Por José María Arévalo

(La Virgen y las ánimas del Purgatorio, de Pedro Machuca. 1517.Vista parcial del óleo sobre tabla, 167 x 135 cm. Museo Nacional del Prado)
Hasta el 29 de enero de 2023 puede verse una extraordinaria exposición temporal organizada por el Museo Nacional del Prado y el Museo e Real Bosco di Capodimonte en Nápoles, que ilustra un capítulo muy fecundo pero muy desconocido de la cultura del Renacimiento europeo: el breve período de unos treinta años, aproximadamente desde 1504 hasta 1535, durante el cual se asiste a la transición de la España y la Italia meridionales hacia la que Vasari llamaba “la maniera moderna”, el gran arte basado en la revolución llevada a cabo por Leonardo, Rafael y Miguel Ángel. Las novedades elaboradas en la capital pontificia fueron inmediatamente recibidas y reinterpretadas en la Nápoles que en aquellos años pasó a ser española (1504); aquí, los grandes artistas de la primera generación del Renacimiento ibérico –Pedro Fernández, Bartolomé Ordóñez, Diego de Siloe, Pedro Machuca, y quizá también Alonso Berruguete– pudieron dar sus primeros pasos profesionales en firme, realizando algunas obras de gran importancia.
Se trata, pues, de una exposición extraordinaria, ocasión única de contemplar piezas maravillosas de lo que podíamos llamar nuestro renacimiento, y algunas del italiano, en total 75 obras procedentes de colecciones públicas y privadas nacionales e internacionales –44 pinturas, 25 esculturas, cinco libros y un retablo– que pretende llamar la atención sobre una cronología (los años iniciales del siglo XVI), una geografía (Nápoles) y unos actores (pintores y escultores italianos y españoles), que conforman un panorama artístico a menudo considerado secundario respecto a los tradicionales focos del Renacimiento: Florencia y Roma, y que tuvo además una decisiva trascendencia dentro de una realidad política más amplia, la de la Monarquía Hispánica.
Son de destacar, de Rafael una Sagrada Familia con Rafael, Tobías y San Jerónimo, o Virgen del pez, óleo sobre tabla, 215 x 158 cm, 1513 – 1514, del Museo Nacional del Prado; de Diego de Siloe un San Sebastián, talla en mármol, h. 1514-15, de una Colección particular; La Virgen con el Niño, talla en mármol de 1513-14, en la Chiesa di Santa Maria dei Pignatelli, Nápoles; San Juan Bautista, talla de madera policromada, de hacia 1520, Catedral de Santa María, Burgos; San Miguel Arcángel, talla de madera policromada, de hacia 1525, de la iglesia parroquial de Santa María la Real de Sasamón (Burgos); un San Sebastián, talla de mármol de hacia 1520-25, de la iglesia parroquial de Barbadillo de Herreros (Burgos); yun Cristo flagelado, talla en madera de hacia 1525, del Museo Catedralicio de Burgos.

(La Sagrada Familia con Rafael, Tobías y san Jerónimo -La Virgen del pez- de Rafael. 1512-13. Parcial del óleo sobre tabla trasladada a lienzo. Museo Nacional del Prado)
De Alonso Berruguete, la Alegoría de la Templanza, Óleo sobre tabla, 69,7 x 52,6 cm, de entre 1513 y 1516, del Museo Nacional del Prado; Salomé, Óleo sobre tabla, h. 1516-17, de la Gallerie degli Uffizi, Florencia; San Sebastián, talla de 1526-32, del Museo Nacional de Escultura de Valladolid; y El Entierro de Cristo, óleo sobre tabla de hacia 1540, de la Iglesia Parroquial de San Pedro Apóstol de Fuentes de Nava (Palencia).
Hacia “la maniera moderna”
“Otro Renacimiento. Artistas españoles en Nápoles a comienzos del Cinquecento”, es el título de esta exposición en las salas A y B del edificio Jerónimos de el Prado, y que plantea un recorrido por uno de los capítulos más fecundos y desconocidos de la cultura del Renacimiento europeo: la de España y de la Italia meridional hacia “la maniera moderna”, el gran arte basado en la revolución llevada a cabo por Leonardo, Rafael y Miguel Ángel. Comisariada por Andrea Zezza y Riccardo Naldi, con la colaboración en el Prado de Manuel Arias, esta muestra propone, en palabras de Javier Solana, presidente del Real Patronato del Prado, “emprender un viaje visual por una etapa cargada de interés, por un instante en el que se estaba descubriendo una nueva manera de expresión artística, que se interpretaba de otro modo y que llegaría a la península Ibérica digerida, metabolizada y diferente”.
