La ruta de cascadas de Burgos

Por José María Arévalo

(Una de las cascadas del Molinar bajo un mirador del sendero entre Tobera y Ranera)

“La ruta de cascadas de Burgos entre ermitas, molinos y un puente medieval” titulaba Viajes National Geographic España un artículo de Mari Carmen Duarte, que vamos a ver, como hemos venido haciendo estos días con siete impresionantes rincones que permiten conocer la esencia más salvaje de Navarra; las Chorreras de Despeñalagua en Guadalajara; el Camí de Cavalls en Menorca; el Caminito del Rey en Málaga; el Cares en Castilla y León; y además 8 rutas en la costa de Asturias; la Ruta Roja de Las Tuerces; las seis cascadas imprescindibles en Soria; la ruta de senderismo entre cascadas y pasarelas más bonita de Andalucía ( la Cerrada de Elías); la Garganta de los Infiernos junto al valle del Jerte; otra ruta perfecta en el Parque Natural de la Sierra Norte de Guadalajara que incluye la Cascada del Cañamar; la ruta gallega de las Fervenzas de Raxoi y Parafita y la aragonesa de Ordesa desde su entrada a la Cola de Caballo.

“El río Molinar -cuenta el artículo- podría parecer un modesto curso de agua más entre los innumerables valles y bosques de nuestra geografía. Sin embargo, la belleza que dibuja a su paso es incapaz de dejar a nadie indiferente en este pequeño rincón de Burgos. A su paso por la localidad de Tobera, en la comarca de las Merindades, el Molinar salta y corre entre rocas y desfiladeros, bajo antiguos puentes y junto a ermitas que merecen un desvío en cualquier ruta.

Cerca de Portillo de Busto, en el Parque Natural de los Montes Obarenes, nace el río Molinar, que desemboca más tarde en el Ebro, no sin antes dejar a su paso un bonito paisaje. En ese camino, con el paso de los años, ha erosionado la roca hasta conseguir un desfiladero que se arrincona entre las localidades de Tobera y Ranera.

Tobera es un humilde y pequeño pueblo con casas bajas y una belleza rural única que está rodeado de la exuberante naturaleza de las montañas de las Merindades. Atravesada por el río, que la divide en dos barrios, históricamente ha sabido cómo aprovechar la fuerza de su corriente colocando en su camino molinos y batanes.

Parte de Frías desde 1489, Tobera vive entre un bosque de quejigos y el arrullo de las aguas. El cauce del río, que adopta su nombre de los molinos que bebían de él, pasa entre paredes de roca que antaño eran una importante vía de comunicación, pues la calzada romana que unía La Bureba con Orduña y los puertos del norte tenía por aquí su recorrido.

(Ermita de Santa María de la Hoz en Tobera)

Seguramente esta sea la explicación de la presencia de dos ermitas nada más salir del desfiladero: la de Santa María de la Hoz, del siglo XIII y estilo románico, y la del Cristo de los Remedios, del siglo XVII. La primera, que hospedaba a peregrinos del Camino de Santiago y la segunda, que tiene en su interior la talla de una gran serpiente, se ubican a un lado del puente romano-medieval que cruza el río, punto perfecto para empezar la ruta hacia las cascadas.

Junto a las ermitas se encuentra el mejor lugar para comenzar una caminata ligera que lleva a conocer las cascadas de Tobera. A pesar de que hay dos grandes saltos de agua, señalizados además en un mapa, son muchos los rápidos y pozas que se encuentran por el camino, un recorrido que merece la pena realizar.

Para ello, el paseo empedrado del río, de tan solo un kilómetro por el margen derecho, irá regalando miradores y puentes perfectos para admirar cómo el agua corre y salta entre las piedras. En tan solo 40 minutos, una ruta circular ofrece uno de los espectáculos más mágicos de los Montes Obarenes, pasando por cascadas más o menos grandes y llegando hasta Tobera, por donde siguen discurriendo sus aguas cerca de los antiguos molinos.

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Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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