Por José María Arévalo

(Luis Pérez junto a una de sus obras, ‘The Corner’)
La antigua Galería Rafael presenta estos días la crónica melancólica, bella y sucia de la vida en Nueva York en la pintura del vallisoletano Luis Pérez, que vuelve a exponer su estilo hiperrealista con una treintena de obras realizadas este año, estampas de la vida cotidiana en ciudades como San Francisco y Hong Kong.

(Second & Second/East Village)
“Unas escenas nocturnas – recoge en un artículo Julio Tovar en el Diario de Valladolid- sorprenden a quien se adentra en la vieja sala de exposiciones. No son infrecuentes en la trayectoria del artista, pero quizá se imponga en la memoria del espectador el recuerdo de numerosos paisajes en los que el reconocido pintor vallisoletano, maestro del hiperrealismo, ha dado muestras de su dominio de la luz natural, atrapando destellos, capturando sombras, jugando con los contraluces. También eso ocurre en esta Selección Obras 2025, una treintena de trabajos –22 lienzos y 10 láminas– con los que Luis Pérez regresa a la que fuera sede de la antigua Galería Rafael (calle Miguel Íscar, 11).”

(Prince Street Blues)
En esta nueva propuesta -continúa-, la noche se extiende sobre un puñado de lienzos y congela la vida en un rincón nevado de Nueva York, en Prince Street Blues, donde unas pocas farolas, algún semáforo, el neón de un restaurante italiano y los faros de un coche que alumbran con su luz la caída de la nieve quiebran con dificultad la oscuridad; algunas figuras se recortan en la calle mientras, en primer plano, una mujer se refugia bajo un paraguas transparente que apenas deja adivinar su rostro. Un rincón y unas vidas anónimas que podrían ser los de cualquier ciudad.

(Dos personas contemplan ‘Summit One Vanderbilt/NYC)
También detiene Luis Pérez el tiempo en una icónica brasería mexicana del Soho, vacía en la fría noche neoyorquina pese a la promesa de felicidad efímera que se propaga con la intensidad de sus luces y carteles. Y juega en mitad de la noche nevada con atmósferas inquietantes, como en Blizzard/West Village, con un ciclista deslizándose calle abajo entre coches aparcados y árboles que dotan al lienzo de gran profundidad. Y las luces de neón en una fachada se proyectan sobre el asfalto húmedo y las carrocerías brillantes de los coches, en Georgetown/Crown Signia reflections, tiñendo la noche de un sugerente rojo.

(Georgetown/Crown Signia reflections)
«Juegas a ver hasta dónde puedes llegar. He pintado muchas nevadas, cuando ya ha caído todo y la luz aparece. Ahora quería pintar la nevada en plena noche, que le da una mayor sensación de melancolía. Es más poético. Y los neones siempre me han encantado, es de lo primero que empecé a pintar y quería volver a ellos», reconoce el artista en declaraciones a este diario.

(Grand St/8:25am)
Un estallido de luz y color que encuentra su máxima expresión en una estampa de Hong Kong, Kowloon Express/HK, o ante el icónico cubo de Apple en la Quinta Avenida, con sus tonos azulados y rojizos destelleando en la noche neoyorquina, proyectando su imagen deformada sobre las superficies que atrapan su reflejo. Y los reflejos de un edificio lleno de espejos ponen a prueba la pericia de Luis Pérez en SUMMIT One Vanderbilt.

(Blizzard/West Village)
La mirada del artista también se deja seducir por escenarios más anodinos, sucios incluso. Y lo mismo pinta un coche aparcado en una empinada calle de San Francisco, bajo un cielo gris y enmarañado de cables, en Mustang/Potrero Hill/SF, que se detiene ante un solar nevado y pintarrajeado en el East Village o e un rincón inmundo de Nueva York, en ,, repleto de basuras, pintadas o pegatinas que componen un palimpsesto indescifrable. «Es un callejón donde se ruedan videoclips, películas… Cuando uno se fija encuentra desde una reproducción de un cuadro de Modigliani, a un pequeño grafiti como de una pintura flamenca, unas tortugas ninja o mensajes de amor. Todo muy pop», señala el creador.