Arte iberoamericano en El Prado

Por José María Arévalo

(Mestizo de español e india. Atribuido a José de Ibarra, México)

El Museo del Prado exhibe en sus salas del edificio Jerónimos, del 5 de octubre al 13 de febrero de 2022, una muestra de arte iberoamericano: un “tornaviaje”, o viaje de regreso a España que enseña la producción de obras americanas que llegaron a Europa a través de la Península Ibérica.

Tras la conquista de América y hasta su independencia llegaron a España más objetos artísticos del otro lado del Atlántico que de Flandes o Italia. Estos miles de objetos, muchos debidos a artífices indígenas o mestizos, presentaban a menudo materiales, temas y técnicas desconocidos en la metrópoli, y su realización respondió a distintos propósitos.

La exposición pone de manifiesto el tráfico ininterrumpido de obras de arte de la época virreinal que llegaron a través de los puertos de Sevilla y Cádiz durante los siglos XVI, XVII y XVIII. Dichas obras se extendieron por todo el territorio nacional asentándose en conventos, iglesias y colecciones particulares. Un, muy superior al de otros países –como Flandes o partes de Italia–, de objetos que pertenecieron a la corona española.

(Imagen de sala con el biombo de estrado)

Para mostrar esta realidad tan poco conocida, el Museo Nacional del Prado presenta “Tornaviaje. Arte iberoamericano en España”, una exposición que incluye más de un centenar de obras americanas conservadas desde hace siglos en instituciones culturales y religiosas españolas; piezas que se integraron en nuestra cotidianeidad y forman parte de nuestro patrimonio, aunque a veces hayan perdido memoria de su origen.

Algunas pertenecieron a la antigua colección real y colgaron en los mismos palacios donde lo hacían los lienzos de Rubens o Velázquez; sin embargo, hasta ahora el Prado había obviado esta realidad. Con esta muestra quiere paliar esa laguna y ofrecer una visión más rica y compleja de la circulación y recepción de los objetos artísticos en España en la época Moderna- explica hoyesarte.com-.

El recorrido por esta exposición ofrece al visitante la posibilidad de conocer la rica cultura de los virreinatos americanos teniendo en cuenta sus valores simbólicos e iconográficos, así como aquellos que les otorgaron las sociedades receptoras. 63 prestadores nacionales y tres internacionales han colaborado en su organización cediendo 95 de las 107 obras expuestas, creadas por aquellos españoles del otro lado del mar en lo que hoy es Perú, Colombia y México, entre otros países, de las cuales 26 han sido restauradas para la ocasión.

Tornaviaje. Arte iberoamericano en España cuenta con el patrocinio de Fundación AXA, la colaboración de la Comisión Arte Virreinal de la Fundación Amigos del Museo del Prado, y ha sido comisariada por Rafael López Guzmán, catedrático de la Universidad de Granada, con la asistencia de Jaime Cuadriello y Pablo F. Amador, miembros del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM en México.

(Indio yumbo de Vicente Albán, Quito)

Mercedes Sierra hace un recorrido, en Aceprensa, por las salas de la exposición, señalando que “nos traslada a la época de los virreinatos, nos permite reconstruir su relato histórico y descifrar el significado de las obras, su identidad en la memoria colectiva y el sentido estético de belleza que contienen, que ha sido cuestionado en algunas ocasiones por absurdos prejuicios de una mentalidad más europea”.

Geografía, conquista y sociedad

El recorrido expositivo comienza con una pintura que alude a una puerta de entrada –la de los productos que venían de América–: se trata del Puerto de Sevilla y es, además, simbólicamente puerta de entrada a la exposición.

