Lo del PP es de aurora boreal. O sea, no solamente es incapaz de afrontar la realidad y formular alternativas para combatir un drama social como es el de la violencia en el ámbito familiar y doméstico -injusta y mal llamada «de género»-, violencia que ocasiona cada vez más asesinatos de mujeres y hombres -30 mujeres y 10 hombres en lo que va de año-, sino que se rasga las vestiduras y tiene el descaro de pedir «explicaciones» a la ministra Aido -patética mezcla de sectarismo, ignorancia, radicalismo y ruindad-, como si el PP no hubiera aprobado, junto al resto de partidos con representación parlamentaria, la deleznable LIVG (Ley Integral de Violencia de Género), ni tampoco hubiera jaleado y ratificado, permanentemente y en sede parlamentaria, todas las sexistas, injustas, arbitrarias, discriminatorias y anticonstitucionales políticas «de género» propuestas por el Gobierno socialista y sus socios «de progreso», derivadas de una ley sin parangón en Occidente por vulnerar derechos fundamentales de la mitad de la población española, como, entre otros, el de presunción de inocencia (art. 24 CE) o el de igualdad ante la ley (art. 14 CE), pilares básicos de un Estado Democrático y de Derecho.
¿De qué va el PP? ¿Hasta dónde sus complejos? Como alternativa real de Gobierno, ¿derogaría una ley tan execrable? ¿será siquiera capaz de criticar los efectos perversos de la ley, como la proliferación de las denuncias falsas o la inseguridad jurídica, la humillación y el terrible daño moral y psíquico que comporta su aplicación para cientos de miles de hombres que han pasado, y pasan, injusta e injustificadamente, por la amarga experiencia de ser detenidos y encarcelados -automática y preventivamente-, por la mera denuncia de sus ex parejas? ¿hasta cuándo la traición del PP a sus votantes? ¿hasta cuándo el cinismo de la «corrección política» que niega en el Parlamento lo que se pregona en la calle y en privado? Además, como principal partido de la oposición ¿por qué es tan torpe que, ante tan triste coyuntura, ni siquiera es capaz analizar los hechos y plantear el fracaso de una ley tan descabellada como injusta? Así se las ponían a Fernando VII… ¡Pena de 10 millones de votantes, siempre ninguneados en sus aspiraciones y demandas por quienes deberían defender sus intereses!
