Por José María Arévalo

(Alejandro posa sonriente al fondo de la fila junto a sus compañeros de equipo de chupetines del CD Niara. Foto J.M. Lostau)
Hace unos años les contaba en estas páginas, en artículo que titulaba “Nuevo Centro Deportivo y Cultural Niara” el 30.06.10, la inauguración del nuevo centro vallisoletano Niara, un complejo de 4.000 metros cuadrados, situado al inicio del Camino Viejo de Simancas, en el que se incluyen dos pistas polideportivas, una de ellas cubierta, varias salas de estudio y una amplia zona para actividades culturales. Uno de mis hijos participaba asiduamente en él entonces y lo sigue haciendo. Así que me ha llamado la atención enseguida un artículo publicado estos días de Navidad en la web opusdei.org/es con el título con que yo abro ahora, “Un orgullo para Niara”, que cuenta la integración en este centro de un chico con síndrome de Down, y que me ha parecido del mayor interés reproducir aquí.
«Es un poco teatrero –comienza el artículo- y cuando está cansado se tira más de una vez», bromea el padre de Alejandro, alumno con síndrome de Down del colegio Jesuitinas, que entrena con el equipo de fútbol sala de categoría ‘chupetines’ del CD Niara.
El mejor gol de Alejandro
«Hoy toca Niara». «Sí, pero primero hay que ir a clase». «Pero luego vamos a Niara, ¿no?». Así son los despertares de martes y viernes para Alejandro Alonso. Con toda la ilusión del mundo porque sabe que cuando termine las clases en el colegio Jesuitinas, por la tarde, será el momento de entrenar al fútbol sala con sus compañeros del CD Niara de la categoría ‘chupetines’.
El futbolista, de ocho años, disfruta como cualquier otro chaval de su edad desde hace tres campañas, con una simple peculiaridad, es un niño con síndrome de Down. Por lo demás, Alejandro corre, presiona, da asistencias, defiende, y por supuesto, mete goles.
Desde que va a entrenar es otro
Su aventura en el fútbol sala comenzó hace tres años cuando, junto a su hermano, acudió a un campamento de verano del club deportivo. «Vino encantado y pensamos que lo mejor sería que acudiera a los entrenamientos», recuerda su padre Ismael Alonso. Fue una experiencia muy enriquecedora, donde fue conociendo a más niños y sintiéndose parte del grupo.
«Si el deporte es bueno para todos, en su caso aún más», apunta. Y es que le sirve tanto físicamente como mentalmente
Su padre reconoce que es otro desde que va a entrenar. «Si el deporte es bueno para todos, en su caso aún más», apunta. Y es que le sirve tanto físicamente como mentalmente. Por supuesto, los valores de un deporte de equipo como el compañerismo y la solidaridad están siempre presentes, como lo reconoce su entrenador César Ramos. «Para nosotros es uno más, aunque es cierto que hay que explicarle las cosas con más atención, pero las acaba entiendo y realizando todas. Él se siente acogido y a nosotros nos encanta que esté jugando con nosotros», apunta.
Una sesión de entrenamiento en el polideportivo del CD Niara es como cualquier otra. Primero calientan, luego llegan las nociones técnicas y como punto final, el partido. Lo más deseado por Alejandro. Es donde más se divierte. Y es que, el joven futbolista hace todo que se propone, simplemente «tarda más, pero lo logra todo», señala su padre.
La croqueta de Neymar y las celebraciones de Cristiano Ronaldo
Aunque según la normativa de los Juegos Escolares no habría ningún problema para que jugara la liga de fútbol sala, de momento sus padres prefieren que no lo haga. «Lo de competir lo dejamos en el aire porque creemos que le falta un poco. Que juegue cuando esté más maduro», asegura Ismael.
«Es un poco teatrero y cuando está cansado se tira más de una vez, ya le hemos pillado el truco»
Alejandro es un apasionado del fútbol. No se pierde un solo partido junto a su padre que emiten por la televisión. Es del Atlético de Madrid, aunque no tiene problemas en celebrar los goles como el portugués Cristiano Ronaldo. Incluso también tiene su toque de picardía cuando está sobre la cancha. Del brasileño Neymar ha aprendido a hacer la croqueta. «Es un poco teatrero y cuando está cansado se tira más de una vez, ya le hemos pillado el truco», bromea su padre. Y es que Alejandro rebosa picardía por los cuatro costados. «Un día me vino y me dijo que había metido 40 goles, ya le dije que bajara un poco».
