Es un hombre tierno, cariñoso, cercano, que te recibe con las puertas abiertas. La gente entra constantemente a saludarle, a hacerle consultas...
(Jesús Bastante).- Miguel Ángel Mesa Bouzas es un gran amigo de Pedro Casaldáliga, y acaba de publicar con Publicaciones Claretianas «Los cinco minutos de Pedro Casaldáliga«, un compendio de frases, de poemas, de trozos de vida y de pensamientos de este hombre santo que vive y peregrina en Sao Félix de Araguaia.
Miguel Ángel le ha conocido personalmente, y cuenta que «su casa es un palacio episcopal donde se meten los gatos de la vecina y se encuentran a Pedro lavando su pequeña ropita en la pila». El también poeta opina que, en definitiva, «las causas de Pedro son todas las del Evangelio, sólo que puestas hoy en una tierra concreta».
¿Cómo surgió este libro?
La idea me surgió el año pasado, cuando terminé una recopilación de trozos de sus poesías. A mí me gusta mucho la poesía, escribo poesía, y en ese aspecto Pedro y yo tenemos mucha afinidad (yo como discípulo, y él como maestro). Quise recoger trozos de sus poemas y estructurarlos para que hubiera uno para cada día del año. A Pedro le pareció muy bien la idea y me dio todo su ánimo. Lo envié a Publicaciones Claretianas para ver si podía salir, y el director me dijo que le parecía mejor añadir, además de sus poemas, trozos de sus otros escritos. Entonces tuve que reelaborar el libro y adentrarme en otros libros que recogen toda su vida, sus diarios íntimos, etc. Así que ha resultado una especie de síntesis de su palabra, de su pensamiento y de su propia vida.
¿Cómo conociste a Pedro Casaldáliga?
Allá por el año 92 me puse en contacto con él, porque ya le conocía por sus escritos y poemas. Le envié la experiencia que había tenido en Nicaragua en los años 80, y otras cosas relacionadas con las causas con las que él también había estado metido.
¿Estuviste en la Revolución Sandinista de Nicaragua?
Estuve en el año 86. Conocí a Ernesto Cardenal en algunos actos, y de hecho, en un momento tuve la suerte de haber recibido una carta suya animándome en la poesía. Tener guardada esa carta para mí es un honor.
A la carta que le envié a Casaldáliga me respondió simplemente con una felicitación de Navidad, y a partir de entonces seguimos carteándonos durante unos 20 años. Me invitó a las romerías de los mártires de la represión que celebran allí en Brasil, y después de varias invitaciones, mi mujer me regaló por nuestros 25 años de casados el viaje a Brasil. Y por supuesto que el magnífico regalo ha sido el poder adentrarnos en el Mato Grosso para ir a ver a Pedro, y estar conviviendo con él durante 4 o 5 días. Gozando, hablando, rezando con él en la capillita… en fin, conociéndole.
Don Pedro siempre dice que no quiere que le recuerden a él, sino a sus causas. Pero, ¿no es muy difícil deslindar su figura de todo lo que defiende?
Sí, no se puede desligar. Él tiene una trayectoria vital de compromiso con el pueblo de Brasil, y en concreto con la gente de Sao Félix, con los campesinos sin tierra, los indígenas… Con todas las causas del Evangelio, en definitiva, sólo que puestas hoy en esa tierra concreta. Yo creo que es un hombre profético, casi un santo de nuestros días (al menos para muchos), y realmente es impresionante poderle conocer, abrazarle. Pero lo que también digo al principio del libro es que, más que ese hombre perseguido, amenazado de muerte, etc., lo que más me impresionó fue su inmensa humanidad. Es un hombre tierno, cariñoso, cercano, que te recibe con las puertas abiertas. La gente entra constantemente a saludarle, a hacerle consultas… Lo más impresionante es su sencillez. Su casa es un palacio episcopal donde se meten los gatos de la vecina y se encuentran a Pedro lavando su pequeña ropita en la pila. Pocos ejemplos hay de esos.
¿Cómo es la poesía de Pedro Casaldáliga?