Inscrita en un espacio arquitectónico que evoca las construcciones napolitanas de la época, “Otro Renacimiento” proporciona una idea muy aproximada de lo que supusieron las novedades de ese período sin circunscribirse a una sola disciplina artística. Se transmite de este modo una percepción global, ajustada a una realidad de convivencia de técnicas y materiales. La pintura sobre madera o lienzo, la miniatura, la madera policromada o la escultura en mármol presentan un panorama variado de tipologías y formatos que traslada de manera más verosímil al período que se ilustra.
Protagonismo de lo hispánico en Nápoles a comienzos del XVI
Este proyecto expositivo, que tendrá su continuidad en el napolitano Museo e Real Bosco di Capodimonte, permitirá hasta su clausura completar narraciones y añadir matices a la colección permanente del Prado a través del conocimiento de lo que fueron las artes plásticas en Nápoles a comienzos del siglo XVI, y hablar del protagonismo de lo hispánico en un proceso enriquecedor de interacción e intercambio con el mundo italiano, porque, en palabras de Miguel Falomir, director del Prado, “podemos afirmar sin temor a exagerar que, sin esa experiencia napolitana, el Renacimiento español sería muy distinto”.
Para ello, la exposición –patrocinada por la Fundación BBVA– cuenta con esas 75 obras, entre las que cabe destacar la generosidad de los préstamos del Fondo Edifici di Culto del Ministero dell’Interno de Italia en su compromiso institucional de continuar afianzando los lazos culturales entre ambas naciones.
Marco histórico
En 1503, Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, tras derrotar al ejército francés que pretendía ocupar Nápoles, entra triunfante en la ciudad y se hace cargo del gobierno en nombre de los Reyes Católicos. Se trata de un paso importante en el proceso que llevó a España a consolidarse como potencia hegemónica europea. El resto de Italia, sumida en una profunda crisis política, asiste a la afirmación de su cultura humanista, con la Antigüedad como modelo de referencia admirado y respetado en el continente. Nápoles había vivido en las décadas anteriores un gran auge cultural, y la pérdida de su independencia política no supuso el final de ese brillante periodo, sino que contribuyó a definir un nuevo papel para la ciudad, fundamental en la difusión de la cultura renacentista italiana en la península Ibérica.
Carente de una fuerte escuela artística local, la capital del sur, si bien tradicionalmente cosmopolita, acogió en esos años la «maniera moderna», el nuevo arte basado en la revolución protagonizada por Leonardo, Miguel Ángel y Rafael.

(San Sebastián, de Diego de Siloe- h. 1520-25. Mármol. Barbadillo de Herreros , Burgos, iglesia parroquial de la Visitación de Nuestra Señora)
Este fervoroso periodo estuvo animado por artistas destinados a un prometedor futuro: fue en Nápoles donde los españoles Pedro Fernández, Bartolomé Ordóñez, Diego de Siloe, Pedro Machuca, y tal vez Alonso Berruguete, cosecharon sus primeros éxitos antes de convertirse en los protagonistas del Renacimiento español. Esta exposición pretende llamar la atención sobre este breve pero extraordinario momento y destacar la altísima calidad de las obras de arte producidas desde principios de siglo hasta 1530, cuando terminó la guerra entre el emperador Carlos y el papado.
Sección I. “Humanismo monárquico”
En el umbral del siglo XVI Nápoles tenía más de cien mil habitantes y era la ciudad europea más poblada después de París. En las décadas anteriores al establecimiento de la corte de los reyes de Aragón se habían congregado allí muchos de los humanistas italianos más importantes, que desarrollaron una peculiar forma de «humanismo monárquico» –distinto del «humanismo cívico», propio de las ciudades libres del centro de la península Itálica–, fundado sobre el prestigioso legado de los antiguos.
Todo ello influyó profundamente en la civilización europea al proponer una nueva función para los intelectuales laicos, desvinculados de la Iglesia y consagrados, a la sombra del rey, a la reflexión política, social, jurídica y cultural, así como a la transmisión de las razones del soberano y a la construcción de un aparato estatal.
