Unas trescientas personas, doscientas de ellas sentadas, han asistido a la misa, la mayor parte de ellas vecinos del Palacio de las Dueñas, muy próximo a la Iglesia del Valle, o sevillanos anónimos
El arzobispo de Sevilla, Juan José Asenjo, aseguró ayer en la misa de difuntos celebrada por la duquesa de Alba, fallecida en Sevilla el pasado día 20 a los 88 años, que ser «hija de Dios fue el título más grande de una persona que tantos títulos tuvo en vida«.
Asenjo ha destacado en su homilía que Cayetana Fitz-James Stuart «hizo muchas cosas buenas a lo largo de su vida; ayudó a la Iglesia y a los pobres» y que también a reconstruir el templo donde se ha celebrado la misa, la Iglesia del Valle, sede de la Hermandad de los Gitanos, de la que la aristócrata era hermana.
La homilía del arzobispo de Sevilla, quien ha concelebrado la misa con seis sacerdotes, entre ellos el confesor de la duquesa, Ignacio Sánchez-Dalp, y el director espiritual de la Hermandad de Los Gitanos, el carmelita descalzo Juan Dobado, ha sido seguida desde la primera fila por el viudo de la duquesa, Alfonso Díez, y cinco de los seis hijos de la aristócrata, ya que Cayetano aún convalece de la operación a que ha sido sometido por una obstrucción intestinal.
En esta iglesia reposan parte de las cenizas de la duquesa de Alba, por su expreso deseo, desde el pasado día 21, cuando fueron depositadas en una hornacina de una de las naves laterales, bajo un cuadro que representa la resurrección de los muertos y bajo una lápida de mármol blanco que dice:
«Aquí reposan las cenizas de nuestra hermana, doña Cayetana Fitz-James Stuart y de Silva, Duquesa de Alba. Camarera de honor de María Santísima de las Angustias, medalla de oro, y gran benefactora de esta Hermandad de los Gitanos, gracias a cuya contribución y ayuda fue posible la reconstrucción de este Santuario. Estará por siempre en la memoria de nuestra hermandad. 1926-2014″.
Ante la lápida, que hoy permanecía acordonada, sólo había un enorme ramo de rosas con la inscripción: «La prensa rosa de Sevilla no te olvida».
Frente a esta lápida, en la otra nave del templo, están situadas imágenes de San Juan, de sor Ángela de la Cruz y del beato Ceferino Jiménez Moya «el Pelé«, el primer beato gitano, martir durante la Guerra Civil por su devoción al rosario y por su negativa a ocultarse para rezarlo.
La junta de Gobierno de la cofradía de Los Gitanos, una de las más populares de Sevilla y que sale en procesión la «Madrugá» del Viernes Santo, también ha asistido a la misa, acompañando a la familia de la duquesa.
Unas trescientas personas, doscientas de ellas sentadas, han asistido a la misa, la mayor parte de ellas vecinos del Palacio de las Dueñas, muy próximo a la Iglesia del Valle, o sevillanos anónimos, que no se han despedido sin antes ofrecer sus condolencias al viudo y los hijos de la aristócrata, que las han recibido junto al altar presidido por las imágenes de Nuestro Señor de la Salud y la Virgen de las Angustias, titulares de la cofradía de Los Gitanos.
A la devoción de Cayetana de Alba por la Virgen de las Angustias también se ha referido el arzobispo de Sevilla al calificar esta devoción de «filial, tierna y entrañable».
El alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, ha asistido al oficio religioso, junto con otros amigos de la familia, como el periodista Antonio Burgos, la duquesa de Feria y los hijos del torero Pepe Luis Vázquez, de quien la duquesa fue amiga desde muy joven.
El funeral de la duquesa de Alba se celebró en la Catedral de Sevilla, el pasado día 21, oficiado por el cardenal Carlos Amigo, Arzobispo emérito de la ciudad, con la asistencia de la Infanta Elena, el ministro de Defensa, Pedro Morenés; el presidente del Senado, Pío García Escudero.
Por la capilla ardiente, instalada en el Salón Colón del Ayuntamiento de Sevilla, pasaron de miles de sevillanos, por lo que sus hijos y su viudo han mostrado su agradecimiento al pueblo de Sevilla.
(RD/Agencias)





