Con casi seis millones de desempleados cuya mayoría quiere trabajar, el Gobierno trata de evitar las avalanchas migratorias ilegales que, al contrario que en los años de la falsa riqueza, no van a ocupar puestos que los españoles rechazaban entonces.
Los españoles pelean para conseguir las labores más despreciadas antes. Ahora, el destino de la inmigración ilegal es casi siempre la mendicidad a la puerta de los supermercados y en las calles, o la pequeña delincuencia de manteros y vendedores de drogas.
Mientras, crecen en España embriones de partidos que hacen moderado al Front National (FN) de Le Pen, y que protestan por los beneficios que obtienen u obtendrán los indocumentados, incluidos sanidad, salarios de subsistencia o pensiones sin haber cotizado, y que reducen los de quienes contribuyeron.
Muchos de quienes protestan enérgicamente contra las vallas con cuchillas-concertinas reinstalada…
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