pioneros como banqueros y en la búsqueda del conocimiento”, explica la autora, quien elige siete enclaves españoles para acercarse a su legado.

Siete enclaves templarios (Según Javier Belloso):

  1. Castillo templario de Ponferrada (León).

El castillo de Ponferrada recrea la relación tan estrecha que tenían los templarios con la naturaleza y lo esotérico. La tradición asegura que tenía 12 torres que estaban relacionadas con las constelaciones del Zodiaco. Hoy se puede visitar (fue reabierto en 1998 tras su rehabilitación y la realización de excavaciones arqueológicas). Enorme, su eje mayor mide 165 metros y la anchura es de casi 100 metros. Su origen se sitúa en los siglos XII y XIII, cuando los templarios fortificaron el área, aunque tras la disolución de la orden, en 1312, el recinto fue evolucionando. Construido con pizarra, granito y cantos rodados, conserva numerosos restos de las diferentes fases históricas.

  1. La Vera Cruz (Segovia)

Está asociada a los templarios y a otros caballeros del Santo Sepulcro. La iglesia de la Vera Cruz, fechada en 1208, tiene planta de 12 lados con un anillo circular en el interior, algo que caracteriza a la orden, ya que cuando llegan de Jerusalén quieren reproducir el modelo de la basílica del Santo Sepulcro y de la Cúpula de la Roca.

  1. Monsacro (Asturias). Este enclave ha sido elegido desde tiempos remotos por diferentes culturas debido a su situación estratégica. Contiene vestigios de monumentos megalíticos que pudieron despertar la curiosidad de los templarios. El Monte Sagrado, así se traduce, es un punto de encuentro de peregrinos. Pertenece al Concejo de Morcín y nos sirve para explicar la importancia de la Orden del Temple en el Camino de Santiago para asegurar las rutas y proteger a los viajeros.
  2. Santa María de Eunate (Navarra)

Se encuentra a pocos kilómetros de Muruzábal, en pleno Camino de Santiago. Es una iglesia románica del siglo XII. Eunate significa 100 puertas en euskera y cuenta con una arcada que rodea el templo, claustro externo a modo de deambulatorio de impresionante belleza. Tuvo un cementerio de peregrinos con la concha y el hábito como emblema. Cuenta la leyenda que el rey Salomón entregó los restos de la reina de Saba para que fueran enterrados en el Camino de Santiago, y que en esta iglesia estaría grabada, cifrada, la ubicación de la tumba.

  1. Guadalajara

Entre los cursos del Alto Tajo y la frontera con Aragón, los templarios hallaron en Guadalajara tierras feraces donde instalarse. A las huellas que dejaron por Albalate de Zorita, Zorita de los Canes, Peñalver y Torija se suman en la región atencina la ermita de Santa Coloma de Albendiego, con la cruz octopuntada en las tracerías del ábside, y la iglesia de San Bartolomé de Campisábalos, adornada por un friso agrícola en el que los neumas del románico rural esparcen salmodias por la arquitectura negra.

En la capital arriacense, las Relaciones Topográficas de Felipe II y los cronistas del siglo XVII datan los orígenes del convento de San Francisco a comienzos del XIII, cuando por empeño de la reina doña Berenguela, señora de Guadalajara y madre de Fernando III el Santo, se construyó un monasterio para el Temple. Al disolverse la orden, las infantas Isabel y Beatriz, hijas de Sancho IV y también señoras de Guadalajara, donaron el lugar a los frailes.

  1. Castillo de Monzón (Huesca)

La plaza de Monzón fue conquistada por los cristianos a finales del siglo XI. Su propiedad llegó a los templarios en el año 1143. En la portada puede observarse un crismón y varios motivos florales, mientras que su interior es bastante sencillo, aunque con un examen más atento se encuentran las esculturas de dos rostros animales, un lobo y una cabra. Existía en el templo un camino subterráneo que llegaba hasta la fuente de Santa Quiteria. Otras dependencias que fueron añadidas por los templarios son las caballerizas y las bodegas.

  1. Jerez de los Caballeros (Badajoz)

El castillo de Jerez de los Caballeros se alza sobre un cerro y alrededor se extiende la localidad del mismo nombre en la zona occidental de Sierra Morena. Jerez de los Caballeros perteneció a los musulmanes hasta su reconquista en el año 1238, llevada a cabo por Alfonso IX con ayuda de las órdenes del Temple y de Santiago, como recuerda su nombre.

Cuando se disolvió el Temple en 1312, la leyenda dice que los caballeros se enfrentaron a la corona encerrándose en el castillo. Tras una larga lucha, fueron asesinados, y desde entonces uno de los baluartes de la muralla es conocido como Torre Sangrienta.

Fortificaciones he dicho. ¿Es este balneario una fortificación-Abadía de los Templarios? Rotundamente no. Por la tradición templaria del bellísimo entorno (Batuecas – Sierra de Francia), el ingenio e interpretación del espíritu templario de los hermanos Rodríguez Pueyo, plasmó en una obra monumental ese carácter religioso, guerrero y misterioso que le son propios a los monjes guerreros del medioevo.

“Durante una década – me comunica Fernando, “abad”- director de la Abadía templaria- los maestros artesanos han dejado su impronta en bóvedas, torres, tallas, artesonados, bordados, vidrieras, retajos de cantería y carpintería, dando forma al actual complejo”. No creo incurrir en plagio si complemento lo referido a La Alberca refiriéndolo también a la Abadía: “Visitante amigo que abandona sus tareas y quehaceres cotidianos en busca tal vez de paz y sosiego, si estás dispuesto a ver y observar, a dejarte seducir por lo que contemplas, te iremos mostrando todo aquello que la Alberca `y la Abadía de los Templarios´ -no se me moleste Sr. alcalde por mi añadido- puede ofrecerte y que acaso no habías soñado encontrar en tu viaje”.

Finalizados los días de la paz y sosiego dichos, puedo afirmar y afirmo, que, efectivamente, ni soñando pude imaginar la belleza difícilmente igualable del medieval pueblo y de la sorprendente Abadía.

 

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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