Hoy solo quiero dejar constancia de que la humildad es básica, virtud genérica, válida en el ámbito civil y religioso
(Jairo del Agua).- En el caso concreto de la humildad hay que citar tres cimientos. Después de empezar, como ya he expresado, por el «reconocimiento» pormenorizado de nuestro caudal positivo, de nuestra realidad (quién soy de fondo, cuál es mi personalidad) hay que descubrir la desapropiación, la limitación y la no comparación.
1. La desapropiación consiste en darme cuenta de que todo, absolutamente todo, lo he recibido y no lo he creado yo. Fluye dentro de mí pero no es mío. Puede que me haya esforzado en descubrirlo y cultivarlo. He hecho muy bien. Ahí está «la parábola de los talentos» para confirmarlo. Pero todo empezó con los dones recibidos gratuitamente.
Si posees una potente inteligencia, es que la recibiste. Si tu fuerza y tu salud son de hierro, es que ya las tenías en tus genes. Si tal o cual habilidad propia te han hecho llegar muy lejos, es que naciste dotado para eso. Sin la conciencia clara de que todo es recibido no hay posible humildad.
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