Las obras reunidas en esta sección sirven como preámbulo a la exposición y muestran algunos de los lugares y rostros que encarnaron la vida y la cultura del Nápoles españolizado: el palacio-fortaleza de Castel Nuovo, el busto de bronce al estilo antiguo de Gioviano Pontano y el naturalista retrato de Jacopo Sannazaro, de gran humanidad y completamente desprovisto de grandilocuencia. Ambos nos muestran los rasgos de los dos protagonistas de la vida cultural y artística napolitana, así como la transición desde el rígido clasicismo «anticuario» del siglo X hasta una manera más natural y moderna de representar las formas y de hacer que las figuras parecieran vivas.
Sección II. Nápoles pasa a ser español
La incorporación de Nápoles a la Corona hispana favoreció un desarrollo sustentado sobre nuevas bases: el sur de Italia se integraba en un complejo imperio mediterráneo y pasaba a convertirse, por un lado, en un puesto de avanzadilla para la propagación de las costumbres españolas en Italia, y, por otro, en cabeza de puente para la difusión del lenguaje renacentista italiano en la península Ibérica.
A pesar de que los ejércitos recorrían el Reino, Nápoles mantenía su vocación abierta y cosmopolita, por lo que continuó atrayendo a artistas de todos los orígenes: romanos, emilianos, toscanos o lombardos, pero también ibéricos.
El viaje de Fernando el Católico a sus nuevas posesiones (1506-7) constituyó un acontecimiento clave en este proceso: el rey fue recibido con grandes esperanzas y homenajeado con arquitecturas efímeras y pinturas que celebraban su triunfo a la manera de los emperadores antiguos, con lo que se desarrolló un modelo ceremonial que se exportó de inmediato a la península Ibérica. En esos momentos aparecen activos en Nápoles un misterioso artista conocido como Maestro del Retablo de Bolea y el pintor Pedro Fernández, procedente de Lombardía, que, tras establecerse en la ciudad durante unos años, logró renovar profundamente la cultura figurativa local.

(San Juan Bautista, de Pedro Fernández. h. 1508-10. Parcial del óleo sobre tabla, de Pasadena , California, The Norton Simon Foundation)
Sección III. Hacia la «maniera moderna»
Entre los siglos XV y XVI las artes vivieron en Italia un momento de transformación histórica. La obra de artistas como Leonardo y Giorgione, claramente asimilada por sus coetáneos, marcó una ruptura con el pasado: la representación de la naturaleza alcanzaba una nueva dimensión, y las figuras adquirían sentimientos, vitalidad, movimiento. Por su parte, Miguel Ángel y Rafael impusieron un modelo de belleza más complejo e idealizado. Este modelo aspiraba a emular la grandeza, la medida y el poder retórico del arte de los antiguos, considerado hasta entonces un modelo inasequible. Con él, se buscaba una perfección que iba más allá de la representación de lo natural, hasta el punto de revelar el don divino de la Gracia. Es el estilo al que Vasari se referirá como la «maniera moderna», el de la conquista de la perfección.
Florencia, Milán, Venecia y, más tarde, Roma fueron los lugares donde se incubó ese nuevo estilo. Los artistas españoles que confluyeron en Nápoles tras la conquista, formados ya en esos centros de innovación, fueron los encargados de llevarlo allí, junto con el escultor florentino Andrea Ferrucci y el pintor lombardo Cesare da Sesto.
Sección IV. En torno a Rafael
Los años de gobierno del virrey Ramón Folch de Cardona (1509-22) serán recordados entre los más felices de la historia del reino. Fueron también años de un extraordinario florecimiento artístico: la llegada desde Roma de la Virgen del pez de Rafael marcó un punto de inflexión en la actividad de los artistas locales, que la acogieron con gran entusiasmo.
Después de Fernández, los escultores más destacados fueron Diego de Siloe y Bartolomé Ordóñez. Ambos desarrollaron un original estilo al combinar la poética de los afectos de Leonardo con la gracia de Rafael y el poder expresivo de Miguel Ángel.
A finales de la segunda década se extendió una versión más inquieta del estilo rafaelesco, estimulada, una vez más, por la presencia de un artista español llamado a desarrollar una brillante carrera, Pedro Machuca, futuro arquitecto del Palacio de Carlos V en Granada.
