Estado de desgracia

Por Javier Pardo de Santayana

 

(Mona Lisa toma precauciones)

No parece que haya quién dé más. Entre el final del pasado año y el comienzo de este nuevo coincidieron en el tiempo tres acontecimientos lamentables que perturbarían toda la gama de ámbitos posibles: en el nacional, el acceso al poder de un partido filocomunista; en el europeo, el ya famoso “Brexit” de ruptura; y en el mundial, la plaga del imparable “coronavirus” o “COVID 19”. Así que ahora andamos preguntándonos que demonios hay que hacer para librarnos de este inesperado ensañamiento.

En cuanto al primero de los males, en decir, en cuanto a la locura en la que hoy nos encontramos, se trata de la existencia de un gobierno contra natura promovido por la aventura personal de un señor capaz de renovar, pasado casi un siglo, el pacto – que en su día fue causa de una guerra – entre un partido socialista y una pandilla comunista deseosa de echar abajo el sistema establecido. es decir, la Monarquía – y hacer de España un país dependiente de la Unión Soviética, pero que en este caso añadiría los cutres matices de un chavismo desacreditado definitivamente desde Venezuela. Así que ya de entrada estamos empeñados en cargarnos nada menos que esa constitución del año setenta y ocho que nos dio tan buenos resultados.

El segundo, todavía pendiente de remate, supone nada menos que el fracaso de un empeño impresionante cual fue la construcción de una Unión Europea que asegurara la paz ya para siempre en un continente que, como el nuestro, dejó para la historia nada menos que tres guerras mundiales. Su motivo, el adiós de un Reino Unido de la Gran Bretaña a sus amigos europeos, como si los ingleses no vieran ya futuro en este empeño y en el modelo que hasta ahora había sido ejemplo para el mundo. Así se abandonaba un bello sueño de futuro.

Y aún hay que constatar en el triplete la súbita aparición en el tablero general – o global, por ser exactos – de un fenómeno inusitado y sorprendente: el de un ser microscópico y lejano que en cuestión de un par de meses se introdujo en lo más esencial de nuestras vidas hasta ponerlas en peligro. Un exponente de la globalización alcanzada por el hombre y que da idea de hasta qué punto dependemos los unos de los otros.

Como mi improbable lector constatará sin duda, el azar quiso sumarse a este panorama de tristezas que fustiga a una sociedad ensoberbecida por logros tecnológicos tan insistentes que ya ni se valoran. Es más, quienes a través de los siglos se esforzaron en aprovechar lo que el Creador puso a su alcance – la inteligencia que les impulsaría a descubrir los múltiples recursos disponibles en la aparente sencillez de la naturaleza – se desprecian por ser viejos. Se ve que esta generación de descreídos, faldones fuera y despeinados ex profeso, la de los pantalones rotos ya de fábrica – esta nueva generación  de  depresivos que muestra de tal forma su talante – ya se desentendió de las lecciones de la Historia y no quiere saber de su pasado. Así que está aprendiendo del presente: descubriendo que la vida y la paz requieren lágrimas, que el hacer y el deshacer suelen aparecer en alternancia.

Pero para quienes fuimos en su día actores o comparsas de un periodo que resultó mejor y más creativo que el pasado; para quienes llegamos a creer en un proyecto ilusionante e incluso llegamos a atisbar un horizonte de esperanza, nada puede resultarnos  más frustrante  que este nuevo panorama de tristezas aparentemente sin remedio.

Así que al ver como la simple aparición de un nuevo virus pone todo patas arriba y ya no hay ambiente u organización en la que se mantenga un mínimo de continuidad y de discurso lógico, afectado como está absolutamente todo hasta el punto de paralizarse su funcionamiento, no podemos evitar una sensación de desarreglo que pone casi todo en jaque de repente. Y en tal actitud permanecemos sin movernos, con nuestras relaciones habituales sustituidas por otras que llamarán virtuales, y con las estructuras oficiales, familiares, culturales o simplemente deportivas  en situación caótica.

De forma que al final, con nuestra vida tan desorganizada por no decir paralizada como la tenemos, y cuando sólo nos preocupa acumular papel higiénico sin saber muy bien por qué, perplejos y acostumbrados como estamos a que se nos amontonen las desgracias, acabamos teniendo la impresión de estar  sentados a la espera de que nuestra mala suerte se complete con la llegada – que cualquier día se producirá – de un meteorito como el que se cargó a los dinosaurios.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

Lo más leído