Esta semana comenzó con la eclosión de dos de los casos de corrupción más llamativos de la democracia española, el de Jordi Pujol y su tribu política y familiar nacionalista, que nos esquilmó como mínimo y como se demostrará 3.000 millones de euros, y el de los 45 políticos del PP del sumario Gürtel concluido ya por el juez Ruz, que nos robó como máximo 120 millones.
Casi nadie hablaba de la corrupción generalizada del nacionalismo catalán hasta que Pujol, presidente de la Generalidad 23 años y su Patriarca permanente, confesó este lunes que había ocultado cuatro millones de euros en paraísos fiscales.
Revelación tramposa, según los expertos: es como si hubiera aceptado que él y sus cuates habían robado una tiendecilla, cuando a la misma hora habían asaltado un banco y se habían llevado la caja fuerte rebosante de dinero y joyas.
Los casos Pujol y Gürtel no son equiparables: uno es el de esos megamaleantes de los comics de Batman…
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