Cajón de Sastre

Rufino Soriano Tena

Abandonar la ironía sería… tontería.

(o “¿Cuándo se dice lo que se piensa?”).

Mi señoría se está planteando la idea de cambiar de actitud a la hora de garrapatear estas chirigotas. Vuesarcedes deben estar pensando que este prolífico autor debe ser gilipollas, tonto del haba o algo peor cuando, a propósito de que el jefe de la oposición dice que para prestarle 2.000 millones a Grecia habría que someter la cuestión al Parlamento, va mi señoría y escribe: “Por favor, señor Rajoy, que se está hablando sólo de prestar una cantidad ínfima, que no llega ni a los 333 billones de pelas… ¿Cómo se va a molestar a sus señorías con estas bagatelas…? Sus señorías tienen cosas más importantes que hacer”(¡tararí, que te vi!). Bueno, pues muchos de vuesarcedes, al parecer, creen que quiero decir lo que he dicho, en lugar de advertir que estoy manifestando justamente lo contrario. Hace unos días, no sé cuándo, mi señoría les hablaba de la ironía y les aleccionaba, de la mano del DRAE, de que se trata de una “figura retórica que consiste en dar a entender lo contrario de lo que se dice”. ¿Está claro? Aun habiéndoselo repetido ahora, ¿todavía hay dudas al respecto? Bueno, pues el que, o los que persistan en el error quizá sea conveniente que se lo hagan ver por un médico, porque si bien es cierto el adagio latino de que “stultorum numerus infinitus est” y podría darse el caso de que alguna lectora o lector padeciera o padeciese esa dolencia y todavía no le hubieran o hubiesen nombrado ministro, estaríamos ante un caso grave, de difícil terapia o cura. Porque si bien es cierto el refrán latino que les he endilgado “ut supra”, afirmando que “el número de tontos es infinito”, no es menos verdad aquel pensamiento de don Jacinto Benavente de que “cuando no se piensa lo que se dice es cuando se dice lo que se piensa”.

En fin, seguirá uno inmerso en la duda y no sabrá por qué decisión optar: si por dar a entender lo contrario de lo que diga, que es lo que viene haciendo mi señoría casi siempre ahora, es decir, escribir estas cuchufletas en plan coñón, burlón o bromista o, por el contrario, llamar al pan, pan y al vino, vino. Pero es que esto último lo hace cualquiera….

Ayer, por ejemplo, una de las propuestas que mi señoría le hacía al Ejecutivo en su chirigota (cfr. «¿2.000 millones ´only´? Para Grecia, claro»)era que para poder prestarle a Grecia esos 332 billones 772 mil millones de pesetas que, al parecer, sugirió el todavía Presidente del Gobierno de España, señor Rodríguez, que estaría dispuesto a prestarle; mi propuesta, repito, era que se subiera o subiese el IVA en un 50 %, o sea, que del 16 % se pasara o pasase al 24%. Y a continuación, uno reflexionaba de esta guisa: “Y así contribuirían los 4,5 millones de nuestras paradas y de nuestros parados, que seguro que estarán deseando ayudar a los griegos,manque” ellos tengan que privarse de algún caprichito que otro. Y los demás contribuyentes ya se sabe lo que disfrutamos con lo de pagar más impuestos nos chiflapara eso de la solidaridad o “sólo-dar-y-dar”, aunque aquí sería prestar nada más. Esto es lo que los genios llamamos ingeniería financiera simplemente”.

Ni que decir tiene que mi señoría siempre ha venido refiriéndose, al hablar de la equivalencia, en pesetas, de 2.000 millones de euros; ha venido refiriéndose, digo, a billones ingleses (uno cada mil millones), no a billones españoles (uno cada millón de millones), que en esto sí que hay que llamar al pan, pan y “al licor alcohólico que se hace del zumo de las uvas exprimido, y cocido naturalmente por la fermentación”, vino. ¿O no?

28-03-2010.

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Autor

Rufino Soriano Tena

Licenciado en Ciencias Químicas por la Universidad de Granada y Licenciado en Administración y Dirección de Empresas por la Universidad Comillas (ICADE) de Madrid

Rufino Soriano Tena

Licenciado en Ciencias Químicas por la Universidad de Granada y Licenciado en Administración y Dirección de Empresas por la Universidad Comillas (ICADE) de Madrid

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