El actor italiano protagoniza «Io, Don Giovanni», la nueva película de Carlos Saura en la que da vida a Lorenzo Da Ponte, el libretista de la célebre ópera de Mozart.
En Io, Don Giovanni, la esperada película con la que Carlos Saura inauguró el pasado Festival de Málaga y que se estrenó el viernes, Lorenzo Balducci aparece guapo, esbelto, lozano, seductor. En algunos planos recuerda al John Malkovich de Las amistades peligrosas, incluso en una versión mejorada.
En persona, sin embargo, su aspecto es otro. Luce un pelo muy corto y el rostro demacrado. «Es que he tenido que perder doce kilos para rodar lo próximo de André Techiné, Terminus des Anges», explica entre sonrisas en un hotel de Málaga. «Empecé a adelgazar en octubre y los primeros siete kilos los perdí fácilmente, pero mido 1, 85 cm, pesaba 82 kilos y ahora peso solo 70. No es que esté débil – continúa -, pero sí nervioso. Fumo, cosa que antes no hacía, y ¡tengo hambre! A una amiga mía le da miedo que me vuelva anoréxico, pero esto es solo para esta película». Gajes del oficio.
Lorenzo Balducci (Roma, 4 de septiembre de 1982), que se expresa muy bien en un español cuasi perfecto y con marcada pronunciación de las zetas, empieza a despuntar en su país gracias a trabajos televisivos y películas como Due Vite per Caso- estrenada allí en mayo- o esta Io, Don Giovanni, en la que Saura hace el más difícil todavía: mezclar magníficamente el personaje con la persona, la vida de Da Ponte (1749-1838) con la ficción de Don Giovanni, y, sobre todo, la música con las palabras.
Balducci encarna al protagonista, un judío veneciano converso ordenado sacerdote. Libertino y poeta, es condenado por la iglesia al exilio durante quince años, y, recomendado por su amigo Giacomo Casanova, se instalará en Viena para ser recibido por Antonio Salieri. Allí, tras conocer a Mozart y vivir, entre tanto, atrapado entre la pasión desatada de una soprano y el amor puro de una joven virtuosa, escribirá para el maestro tres libretos: Las bodas de Fígaro, a partir de la obra de Beaumarchais (1786), Don Giovanni (1787), inspirada en sus episodios libertinos y en la que se centra la película, y, por último, Così fan tutte (1790).
Felicidades por su trabajo. Por cierto, ¿Le gusta Mozart?
Sí, pero ahora me gusta más. No conocía a Lorenzo da Ponte. A mi familia le encanta la ópera, pero yo, siendo italiano, solo había ido tres veces en mi vida. Tengo una formación más moderna y me gustaba la idea de relacionarme con algo distinto, que no tiene nada que ver con mis gustos. La idea de la música me daba fuerza, me ayudó a conseguir interpretar al personaje.
Aparte del nombre, ¿tiene algo en común con Lorenzo Da Ponte?
No (sonríe), no soy como el Don Juan. No soy seductor ni mujeriego, pero tengo una personalidad muy compleja y por eso había detalles del personaje cercanos a mi personalidad. La verdad es que cuando leí el guión me di cuenta de que me daba un poco de miedo abordar esta figura llena de contradicciones y con tanta curiosidad por la vida.
¿Es cierto que Casanova fue el inspirador de Da Ponte?
Bueno, no está claro, porque si lees las memorias de Da Ponte- que vivió 99 años-, te das cuenta de que todo está muy novelado. Hay cosas exageradas y Saura no quería hacer una película fiel, sino que quería reflejar una atmósfera a través de la historia desde este personaje tan oscuro y tan lleno de contradicciones.
¿Por qué en la película Casanova traiciona a DA Ponte y le da la lista de sus amoríos a la amante de Da Ponte?
