El actual lendakari, Íñigo Urkullu, fue el primer nacionalista que reconoció que la independencia llevaría el País Vasco a la ruina.
Advertencia que no ha alterado al independentismo del gobierno catalán, al menos aparentemente, lo que comienza a dañar su economía como seguirá haciéndolo si no para su locura.
Acaba hacerse público algo tenebroso para el supremacismo histórico, moral y técnico catalán: su industria farmacéutica, antes a distancia sideral de la que sumaba el resto de España, es ya segundona de la madrileña, y cayendo.
Las compañías de esta élite industrial y económica invierten menos en Cataluña, tanto en la construcción de nuevas empresas como en investigación y desarrollo, I+D…
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