La cultura humanística napolitana apreció y favoreció esa interpretación libre del arte clásico, como lo demuestra la doble estancia en la ciudad de Polidoro da Caravaggio y la corta pero relevante carrera de Girolamo Santacroce, el más apreciado de los artistas locales.
Ese momento de fervor creativo se vio truncado por la guerra de 1527-28, tal como había sucedido en Roma con el Saco de 1527.
Sección V. Las águilas del Renacimiento español
Los artistas ibéricos, ya activos en Nápoles a principios del siglo XVI, sientan las bases del Renacimiento español. Bartolomé Ordóñez trabajó sobre todo en Barcelona, aunque murió en Carrara a finales de 1520. Diego de Siloe, que desarrolló su actividad entre Burgos y Granada, supo infundir en sus obras escultóricas y arquitectónicas un sentimiento de veracidad y grandeza novedoso hasta entonces en esos centros artísticos.
Pedro Machuca trabajó entre Jaén, Granada y Toledo, y se consagró como el principal abanderado de su maestro Rafael, cuya capacidad inventiva supo captar tanto en sus creaciones pictóricas como arquitectónicas.
Alonso Berruguete, activo entre Valladolid y Toledo, imprimió a sus obras una fuerte expresividad impulsada por su pasión por Miguel Ángel. Sus figuras adquieren un carácter visionario que las sitúa entre los principales logros del arte europeo del siglo XVI.
Por su parte, Gabriel Joly, un virtuoso tallista originario de Picardía (Francia), adquirió prestigio en Aragón. En su última fase de actividad el artista alcanzó niveles técnicos y estéticos cercanos a los de Siloe y Berruguete.
Obras expuestas
Entre las obras expuestas destacan: Paolo degli Agostini, óleo sobre tabla de Jacopo Sannazaro, hacia 1511-15, New Orleans (EEUU), New Orleans Museum of Arts (NOMA); La Virgen, talla en madera policromada de Pietro Belverte, 1507-8, de la Chiesa di San Domenico Maggiore de Nápoles; San José, talla de Pietro Belverte, 1507-8, Chiesa di San Domenico Maggiore de Nápoles; el Tríptico, temple sobre tabla, de la Virgen con el Niño, de Jean Bourdichon, 1501-4, del Museo e Certosa di San Martino de Nápoles; El Lavatorio, óleo sobre tabla del Maestro del Retablo de Bolea, antes de 1503, de la Colegiata de Santa María la Mayor, Bolea (Huesca); Llanto sobre Cristo muerto, óleo sobre tabla del Maestro del Retablo de Bolea, antes de 1503, de la Colegiata de Santa María la Mayor de Bolea (Huesca); La Adoración del Niño y La Flagelación, también del Maestro del Retablo de Bolea, del Museo Capitolare de Atri (Italia); Sagrada Familia, óleo sobre tabla de Pedro Fernández, h. 1504, Colección Várez, Madrid; Descanso en la huida a Egipto, óleo sobre tabla de Pedro Fernández. h. 1500, del Trinity College de Hartford (Connecticut); La Virgen de la Anunciación, talla de madera policromada de Giovanni da Nola, h. 1508-11, del Museo e Real Bosco di Capodimonte de Nápoles; La Adoración de los pastores óleo sobre tabla de Pedro Fernández, 1501-2, del Residenzmuseum im Celler Schloss, Celle (Alemania); Retablo de la Visitación, óleo sobre tabla de Pedro Fernández, h. 1508-10, del Museo e Real Bosco di Capodimonte, Nápoles; San Juan Bautista, óleo de Pedro Fernández, h. 1508-10, de la The Norton Simon Foundation, Pasadena (California); San Juan Bautista, talla en mármol de Andrea di Piero Ferrucci, h. 1508-10, de la Chiesa dei Santi Severino e Sossio de Nápoles; San Juan Evangelista talla en mármol de Andrea di Piero Ferrucci, h. 1508-10, de la Chiesa dei Santi Severino e Sossio de Nápoles; Patrimonio del Fondo Edifici di Culto; La Adoración del Niño, temple y óleo sobre tabla del Maestro del Retablo de Bolea, primera década del