Para que Da Ponte no se corrompa en el buen sentido y no se enamore de verdad de la otra. El amor representa el momento de crisis para la gente, y el amor es el momento de cambio en la vida, pero es la visión de Saura.
¿Y cómo lo encontró a usted Carlos Saura?
Hice un casting muy largo para Saura en Viena. Tenía que hacer la escena en la que Da Ponte le explica a Mozart la historia del Don Juan, y es un monólogo bastante difícil.
¿Fue al casting vestido de época? Dicen que el vestuario ayuda mucho al actor a meterse en el personaje.
Sí, es cierto. Yo fui sin peluca, pero vestido como si fuera él. En esta película, para mí el personaje empieza cuando comienzas a ensayar. La ropa, el maquillaje, los decorados… todo eso representa más del cincuenta por ciento del trabajo para entrar en el personaje. Porque aunque uno haya leído muchas cosas y haya visto películas como Las amistades peligrosas, de John Malkovich, lo que más me ayudó fue el trabajo de cada día, los actores, los ensayos con Carlos.
Menciona a John Malkovich, y, es curioso, porque en la pantalla recuerda a él, aunque usted es más joven y más guapo.
(Sonríe). John Malkovich me encanta. Su cara, su tipo de trabajo… Tiene un talento increíble. Me gustan los actores que son guapos, no porque lo sean, sino porque aportan algo. Y las mujeres, también. Actrices como Meryl Streep o Anna Magnani son mucho más guapas que otras que tan solo son guapas y no tienen nada de especial.
La que le han puesto en la película es bastante guapa, no se quejará. Tiene unos ojos verdes increíbles.
Sí, Emilia Verginelli. Esta es una película muy visual, muy estética, y la importancia de la belleza es fundamental.
Y a usted, ¿le gusta verse a sí mismo en la pantalla?
Si me gusta la película, sí. Pero aún así, solo puedo verla dos o tres veces y ya está, porque me incomoda un poco la idea de mirarme. No me relaciono con la persona que veo en la pantalla, es como si fuera otro. Sin embargo, me encanta Leonardo di Caprio, por ejemplo, y sus películas puedo verlas varias veces. Él quizá no (sonríe).
¿Carlos Saura es un director mandón?
No. Carlos te da mucha libertad y sabe muy bien lo que quiere del actor, así que no te deja hasta que no le has dado lo que él quiere. Pero lo hace de una manera muy delicada. He trabajado con otros directores más jóvenes, con menos experiencia que Carlos, que no saben que actuando de esa forma pueden obtener lo que quieren. Por mi personalidad, yo tengo que trabajar relajado, y Carlos también. Nunca le he visto gritar, no se enfada. Porque está seguro de lo que hace.
Usted tiene una dicción muy clara, tanto en español como en italiano, y en la película, rodada en italiano (aunque con partes en alemán), resulta muy bonito, un italiano muy puro.
Me alegra mucho oírte decir eso, porque hay películas en las que se reconoce muy bien el acento de la ciudad del actor, y eso no me gusta nada. En cualquier caso, en mi casa siempre se ha hablado un acento neutro, pero puedo hablar con acento romano, o veneciano.
No sé si procede de una familia artística, pero ¿por qué quiso ser actor?
No, pero el lado artístico siempre se ha respirado en casa. Actuar siempre ha sido mi pasión, aunque sea tímido y reservado, pero siempre he tenido interés por la cámara y las películas. Recuerdo que de pequeño quería expresarme de cualquier manera. E.T. el extraterrestre fue la primera película que me hizo llorar y mientras la veía, sentía que algo dentro de mí quería salir. A los 14 años hice un curso de teatro en Roma, iba dos veces a la semana, y en ese contexto me di cuenta de que quería ser actor.
Tiene 27 años y su primera película la hizo con 18, en el 2000, a las órdenes de Pupi Avati. Qué buen comienzo, ¿no?
