Monasterio Sancti Spiritus el Real, de Toro

Por José María Arévalo

(Monasterio Sancti Spíritus)

No conocía yo el Monasterio Sancti Spiritus el Real, de Toro, a pesar de que estuvo incluido en las Edades del Hombre, cuando se celebraron en esta ciudad zamorana, que visité con nuestra asociación de jubilados AMSAFA, pero no tuvimos tiempo a verlo todo. Este verano un amigo mío, Enrique Sáiz, me ofreció una visita guiada, junto con otros compañeros, a este monasterio que está lleno de tesoros. Efectivamente, es una joya de nuestro patrimonio; las propias estancias, con sus techos artesonados medievales, cerámicas y pavimentos, infinidad de magníficas obras de arte, pintura, escultura, ajuares, etc. hacen que sea esta una de las maravillas con que contamos.

Enrique, arquitecto, que ha sido hasta hace poco cargo de la Junta de Castilla y León, había ayudado a las monjas de este convento, hace unos meses, a resolver un grave problema: que dos o tres columnas del claustro se habían inclinado tanto que se veía estaban a punto de caerse; les consiguió una intervención inmediata de la Junta -que ejerce su protección sobre este convento como Bien que es de Interés Cultural del Patrimonio de Castilla y León- para apuntalarlas y empezar el plan de restauración. Así que las monjas estaban encantadas con él y nos facilitaron una visita muy completa, menos del museo precisamente por el riesgo de las obras, a las que está próximo.

El monasterio de Sancti Spiritus el Real, pertene a la congregación de las dominicas contemplativas. Nos recibió la priora, sor Mary Cruz Bosch, cubierta, además de sus hábitos, con la consabida mascarilla, que no impedía reconocer en sus expresivos ojos, la alegría por nuestra visita y el agradecimiento a Enrique, cuya eficacia ponderó con entusiasmo. Y nos informó de que no podríamos ver el museo, que es el Museo de Arte Sacro de Toro, por la situación peligrosa del claustro, pero que la persona que nos enseñaría el resto estaba a nuestra disposición todo el tiempo que quisiéramos. Se trataba de una joven zamorana, guía titulada y muy preparada que también actuó como tal en las Edades del Hombre.

La principal obra de arte del monasterio es el sarcófago mausoleo de Beatriz de Portugal, reina consorte de Castilla y León, que ahora comentaremos, próximo al de Teresa Gil, que levantó el covento. Del inmueble también destaca su iglesia, coro, claustro, sala capitular y refectorio, entre otros. En este último se encuentra una colección única de sargas policromadas del siglo XVI, con escenas de la Pasión tomadas de estampas italo-flamencas de grandes dimensiones, en las que también nos detendremos.

Fundado por Teresa Gil

El monasterio fue fundado –reproduzco de la red y del librito editado por las monjas, pues no tomé muchas notas- por Teresa Gil en 1307, tal y como había dispuesto en su testamento, otorgado en la ciudad de Valladolid el 16 de septiembre de 1307. Teresa Gil, dama portuguesa afincada en el reino de Castilla y León – que ostentó la condición de «ricahembra de Castilla»,​ a pesar de no descender de la primera nobleza española, gracias a los favores del rey Sancho IV, y que  poseía un amplio patrimonio en Castilla, Portugal y Valladolid-, deseaba fundar un monasterio de la Orden de Predicadores bajo la advocación de San Salvador, aunque pocos años después el monasterio cambió su nombre por el de Sancti Spiritus, pues aparece mencionado con ese nombre en un documento otorgado en Olmedo el 14 de marzo de 1316, durante la minoría de edad de Alfonso XI de Castilla.

(Coro de la iglesia del monasterio de Sancti Spiritus de Toro con los sepulcros de Teresa Gil, en primer plano, y de Beatriz de Portugal, a seguido)

Alfonso XI, bajo la tutoría de su abuela, la reina María de Molina, otorgó licencia para la fundación del monasterio, y ambos personajes emitieron diversas órdenes a fin de acelerar la construcción del monasterio. El canciller mayor del reino de León colocó la primera piedra del monasterio, en un acto celebrado el 27 de agosto de 1316. A petición de la priora y de las monjas del monasterio, el rey Alfonso XI ordenó cercarlo, mediante documento otorgado el 13 de marzo de 1330.

En 1345 ya había finalizado la construcción de la iglesia y el coro del monasterio, pues en dicho año fue trasladado al coro el cadáver de la fundadora, Teresa Gil, que había estado sepultada hasta entonces en la iglesia de Santo Domingo de Zamora. En esos momentos ya estaba construida la iglesia, el coro lateral, el claustro principal y la sala capitular.