Inabarcable. Sé que ahora Benjamín Forcano está intentando recopilar sus obras poéticas completas, pero le está costando porque hay muchísimas. No es una poesía de escuela, de métrica o de forma. Es una poesía profundamente mística, espiritual, pero a la vez completamente encarnada en la realidad. Él cuenta lo que vive desde su propia intimidad, y lo expresa cálidamente. Le sale a borbotones, y de una forma maravillosa.
Se nota que ha ahondado en Antonio Machado y en mucha otra gente, pero a la vez es muy particular. Es una poesía religiosa y comprometida, solidaria y muy clara. Pero hay momentos en que es tan sublime que te deja anonadado y tienes que parar y reflexionar sobre ella.
También hay muchos poemas suyos en los que se nota que ha sentido la muerte cerca. No olvidemos que ha sido amenazado muchas veces. De hecho, cuando le quisieron expulsar de Brasil, el Papa Pablo VI dijo, haciendo un juego de palabras, «el que toca a Pedro, toca a Pablo». Ése fue quizá uno de los motivos importantes por los que la dictadura finalmente no se atrevió a expulsarle de Brasil. Porque Pablo VI le defendió.
¿Te escribió antes de tener que huir de su domicilio?
Sí. Él durante toda su vida ha escrito y mimado a muchas personas y comunidades de todo el mundo. Su palabra está extendida por todo el planeta, y él siempre comunica mucha esperanza. No tiene rencores, a pesar de todos los odios que siente mucha gente hacia él, pero sí que se ha puesto siempre en contra de situaciones de muerte, contra personas o instituciones que hacen daño y están oprimiendo a la gente.
En la última carta que me mandó decía «Que mi palabra sea mi vida«, porque sabe que hasta el final de su vida seguirá estando perseguido, pero que dejará un fermento.
¿Tiene futuro «la Iglesia de Pedro»?
Cuando fue el momento de la sucesión de Pedro allí costó que le sucediera un obispo que siguiera, ya no su línea, sino la línea pastoral de todo su equipo. Pero al final lo lograron hacer, y sé que el obispo seguía viviendo en la misma casa que Pedro, se consultaban, etc. Yo creo que eso puede seguir, que ha calado en Sao Félix y en la Iglesia de Brasil.
¿Y en la Iglesia universal? ¿En Europa, por ejemplo?
Yo creo que esa línea, ese estilo de Iglesia, es el del Evangelio de Jesús. Y personalmente, así intento vivir. Por lo tanto, si el Evangelio de Jesús no tiene futuro, esa Iglesia no tendrá futuro. Como dice Pedro, sus causas son las causas del Reino, de la Buena Noticia, de las Bienaventuranzas. Si vamos por ahí, no tenemos ninguna pérdida. El problema está en que la inmensa mayoría va por otros caminos más rígidos, más estáticos, quizá fuera de los tiempos que estamos viviendo y de las realidades concretas.
Faltan profetas como Pedro, que denuncien la realidad metiéndose dentro de ella, que animen en lugar de poner pegas y problemas por todos lados, y que comuniquen esperanza a la gente.
Ahora en España, con esta crisis, no hemos visto grandes declaraciones en contra de los recortes inhumanos que se están haciendo en la sociedad. Todos esos problemas se quedan en la estratosfera, y la gente siente la lejanía. A nivel macro, no descienden a la realidad. No hablo ahora de casos concretos.
Por eso la línea de la Teología de la Liberación (aunque se esté redefiniendo desde los años 70 y 80), es minoritaria. Antes se centraba más en lo económico, en los pobres y los empobrecidos. Pero la realidad ha cambiado, y si bien la pobreza sigue siendo una realidad hoy ineludible (y por ello seguir tratándola es inevitable y vital), la línea de la Liberación se ha abierto a la mujer, a los indígenas, a los negros en América Latina… A otros mundos de marginación. Si no, pasaría como con los problemas morales que siguen anclados, que no pueden avanzar porque se dan contra un muro.
Así es como Pedro se mantiene en la Iglesia, como dice él, «en rebelde fidelidad».
Así han sido los profetas desde el Antiguo Testamento, pasando por supuesto por Jesús, hasta los últimos grandes santos de estos 20 siglos.
Las causas de Pedro son todas las del Evangelio, sólo que puestas hoy en una tierra concreta
Su casa es un palacio episcopal donde se meten los gatos de la vecina y se encuentran a Pedro lavando su pequeña ropita en la pila




