Los independentistas catalanes, con patrocinio de CiU y notables del PSC-PSOE, han llenado el centro de Barcelona para reclamar su reconocimiento como nuevo Estado europeo.
Pero sus instigadores saben que la UE nunca los admitirá.
El problema para el romanticismo independentista y su sensiblería patriotera es que la adhesión de un nuevo país a la Unión requiere la aprobación unánime de sus 27 miembros, incluyendo España.
Si un hipotético Estado catalán solicitará ese ingreso, España diría no; y harían igual otros países, empezando por Francia, para que no se le contagien los nacionalismos en su territorio.
Una Cataluña independiente fuera de la UE tendría que vender…