(Mestizaje español e india serrana. Atribuido al taller de Cristobal Lozano, Perú)

El asentamiento en el Nuevo Mundo fue un proceso lento y costoso. No se puede obviar la conquista ni los elementos violentos y dramáticos que conlleva, pero es necesario tener en cuenta el contexto histórico de la época. Tras la conquista, y con el paso del tiempo, se produce una fusión y asimilación cultural. Los españoles llevan la religión católica al Nuevo Mundo y las enseñanzas del Evangelio aportan un legado cultural con elementos pacificadores y educativos. La riqueza de los productos de la tierra, el mestizaje y la convivencia entre población autóctona, colonos españoles y una reducida presencia de asiáticos, proporcionó la creación de una cultura híbrida con personalidad propia que aportó técnicas novedosas y lecturas simbólicas.

En las primeras salas se exhiben dos obras de la conquista. Por una parte, está la magnífica representación del poderoso Moctezuma, un retrato de aparato que presenta al tlatoani de los mexicas lleno de dignidad. La otra obra que hace referencia a la conquista es el Biombo de estrado, una pieza capital del arte virreinal fechada a mediados del XVII y realizada en óleo y pan de oro. En una cara muestra varias escenas de la conquista de Tenochtitlán y por el reverso, una magnífica vista aérea de la ciudad de México.

El desenlace de la conquista se produjo el 13 de agosto de 1521 con la rendición de Cuauhtémoc –sucesor de Moctezuma–. Se inicia, de este modo, el Virreinato de la Nueva España, un largo periodo de dominio español que durará unos 300 años y que conlleva el fin del Imperio azteca. Además de la conquista, la exposición reflexiona sobre dos elementos urbanísticos especialmente relevantes en la concepción de la ciudad.

La plaza pública: fue un lugar de encuentro y comunicación. En ella convivían todas las clases sociales -virreyes, obispos, jueces, artesanos y los trabajadores de la tierra. En este sentido, podemos destacar la importancia que tuvo como espacio de unión e integración social.

Los claustros de los conventos: no solo fueron lugares de culto religioso, sino que también se emplearon como centros de enseñanza y educación en los que, además, se desarrollaba la medicina y donde los monjes cultivaban productos de la tierra. Todo esto fomentó el desarrollo de una riqueza que formó parte del tornaviaje. El tomate, la patata, el maíz, el cacao o el tabaco llegaron a España desde América; del mismo modo llegaron los tintes naturales como el palo de Campeche que los conquistadores regalaron a Felipe II. De él se obtenía un negro muy intenso llamado “ala de cuervo” que se adhería muy bien a la ropa. Este tinte de lujo junto con la cochinilla, de la que se obtenía el color rojo, fueron determinantes para conseguir el dominio de la moda española en toda Europa. Fue muy célebre “vestir a la española”.

(Los tres mulatos de Esmeraldas. Óleo del indígena Andrés Sánchez Galque. 1599)

La atención que la exposición dedica a los retratos muestra que fueron un excelente testimonio de identidad de los americanos. Fue también una manera de dar a conocer en España lo que ocurría al otro lado del Atlántico. Hay retratos de políticos, de eclesiásticos, de nobles y grupos familiares. Uno de los más significativos es el de Los tres mulatos de Esmeraldas, realizado por el indígena Andrés Sánchez Galque. Es un óleo sobre lienzo que mandó pintar el oidor de Quito para enviar a Felipe III en 1599. Representa el momento de pacificación tras el enfrentamiento. En él vemos al cacique Francisco de Arobe y a sus hijos entrando a la catedral de Quito tras su conversión. Los personajes van vestidos a la española, aunque las argollas de oro en los labios y adornos en la nariz son propios de los indígenas, así como las lanzas que portan constituyen un referente africano.

El artículo continúa describiendo en detalle el contenido de la muestra; puede verse en https://www.aceprensa.com/cultura/arte/tornaviaje-arte-iberoamericano-en-espana/?utm_source=Suscriptores+Newsletter+Aceprensa&utm_campaign=faf64d461e-EMAIL_CAMPAIGN_2021_11_04_11_51&utm_medium=email&utm_term=0_9940c1a781-faf64d461e-80449421

 

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