No daba crédito a lo que acaba de oír. Mi señoría es que, a veces, es como los Bancos y las Cajas de Ahorro en épocas de crisis, que no da crédito a según qué personas o cosas, porque si uno no es cauto en esto, luego pasa lo que pasa: que si la sub-primes, que si los créditos basura, que si la falta de liquidez… Que es arriesgado el asunto, vamos.
La purita realidad es que mi señoría omnisciente vio en la tele a la ministra de Economía y Hacienda del Gobierno de España, cuyo Presidente es todavía el señor Rodríguez, este jovencito que nació en Valladolid y la gente cree que es de León o, a la vice-contra, es decir, que nació en León y dizque es de Valladolid; que luego, a los treinta y tantos años se presentó a unas elecciones generales y como él iba de primero en la lista del partido socialista, aquí llamado PSOE, cuya O no se sabe a qué viene en algunas ocasiones, por ejemplo, en el caso del propio señor Rodríguez, no es obrero… Pero bueno, dejemos eso, que el que se para en pelos no come tocino.
De lo que va a tratar mi señoría ilustrísima en la chirigota hodierna es acerca de unas palabras que pronunciaba la ministra de Economía y Hacienda, nada menos que en sede parlamentaria, en las que decía textualmente, que no testicularmente -que eso es otro asunto distinto, impropio de una ministra, que no tiene esas cosas-: “Es imposible reducir el déficit y, a la vez, reducir los impuestos” (sic). Y eso es lo que acababa de oír mi señoría, a pesar de que uno está un poco teniente –“hipoacusia senil”, que diría un otorrinolaringólogo– y son las palabras a las que el titi , o sea, yo no daba crédito. Con razón, ¿a que sí?
¿La ministra no intuye que, al menos inicialmente, disminuyendo los gastos, “coeteris paribus” los demás conceptos, que decimos los economistas de pro, no hay que aumentar e incluso se pueden disminuir los impuestos y reducir el déficit?
Le pongo un ejemplo sencillito para que lo entienda. Datos: Gastos, 100.000; Ingresos (impuestos), 8; Déficit (100.000 – 8), 92.000. Éste es, por ejemplo, el “statu quo” inicial. Pues bien, doña Elena: si los gastos se reducen a la mitad (disminuyendo, verbi gracia, el sueldo de los ministros, las subvenciones al cine español, los gastos de viajes de miembras y miembros del Gobierno en aviones Falcon; los salarios de traductores de idiomas de las distintas Autonomías para uso y disfrute de las Cámaras; los gastos de pesca en mares exóticos que se realicen por cuenta del Estado; las ayudas a países foráneos para que digan que somos no buenos sino buenísimos; los gastos de etc.; los gastos de etc.; los de etc.; y muchos más); si los gastos se reducen a 50.000. Entonces: Gastos, 50.000; Ingresos (impuestos), 6; Déficit (50.000 – 6), 44.000. Sencillo. Igual que aquello de “cuenta neta, 25 mujeres, 50 glándulas mamarias”, por no decir tetas. Si alguien, aún no siendo ministra o ministro (¡perdón por la coz semántica, individuos de la RAE, pero los rojos y el clero son muy proclives a la inútil repetición de los géneros!); si alguien no entiende el caso práctico expuesto por mi señoría, ésta cree que el sujeto en cuestión debe hacerse reconocer urgentemente por un psiquiatra. Su cociente intelectual puede estar tocando fondo, como nuestra economía. ¿O no?
25-06-2009.
