¿Por qué la escandalera contra los chivatos antitabaco y nadie dice ni pio de la campaña institucional de denuncias contra el varón «saca tarjeta roja al maltratador»?

¿Por qué la escandalera mediática que se ha organizado contra los chivatos que denuncian a los fumadores que incumplen la nueva ley antitabaco y nadie dice ni pio sobre la campaña institucional que promociona la delación del varón por el hecho de serlo, orquestada tras el estúpido eslógan «saca tarjeta roja al maltratador»?

No critico la ley antitabaco en su conjunto, pero sí la demagogia y el cinismo social y mediático que calla, y aún aplaude, cosas incomparablemente más importantes -y graves- como el denigrante eslógan de marras, mientras se escandaliza por este «atentado» a la libertad de fumar.

Cosa distinta es fomentar la delación -propia de un estado totalitario y policial-, pretendiendo que todos nos convirtamos en delatores y policias políticos. Como los amigos de la Inquisición. Eso es abyecto. Bien está que se prohiba el uso del tabaco cuando atente contra el derecho a la salud de los no fumadores; pero, simultáneamente, los que lo son tienen también todo el derecho del mundo a envenenarse lentamente. Por tanto, la ley antitabaco no me parecería mal si permitiera que hubiera establecimientos privados (restaurantes, bares,…) solo para fumadores.

Por eso me parece justificada la polvareda de críticas que han levantado las declaraciones de la «testicular», «contradecida», «vejativa» y «planetaria» ministra de la cosa, Leire Pajín, llamando al chivatazo ciudadano contra los fumadores -y contra los dueños de los establecimientos impíos-, que incumplan su reciente ley antitabaco. Prácticas delatorias sólo imaginables en el estado totalitario más feroz, como el nazismo alemán o el estalinismo soviético.

Sin embargo, aquí nadie dice ni pio sobre la abyecta, indiscriminada y fundamentalista campaña institucional del «denúncialo» (apoyada con fervor cuasi místico por todos los partidos políticos) que, desde hace años, se sigue contra los varones españoles por el mero hecho de serlo -y no sólo por cuenta de las presuntas «maltratadas»-, sino por la «ciudadanía» en general; por los compañeros, amigos, vecinos y justicieros varios «que pasaban por allí», consecuencia de las masivas y manipuladoras campañas de la propaganda oficial en apoyo de la execrable ley integral de violencia de género.

Una ley que desde su infausta promulgación hace ahora seis años, ha venido conculcado los derechos humanos de un millón de hombres, victimas propiciatorias de denuncias falsas, deteniéndolos -automática y preventivamente-; violando sus derechos fundamentales como la presunción de inocencia, la igualdad ante la ley y el principio de legalidad jurídica, entre otros, que consagra la Constitución; encerrados hasta tres días en calabozos infectos, fichados, tomadas muestras de su ADN, registrados en diferentes bases de datos de criminales sexuales; escarnecidos, violada su intimidad y su derecho al honor y su propia imagen; humillados y vejados hasta el extremo -sin pruebas, ni investigación policial alguna que lo avale-, por la mera denuncia de sus parejas o ex parejas femeninas, para finalmente, tras un juicio sumarísimo (juicio rápido lo llaman) a cargo de tribunales de excepción (tribunales de violencia sobre la mujer) ser puestos en libertad, sin cargo alguno, en la inmensa mayoría de los casos.

Teniendo que soportar, encima, que la chusma feminista les siga ultrajando -pateando el Estado de Derecho- afirmando desvergonzadamente que el hecho de que las causas sean sobreseidas y archivadas en su inmensa mayoría -y rechazadas las órdenes de protección solicitadas- no supone la inocencia de los «imputados» -y la falsedad de las denuncias- sino que sólo indica «que no se ha podido probar su culpabilidad». ¡¡Toma Estado de Derecho, toma presunción de inocencia, tutela judicial efectiva, igualdad y respeto a la Ley!! A su lado, Goebbels, un inocente pardillo.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leido