Lo que está claro es que esta experiencia deportiva le ha venido muy bien para su día a día. Ahora juega en los recreos del colegio al fútbol con sus compañeros de clase. Además, ha comenzado con exámenes y estas cosas le hacen «sentirse realizado», también le «viene muy bien para su ego», afirma Alonso.
Una educación centrada en potenciar las aptitudes
Lo que no sabe es que el ídolo para mucha gente, es él
Mientras que para el club es todo un orgullo, ya que uno de sus objetivos es que, «a través de las actividades, se ofrezca a las familias una educación centrada en la persona, haciendo que cada socio potencie sus aptitudes y se prepare para participar solidaria y eficazmente en la sociedad».
Por supuesto nunca falta un balón en el coche, y es que Alejandro aprovecha cualquier momento del día para jugar y sentirse como sus ídolos. Lo que no sabe es que el ídolo para mucha gente, es él.”
Hasta aquí, el artículo actual de web opusdei.org/es. En el mío de hace nueve años, sobre la inauguración del nuevo Niara, les contaba cómo ya en los años setenta, cuando llegué a Valladolid, se hablaba de lo interesante que sería contar con un centro de este tipo, que siguiera los pasos del madrileño Tajamar y el Brafa de Barcelona, entonces en plena expansión. Muchos vallisoletanos asistimos en Tajamar a alguna de las tertulias de la catequesis que realizó en diversas ciudades el fundador del Opus Dei, San Josemaría, en el setenta y dos; empezó precisamente en aquellas instalaciones que acogían ya entonces a miles de jóvenes en el barrio de Vallecas, y de las que empezaban a cosecharse muchos éxitos deportivos. Por entonces triunfaba en el triple salto Luis Felipe Areta, que de allí había salido, y al que tuve el gusto de conocer en mis años de estudiante en los madriles.
Me lo recordó la presencia, en la inauguración de este sueño hecho realidad, de otro gran deportista, que como otros muchos ha participado en la formación de Niara, Isaac Viciosa. Allí estábamos cuantos hemos colaborado en esta iniciativa, y las autoridades, que han valorado esta aportación. Así nuestro alcalde [entonces Javier León de la Riva], señalaba que «no había mejor uso para una parcela municipal que el que llevará a cabo Niara en este nuevo complejo, que se une a las instalaciones de calidad con las que cuenta Valladolid, y que además ofrece alternativas al botellón, a través del deporte y de otras actividades». Y la consejera de Cultura y Turismo [también entonces María José Salgueiro], para quien «los jóvenes son el futuro y todos tenemos que unirnos para sembrar en ellos y poder recoger los frutos, como harán en Niara, ya que aúna deporte, cultura y educación, con unos valores que son muy necesarios en la sociedad actual». En parecidos términos se pronunció el presidente de la Diputación [en aquellas fechas , Ruiz Medrano].
También les contaba yo que Niara había empezado en 1963, y cuando llegué a Valladolid funcionaba en un piso antiguo de la calle Gamazo. Entonces era más conocido por la cabalgata de Reyes que montaba todos los años para repartir juguetes en los barrios vallisoletanos, con gran éxito por cierto. Unos años después empezó la fiebre del futbito o futbol sala, y se montó algún equipo que empezó a competir. Pero ha sido en 2004 cuando se han potenciado los deportes de competición con chavales, formando equipos, algunos federados. Miguel Ocaña entonces director técnico de la Escuela Deportiva ( y que este año, en mayo, se ordenará sacerdote junto con otros 28 fieles del Opus Dei), fue compañero de alguno de mis hijos, de estudios y de equipo; creo recordar haberle visto jugar en los equipos del colegio Peñalva, y que era uno de los punteras.
En fin, seguía contando otras anécdotas de entonces, pero vamos a dejarlo aquí, para no robar protagonismo a la figura de hoy, Alejandro Alonso, un orgullo para Niara.