siglo XVI, de la Pinacoteca Nazionale di Siena; La Adoración del Niño con donante, Óleo sobre tabla de Cesare da Sesto y colaborador h. 1514-15, del Museo di San Martino de Nápoles; La Adoración de los Reyes Magos, Óleo sobre tabla de Andrea Sabatinih, 1512-13, de la Biblioteca e Complesso monumentale dei Girolamini de Nápoles; Camino del Calvario Óleo de Pedro Fernández, 1512-13, de la Chiesa di San Domenico Maggiore de Nápoles; San Blas, Óleo sobre tabla de Pedro Fernández, 1511-12, del Museu Nacional d’Art de Catalunya; Estigmatización de san Francisco, Óleo sobre tabla de Pedro Fernández, 1514-15, de la Galleria Sabauda, Musei Reali Torino, Turín; La Virgen con el Niño, Óleo de Marco Cardisco, h. 1517-20, de la Galleria Sabauda, Musei Reali Torino, Turín; Santa Catalina de Alejandría, Óleo sobre tabla de Agostino Tesauro, 1518, de la Biblioteca e Complesso monumentale dei Girolamini, Nápoles; Santa María Magdalena, Óleo sobre tabla, de Agostino Tesauro,1518, de la Biblioteca e Complesso monumentale dei Girolamini de Nápoles; Virgen con el Niño y ángeles, Temple sobre tabla de Cesare da Sesto, 1515, del Museo della Badia della SS. Trinità de Salerno; Sagrada Familia con Rafael, Tobías y San Jerónimo, o Virgen del pez, Óleo sobre tabla, 215 x 158 cm, de Rafael, 1513 – 1514, del Museo Nacional del Prado; San Nicolás de Bari en cátedra, Óleo sobre tabla de Andrea Sabatini, h. 1514-16, del Museo e Real Bosco di Capodimonte de Nápoles; San Bertario entre sus compañeros mártires y el comitente, el abad Squarcialupi, Óleo sobre tabla de Andrea Sabatini, h. 1514, del Museo de Montserrat; Llanto sobre Cristo muerto talla en madera en su color, de Bartolomé Ordóñez, h. 1517-18, de una Colección particular; San Sebastián, talla en mármol de Diego de Siloe, h. 1514-15, de una Colección particular; San Mateo y el ángel, talla en mármol de Bartolomé Ordóñez h. 1514-15 en la Chiesa di San Pietro Martire de Nápoles; La Virgen con el Niño, talla en mármol de Diego de Siloe, 1513-14, en la Chiesa di Santa Maria dei Pignatelli, Nápoles; La Sagrada Familia, Óleo sobre tabla de Pedro Machuca, h. 1516-17, en la Galleria Borghese de Roma; Dios Padre bendiciendo y ángeles, Óleo sobre tabla de Pedro Machuca, h. 1519, de Saint-Honoré Art Consulting Paris; San Juan Bautista, talla en mármol de Giovanni da Nola, h. 1528-32, de The Princely Collections, Vaduz-Vienna; Alegoría de la Templanza, Óleo sobre tabla, 69,7 x 52,6 cm, de Berruguete, Alonso, 1513 – 1516, Museo Nacional del Prado; Salomé, Óleo sobre tabla de Alonso Berruguete, h. 1516-17, de la Gallerie degli Uffizi, Florencia; San Pedro , así como San Andrés, Ángel anunciador, La Virgen de la Anunciación, y el Traslado de Cristo al sepulcro, los 5 óleos sobre tabla de Polidoro de Caravaggio, 1527-28, del Museo e Real Bosco di Capodimonte, Nápoles; San Juan Bautista, talla de madera policromada, de Diego de Siloe, h. 1520, Catedral de Santa María, Burgos; San Miguel Arcángel, talla de madera policromada, de Diego de Siloe, h. 1525, de la iglesia parroquial de Santa María la Real de Sasamón (Burgos); San Sebastián, talla de mármol de Diego de Siloe, h. 1520-25, de la iglesia parroquial de Barbadillo de Herreros (Burgos); San Sebastián, talla de Alonso Berruguete, 1526-32, del Museo Nacional de Escultura de Valladolid; Cristo flagelado, talla en madera de Diego de Siloe, h. 1525, del Museo Catedralicio de Burgos; El Entierro de Cristo, Óleo sobre tabla de Alonso Berruguete, h. 1540, de la Iglesia Parroquial de San Pedro Apóstol de Fuentes de Nava (Palencia).
Em fin, una exposición única, de altísima calidad, que no nos podemos perder.