Por Carlos de Bustamante

(Paisaje castellano con rebaño. Óleo sobre papel de Jesús Meneses. cajaespana.es)
Os decía, mis amigos, que la parición en el hatajo de pastor Eutimio se adelantó las fechas previstas por mor del hecho insólito de carnero semental (`simental´) 505 en una noche de `picos pardos´ tras saltar las teleras donde tenían recluidos a los carneros sementales hasta el momento oportuno de la cubrición. Quedó también claro cómo dada la calidad del ganado en producción de leche, además de dos partos por año se buscaban partos gemelares e incluso de trillizos. Trillizo el carnero semental 505, transmitía por genes la cualidad de partos de dos o más lechazos a las hembras de su descendencia.
No obstante, había ovejas que, con parto múltiple (trillizos), les era imposible criar a su prole en las mejores condiciones para venta. Es digno de ver cómo los pastores no escatimaban esfuerzo, ingenio y sentido de responsabilidad, para mantener el prestigio de la selecta ganadería, tanto para el sacrificio en las fechas como para venta de corderas o corderos, de muy alta cotización para futuros sementales.
La competencia de Marcia el mayoral, se puso de manifiesto en la parición del hatajo de Eutimio, quien acudió con su `poblema´:
-Amusque, Marcia, que la 614 una de mis uvejas superioronas, a la que se le murió uno de los suyos, se niega a dar la teta a un trillizo de la 492 que mesiá quedau tetimanca y no pué dar de mamar a los tres quia parido, dio así el parte al mayoral en demanda de auxilio. En su expresión había, sí, petición de ayuda, pero a la vez `sastifación´ por nombrar al ganado por el tatuaje en la `ureja´ en vez del nombre propio con que en sus soledades las nombraba. Diquiá mañana -añadió compungido-, quisió si aguantará sin mamar el animalejo.
Sonrió Marcia y a escape `le tiró´ palabras de las que Eutimio apenas entendió.
– ¿No te sihabrá ocurrido marrotar al lechazo muerto de la 614, verdad Eutimio?, porque lo nesecito pa que la testarrona haga de nodriza.
– ¡quihacer si marrotarlo…! Que veleahí tengo el pellejo que vale mu bien de cuartos…, respondió Eutimio cuasi ofendido.
Pos anda agudo por él y trae de paso el lechazo más nesecitado de la 492, que a escape vamos a hacer un exprimento cojonudo. Y enigmático sonrió…
La escena que se encontró Eutimio con la tetimanca era desolador: mientras la mayoría del hatajo estaba emparejada (cada madre con su/o sus crías), tres lechazos andaban errantes sin encontrar madre que los amamantase `en condiciones´. Mamaba uno de la tetimanca con vibrantes movimientos del rabillo (señal de satisfacción) y los otros dos balaban, mejor, gemían hasta acceder al alimento de la única fuente. (tetimanca). `A la postre´ el tercero -casi siempre el mismo y más débil- recibía continuos testarazos de otras ovejas- madres que lo rechazaban al oler al intruso. La `criatura, cada vez más débil, iba de una a otra sin encontrar cariño ni alimento.
Con mimo tomó Eutimio en sus brazos a la criatura y se la llevó a Marcia. `Deseguida´ intentó el mayoral que mamase de la 614 que aún tenía las ubres a reventar de leche. Intento vano, porque fue oler al intruso en salvosea las partes y empujar con la testa al hambriento que rodó muy débil por los suelos. Extrañamente, otra vez sonrió Marcia. Y `deseguida´:
– ¡Anda Eutimio trae a escape el pellejo del trillizo difunto désta! Pedro y Eutimio observaban atónitos: con caricias y palabras tiernas, puso Marcia la piel al pobre lechazejo del que, por difunto, ya nunca mamaría. Con los halagos, este otro se dejaba `vestir´. Abrigado con el extraño atuendo, le puso Marcia a mamar de las ubres repletas. Agachó la oveja la cabeza para rechazar al ladronzuelo, cuando le dio el fato de su hijo perdido. A escape se dejó hacer… Tetucas santas, porque llena la barriguilla del poco antes debilucho, brincó alegre, recorriendo el aprisco de alto en bajo. Al tiempo de sonreír Marcia, los dos mirones absortos cerraron la boca que mantenían abierta durante la `operación´. La 614 desde entonces ya tuvo nombre propio: Nodriza.