Para la elaboración de la novela me instalé durante casi un año en una antigua celda del monasterio.
1554. El monasterio benedictino de Sant Benet se hunde en la más ruin miseria. Como él, muchos otros monasterios catalanes van también a la deriva, una situación que beneficia las ambiciones del rey Felipe II. Sin embargo, el nuevo abad de Sant Benet, Pere Frigola, indignado por la situación crítica e injusta que encuentra, cree que existe una solución y se plantea el reto de hacerlo resurgir de sus cenizas cueste lo que cueste y a pesar del peligro que ello puede conllevar. Intriga y suspense, vida y muerte, amor y odio se mezclan en una novela que retrata los estragos de la corrupción política, religiosa y social en la segunda mitad del siglo XVI, así como la situación precaria de un pueblo devastado.
La nueva novela de Gironell -escrita en el escenario del propio monasterio de Sant Benet, donde el autor ha estado confinado durante un año- es una historia que nos asoma a las tradiciones, al arte, a los viñedos, a la gastronomía, a las relaciones y a los intereses enfrentados existentes en el momento del renacimiento de uno de los monasterios con una historia más convulsa.
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Para la elaboración de la novela me instalé durante casi un año en una antigua celda del monasterio.
El hecho de vivir allí fue muy evocador e inspirador.
Como pasa a muchos héroes que están llamados a hacer algo que nunca hubieran creido que iban a hacer, Frigola nunca hubiese imaginado que iba enfrentarse a Felipe II, el rey de Castilla, y sus autoridades eclesiásticas.
No hemos aprendido nada de la historia. Se repite para mal. 500 años más tarde de esta historia las relaciones entre Cataluña y España están más tensas que nunca.
No sé por qué en las jerarquías eclesiásticas mantienen un doble discurso moral, porque son tan fariseos en el sentido de que no predican con el ejemplo.
Los monjes y curas con los que he hablado son muy reacios a la manera de actuar del Vaticano.
La Iglesia tiene un aparato muy potente que se encarga de aniquilar o silenciar las voces discordantes que hay dentro de ella. No tienen voz propia.