Durante el siglo XV -recoge Wikipedia- destacó en el monasterio la presencia de dos miembros de la realeza castellana, siendo una de ellas la reina Beatriz de Portugal, esposa del rey Juan I de Castilla, y la otra Leonor Sánchez, hija del conde Sancho de Castilla y nieta del rey Alfonso XI de Castilla.

En 1868, durante el Sexenio Revolucionario, las monjas dominicas se vieron obligadas a abandonar el monasterio, aunque regresaron tres años después, en 1871. Durante esos tres años desaparecieron innumerables obras de arte del monasterio.

(Presbiterio y retablo)

La iglesia del convento

Es de una sola nave, siendo la cabecera más estrecha que la nave pero de mayor altura. La iglesia se comunica con el claustro a través de una puerta de arco apuntado. El artesonado que cubre la iglesia es de estilo mudéjar, y está dispuesto a par y nudillo. Todo él está policromado y adornado con escudos de los reinos de Castilla y León y también de la fundadora, Teresa Gil.

La capilla mayor está separada de la nave de la iglesia por un arco toral, que está decorado con frescos que representan a diversos santos de la Orden de Santo Domingo. Las paredes de la iglesia están enfoscadas y se encuentran adornadas con varias pinturas al fresco del siglo XVII.

El retablo mayor es barroco, de estilo churrigueresco, y sustituyó al que fue regalado a la iglesia de la Trinidad de Toro en 1698. Contiene cuatro columnas salomónicas de las que cuelgan racimos de uvas, y todo el retablo está dorado con pan de oro de alta calidad. En el nicho central del retablo está colocado el expositor, y sobre él se halla colocada la escultura de san Juan el Evangelista, obra de los hermanos Tomé. En los laterales del retablo están colocadas las imágenes de santo Tomás de Aquino y san Pedro de Verona, y sobre ellos están colocados tres relieves que representan la Anunciación, la Venida del Espíritu Santo y la Visitación. En el cuerpo superior del retablo está colocada la imagen de santo Domingo de Guzmán.

En los laterales de la iglesia están colocados dos pequeños altares, ambos de principios del siglo XVIII, que se asemejan en estilo al retablo mayor del templo.

(Sepulcro de Teresa Gil)

Coro a los pies de la iglesia

En la iglesia existen dos coros, uno lateral y otro colocado a los pies de la nave del templo. Este último está cubierto por una bóveda de cañón del siglo XVIII, que está decorada con escayola. En el coro están colocados varios retablos barrocos y un órgano. La sillería coral es de madera de pino, aunque los asientos carecen de decoración.

En el coro se encuentran las tumbas de la fundadora, Teresa Gil, la de Leonor Sánchez de Castilla, y el sepulcro de la reina Beatriz de Portugal, segunda esposa del rey Juan I de Castilla.

El sepulcro de la reina Beatriz de Portugal

La reina Beatriz de Portugal, esposa del rey Juan I de Castilla, se retiró a Toro tras la tregua de 1411. Falleció hacia el año 1420. Cerca del sepulcro de la reina Beatriz de Portugal, en el coro de la iglesia, están las tumbas de Leonor Sánchez de Castilla, priora del monasterio de Sancti Spiritus y nieta de Alfonso XI de Castilla, y la de Teresa Gil, fundadora del monasterio. Esta última es de gran valor por su policromía pero solo quedan restos en la parte superior.

(Sepulcro de Beatriz de Portugal)

El de la reina Beatriz está realizado en alabastro, y aún conserva abundantes restos de su policromía original.​ Sobre el sepulcro está colocada la estatua yacente que representa a la reina. Es rectangular y está soportado por un zócalo donde aparecen diez leones que devoran o retienen en sus garras a diferentes animales, que alternan con clípeos que muestran el escudo del reino de Portugal.

Sobre el zócalo está situada el arca sepulcral, que está decorada con diferentes relieves en todos sus lados. En el frontal del sepulcro aparece representado el Calvario entre dos ángeles. En el lateral izquierdo, alojados en diferentes hornacinas, aparecen seis santos dominicos, flanqueados por las imágenes de San Pedro y San Pablo.

En el frontal del sepulcro correspondiente a los pies de la difunta aparece representada la Anunciación, y sobre el búcaro de azucenas aparece una pequeña mandorla con la representación del Padre Eterno. El lateral derecho del sepulcro está ocupado por una lápida que representa a la priora Leonor Sánchez de Castilla, nieta de Alfonso XI, de cuerpo entero, vestida con los hábitos de la Orden de los Dominicos y tocada con velo y corona real.

