(o “Lo que hubieron, lo que cobran y lo que han estos puñeteros”).
Pues es que esta mañana, cuando fui a la puerta del piso, a recoger el periódico, como siempre, hícelo sin gafas, y el primer vistazo a la portada de ABC, por una deficiente lectura de mi señoría, fue aterrador y , por qué no decirlo, sugerente a la vez. Y es que tropeceme, al primer golpe de vista, con una foto (esa la vi clarísima) de don José, de don José Bono, con la mano derecha enhiesta… Bueno, no sé: así como o acogiéndonos a los leedores con un ¡Hola, amigos!, tan propio de él o… iniciando un saludo fascista (¡qué horror!) como aquellos que hacían los alemanes en las guerras mundiales, cuando iban a decir lo de ¡Heit Hitler! Y es que, además de no llevar gafas iba aún sin despertarme del todo… Eso: como si, el otro día, el señor ministro de Fomento, cuando estaba en Turquía escuchando una rueda de Prensa del todavía Presidente del Gobierno del Reino de España, señor Rodríguez, y se quedó un poco adormilado, y luego, medio se despertó, pero no del todo; pues como si en ese instante él hubiera o hubiese tenido que ir a por el periódico a la puerta de mi piso (o del suyo) y, estando bajo los efluvios de su leve somnolencia o sopor post-onírico transitorio, cogiera o cogiese el rotativo y… Pues lo que mal leí fue: “Sus señorías desnudan su matrimonio”. Y me dije: “Pero , ¿es posible!? ¡Qué descoco, ¿no?!“. Y, en efecto, es que leí mal. Mas como la naturaleza humana es tan proclive a las fantasías eróticas… Claro, como que lo que decía de verdad no era que sus señorías fueran o fuesen a mostrar la ´poblemática´ (sin r, por supuesto) conyugal interna que cada uno (o una) tuviera o tuviese. Y es que en lugar de decir “matrimonio” decía “patrimonio”. Menos mal, porque si no…
Afortunadamente, la cosa era distinta. Se trataba tan solo de enumerar el conjunto de bienes propios o adquiridos por los miembros (y las ´miembras´, con perdón de la RAE) de las Cámaras. Esto es algo que al personal le encanta: saber cuánto se lleva a casa cada quien de los que rigen nuestros destinos, qué cantidad de pasta tienen, cuánto les pagamos, etc. En efecto: entre la gente de la calle hay quienes se creen lo que dicen, y otros, no. Mi señoría más bien no. Claro, porque ellos no van a tirar piedras contra su propio tejado, es decir, no van a practicar el ´autoapedreamiento´ habitacional propio, como podría decirse ahora. Y por tanto, que no por lo tonto…
En las tertulias de radio y televisión, como los tertulianos saben tanto todos de todo, mi señoría ha oído decir que lo que interesa conocer es lo que los infrascritos (sí, las ´miembras´ y los miembros citados líneas atrás, por no decir ´ut supra´, que tanto repito) tenían antes de iniciar su trabajo (es un decir esto de “trabajo”) en la “re” pública y lo que tienen o han, en la actualidad, para así ver cuánto han insaculado a costa de nuestros impuestos, a lo largo y a lo ancho de su vida activa. (Lo de “insacular” es en sentido lato,“of course”. Mi señoría conoció este sonoro verbo precisamente de boca de don José Bono, aunque él lo usaba “stricto sensu”, cuando introducía -por no decir metía- votos secretos en una bolsa para proceder después a un escrutinio).
A mi señoría, al contrario de lo que quieren saber los tertulianos, le interesan más otros detalles. Por ejemplo, para uno ha constituido una gran satisfacción saber que el señor Llamazares “tiene un piso con trastero en Asturias”. ¿Por qué? Porque los trasteros son de lo más útil en una casa. ¿Te estorba alguna cosa en el piso, porque está deteriorada, obsoleta o similar? ¡Al trastero! ¿Qué dónde se van a guardar las bicicletas de los niños? ¡En el trastero! Lo que ocurre es que, con el paso del tiempo, igual los niños se hacen mayores y en lugar de tener bicicletas tienen BMW, Mercedes, etc., es decir, coches, y claro, éstos ni se pueden bajar al trastero, ni caben en él, etc.
Otro caso de interés para mi señoría es que de don José Blanco se dice que “comparte con su mujer dos casas en Pontevedra y Madrid, tiene dos coches y declara el 50 % del ajuar”. Esto, ¿qué le dice a uno? ¿Tienen hecha separación de bienes o no? Y por otra parte, ¿es que los demás parlamentarios no tienen ajuar? En los casados, además, puede surgir la duda de que su matrimonio sea entre dos homosexuales o dos heterosexuales. Para el primer caso, mi señoría tiene realizados estudios profundos en el sentido de que no se debe llamar matrimonio (cfr. “De qué nombre dar a las uniones homosexuales” ), con lo que la cosa no se prestaría a confusión. Y en cuanto a las uniones heterosexuales podía ser interesante conocer si las parejas hacen vida ´marítima´ o no, y si tienen ´condescendencia´.
Finalmente, uno quiere advertir y prevenir a los contribuyentes imbéciles, que casi todos los parlamentarios confiesan tener hipotecas. Acudido que ha mi señoría al DRAE, de momento ha encontrado que hipo es o “movimiento convulsivo del diafragma que produce una respiración interrumpida y violenta y causa algún ruido” o “ansia, deseo intenso de algo” o “encono, enojo y rabia con alguien”. Si a estos tres maleficios se le añade el sufijo “teca” que, como hasta los más incultos sabemos, es ´un sitio donde hay algo´ (biblioteca, donde hay libros; discoteca, donde hay discos; etc.), resulta que casi todos los parlamentarios (¡como para fiarse de ellos…!) son terribles continentes de alguna o algunas de esas tres cosas funestas. ¡Qué horror! ¿O no?
9-09-2011.