Desde luego que sí, pero era la primera vez que iba a un plató y todo me daba miedo. Solo tenía que decir una frase, pero el pensar que llegaba el momento me aterrorizaba, y todo me parecía demasiado grande y complicado para mí. Al cabo de unos años me di cuenta de que todo eso se podía digerir fácilmente.
Y desde entonces, ya ha hecho muchos trabajos. Giorni di Leone, que tuvo mucho éxito en Italia, Los testigos, de André Techiné, con el que ahora vuelve a trabajar junto a Carol Bouquet… Teniendo en cuenta su facilidad para los idiomas, ¿sueña con dar el salto a Hollywood?
Sí, pero por ahora es solo una idea. No es algo por lo que esté trabajando, sino que creo, y ahora es cuando me estoy dando cuenta, que es muy importante conseguir una identidad propia en mi país. No porque sea más fácil, que lo es, por el idioma y por tantas cosas, sino que es una cuestión de pertenencia. Y solo empezando en mi país, como Penélope Cruz, o Banderas o Marion Cotillard, puedo llegar a otras cosas. He trabajado en una película italiana con Jordi Mollá, y me parece estupendo. Para mí representa la idea del actor que hace lo que quiere. No le conozco bien, solo de esta vez que hemos trabajado juntos, pero me ha dado la impresión del actor que a mí me gustaría ser.
¿Le gustaría participar en el cine español?
Sí, ¡mañana! Cuando quieras (ríe) Todavía no tengo un acento para poder hacer de un español, pero me encantaría.
¿Y qué directores le interesan?
Me gustaría trabajar con Gus Van Sant, Sophia Coppola… No digo Scorsese y otros nombres porque quiero ser realista (sonríe), aunque Gus Van Sant también es difícil, pero Sophia Coppola acaba de hacer una película en Italia, por ejemplo. Y en España, me encanta el cine de Pedro Almodóvar, Princesas, de Fernando León, donde me gustó mucho Candela Peña. También Te doy mis ojos, de Icíar Bollaín…
¿Cómo ve la actual situación del cine italiano?
Parece que se está revolucionando, hay muchos autores, y es verdad, porque desde hace unos años tenemos nuevos autores, actores… pero es la industria la que no funciona. Porque no hay dinero para el cine, y cada vez baja más y es una cuestión política, no hay respeto para la cultura con este gobierno.
La época dorada del cine italiano fue el neorrealismo.
Pero no podemos volver a ese tipo de cine, no funcionaría. Tenemos que buscar un nuevo lenguaje para contar historias, y, por ejemplo, directores como Matteo Garrone (Gomorra) y Paolo Sorrentino (Il Divo, sobre Andreotti), tienen una personalidad muy fuerte. También hay otras películas muy malas.
Manuale d´Amore 2 era horrible. La primera estaba muy bien, pero la segunda parte…
Es que en Italia, si pones «amore» en el título de una película, tiene éxito. Es algo muy estúpido, porque hay muchas películas con esa palabra. Las que salen en Navidad tienen un éxito espantoso.
En español el término espantoso tiene un significado negativo.
Sí, es que son películas con un éxito increíble, pero espantosas (ríe).
Por último, y volviendo a Don Giovanni… ¿Es justa esa fama de ligones de los italianos?
Bueno, en general tenemos la idea de los italianos como personas que quieren disfrutar de la vida demasiado y de que no son profundos en los sentimientos, de que son demasiado ligeros, pero no es verdad.
Así que lo de Mastroianni en Matrimonio a la italiana es mentira.
(Ríe). Es un poco cliché, demasiado exagerado. Además, los tiempos cambian y hay una evolución, y yo creo que estoy en un momento de mi vida en el que el lado ligero y el lado profundo luchan entre ellos y quieren conseguir algo; les gustaría conseguir algo. Y no solo porque a los 27 años uno es joven, sino que, también algo cambia en la cabeza y es como si estuviera viviendo un momento de crisis, pero la crisis siempre es algo positivo.