Sobre el sepulcro está colocada la estatua yacente que representa a la reina Beatriz de Portugal. La cabeza de la reina Beatriz aparece apoyada sobre almohadones, viste una amplia saya y manto real, y la cabeza está cubierta con una toca de rico brocado. Las manos de la reina están enlazadas sobre el pecho y sostiene un libro abierto y un rosario, y calza chapines a la moda de la época. Dos ángeles, apoyados en los extremos del almohadón superior, sostienen la corona real sobre la cabeza de la difunta.

Numerosos expertos consideran que el autor del sepulcro fue el mismo que talló el del arzobispo de Sevilla Diego de Anaya, fallecido en 1437, y cuyo sepulcro se encuentra en la capilla de San Bartolomé de la Catedral Vieja de Salamanca.

(Refectorio)

Refectorio y Colección de sargas

El refectorio es una sala rectangular de cuarenta metros de longitud con su suelo de ladrillos cocidos y está cubierta por un artesonado de madera de los siglos XVI y XVIII, que conserva su policromía original, de estilo plateresco. El pavimento del refectorio es de ladrillos cocidos y los huecos de las ventanas están decorados con azulejos de Cuenca del siglo XVI. En el refectorio está expuesta una colección de sargas del siglo xvi, con influencias flamencas y florentinas.

En el impresionante Refectorio, con las mesas de nogal – nos dejaron sentar en las primeras, recientemente restauradas- y la azulejería, se expone la mayor parte de la colección de sargas del siglo XVI que a pesar de todos los avatares sufridos en el monasterio a lo largo de los siglos se han conservado con su policromía original.

En los siglos XV y XVI se realizaron muchas sargas debido a que eran más baratas que los tapices, para cubrir paredes con un fin decorativo. También eran utilizadas como puertas de los órganos en las iglesias o cortinas para cubrir los retablos de los altares en tiempos de Cuaresma. Por este motivo, igual que en Toro, se conservan otras sargas sobre todo en pequeños pueblos de toda España. Una de las cosas que demostró la importancia de estas sargas de Toro es que aparecían mencionadas a menudo en los libros del Archivo del monasterio, por ejemplo en los apuntes que reflejaban los gastos conventuales cuando con mucha frecuencia se colgaban para tapar algún altar.

(Sarga de la Crucifixión)

Cuando el refectorio pasó a formar parte del recorrido museístico fue decorado con cinco de las siete sargas que forman la colección que describe escenas de La Pasión.

En la Sala capitular, sala gótica, se encuentran las otras dos sargas, de la serie de siete. Es la parte más antigua del conjunto, hermosísima, reformada en el siglo XVII. Dos arcos torales la dividen en tres naves, una central que termina en un altar de azulejería en el que hay restos de pintura mural del siglo XIV, y dos laterales, más pequeñas. En estas últimas, una frente a otra, se ubican las dos sargas, de gran tamaño, 9 x 7 metros.

El estilo de todas ellas está inspirado en estampas florentinas y flamencas.

Por otra parte, en la zona habilitada como Museo de Arte Sacro  -que no pudimos visitar por el riesgo de derrumbe de la zona próxima del claustro- se exponen tres telas, aguada sobre sarga: La Santa Cena, Oración del Huerto y Camino del Calvario, obras de Cristóbal Ruiz de la Talaya realizadas hacia 1643. Proceden de la iglesia de San Miguel, de Villavendimio, y emplean la técnica de las arquitecturas fingidas al trampantojo, tan utilizadas en el siglo XVII.

(Sarga de La caída)

Finalmente, situada en la recepción del museo por su gran tamaño, hay una última sarga, obra del siglo XVIII que procede del Obispado de Zamora, que representa al joven San Estanislao de Kostka, de la Compañía de Jesús, que murió novicio.

En la recepción, ya a la salida, compramos dulces que veo anunciados en la red como “Dulces Sancti Spiritus”, en mi caso unos amarguillos estupendos que hicieron las delicias de mi familia. No desmerecieron de los mejores amarguillos que he tomado nunca, los de la pastelería de la plaza del Foráneo de Tordesillas, y eso que estos eran recién hechos, lo que no es difícil de conseguir porque los hacen a diario. Vamos, que los recomiendo, unos y otros, pero sobre todo ver los muchos tesoros que guarda el convento, este Monasterio Sancti Spiritus el Real, de Toro.

 

 

 

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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